LA TRIBUNA ECONÓMICA

Joaquín Aurioles

El regreso a los controles

LOS controles vuelven a ser herramientas aceptables para evitar las tensiones del exterior. Tras la euforia globalizadora de los 90, el FMI considera ahora la posibilidad de que el desmantelamiento de los controles de capital, reiteradamente recomendado por el propio Fondo a lo largo de los últimos 20 años, haya sido una decisión imprudente en algunos acasos. Los países emergentes, los más endeudados y, sobre todo, los que tienen sistemas financieros más vulnerables se enfrentan a la amenaza de ataques especulativos, a veces sin otro fundamento que el de la formación de expectativas basadas en cadenas de rumores. La licencia del FMI persigue limitar el tremendo potencial desestabilizador de los movimientos internacionales de capital, aunque para ello también recomienda dejar que la moneda se revalúe convenientemente y una mezcla de política monetaria expansiva y fiscal contractiva que desincentive los movimientos a corto plazo. En definitiva, una especie de retorno a lo hace unos años se tildaban de prácticas proteccionistas, que también tiene su vertiente particular en el caso de los movimientos de población.

La Unión Europea ha decidido aceptar la propuesta franco-italiana de ampliar los supuestos de salvaguardia en la aplicación de Schengen y permitir controles fronterizos interiores en casos de fallos puntuales en el funcionamiento de las fronteras exteriores o de momentos de particular tensión, como los actuales al sur de Italia. Se trata de uno de los temas que periódicamente elevan la tensión de la convivencia en Europa, pero que lejos de buscar solución en el establecimiento de una política común en materia de asilo e inmigración, se pretende resolver con una nueva fisura en el proyecto de espacio común europeo. La flexibilidad de los marcos laborales y la movilidad del factor trabajo son condiciones fundamentales para el correcto funcionamiento del mercado interior y de la zona monetaria común.

Para que la convivencia sin barreras al comercio y al capital sea soportable a largo plazo, se necesita una aproximación real en los niveles de salarios y productividad, para lo cual resulta imprescindible una elevada movilidad de la mano de obra. También es importante para hacer frente a coyunturas adversas para el empleo, como la actual en España o la de los años 60. En aquella ocasión, y en ausencia de los mecanismos de asistencia social que existen actualmente, la emigración funcionó como válvula de escape al problema del desempleo. Ahora estamos ante un problema similar y con las mismas barreras idiomáticas y culturales, aunque con políticas sociales que antes no existían y que explican que la predisposición a emigrar sea considerablemente inferior, aunque aumente el número de jóvenes a dispuestos a encontrar salidas laborales en el exterior. La vuelta de los controles puntuales en frontera no va a impedir la movilidad laboral dentro de la Unión, pero sí que es una nueva manifestación de las preferencias de los intereses nacionales sobre las comunitarias por parte de los algunos de los principales líderes europeos y de la influencia de la ultraderecha en algunos gobiernos.

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