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Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Catorce procesiones y otros 28 eventos... solamente

Agentes controlan la procesión del Rosario de la Aurora en San José Obrero el 7 de octubre. Agentes controlan la procesión del Rosario de la Aurora en San José Obrero el 7 de octubre.

Agentes controlan la procesión del Rosario de la Aurora en San José Obrero el 7 de octubre. / @emergenciassevilla

Una romería en Valdezorras; catorce actos cofrades, entre traslados, rosarios y salidas procesionales; un rodaje; cinco eventos deportivos; un pasacalles; una fan zone; cinco concentraciones de trabajadores, un desfile... ¿Son muchos o pocos para un puente en Sevilla? Lo único que se puede decir objetivamente es que es una media superada ampliamente otros fines de semana. Sin ir más lejos, el primero de este mes de octubre, en el que coincidieron hasta un total de 77 eventos, lo que ayudó a alterar significativamente el tráfico. 

El debate no es nuevo y se reaviva fácilmente nada más escucharse el primer golpe de tambor o sirenas en las calles. También es verdad que la naturaleza del evento en cuestión influye a la hora de encender más o menos la polémica en una ciudad que, justo es recordarlo, hay demasiada afición a generar controversias. Por lo que sea, aunque a veces se caiga en la contradicción. Muchos sevillanos viven en un continuo ejercicio dialéctico, una práctica que observaba estos últimos días viendo reclamar aires acondicionados en las aulas de sus hijos a padres capaces de liderar manifestaciones contra el uso de estos aparatos porque disparan el calentamiento global... Pero no es éste el tema.

El entendimiento vecinal no es siempre fácil. Y más cuando, por ejemplo, el 35% de los actos de los que tiene constancia este puente el Ayuntamiento de Sevilla son manifestaciones cofrades o religiosas. Hace dos años el porcentaje llegó a ser algunos meses mucho mayor y se dio un toque de atención en la capital sobre la necesidad de que las hermandades se autorregularan y el gobierno municipal fijara unos límites de ocupación de la vía pública que distinguieran entre el derecho al descanso y la libertad a manifestarse.

Y hay más de una razón: la necesidad de garantizar la convivencia en la ciudad de las eternas dualidades y la obligación de contener el gasto público. Los dispositivos de seguridad que acompañan a estos eventos tienen un coste. Y si no es económico, porque no se requiera un dispositivo especial y, por ello, haya que pagar productividades a los agentes desplegados, sí lo es ciudadano, porque obliga a priorizar y centrar la seguridad en esos focos y, en consecuencia, a debilitarla en otros puntos de la ciudad.

Estos días, la clave está en la necesidad de coordinación de los distintos servicios municipales, pues, con excepciones, eventos como los que se concentran este puente festivo no requieren de otros planes importantes. Sin esa regulación, que tiene incluso en cuenta los repartos de propaganda comercial o política, la gestión de la movilidad y el tráfico se hace infernal. Y esto es algo que el ayuntamiento tiene que evitar a toda costa. Es su deber.

Es complicado acertar. Pero muy conveniente abordar con seriedad este asunto, que, por otra parte, demuestra la enorme capacidad y poder de organización que tiene la ciudad a la hora de ocupar la vía pública sin ocasionar graves problemas. Aunque siempre haya quien se queje, la bulla, por ejemplo, es un exponente de ese arte. Y Sevilla, sin sus procesiones y vida en la calle, no sería Sevilla, una ciudad de excesos nos guste o no.

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