Una respuesta a la cancelación

Fernando Bonete nos anima a cambiar el "estamos perdidos" por un "estamos a tiempo"

Ante nosotros crece día a día la flor negra de la cancelación. La introducción del libro que Fernando Bonete ha dedicado a la extraña forma de "cultura" consistente en crear un clima irrespirable para la cultura y sus expresiones, recoge un conjunto de episodios de censura y persecución en Occidente que hace sólo unos años hubieran parecido arrancados de una distopía. Los hechos que extracta proceden de lugares tan diversos como los Estados Unidos, Holanda, Francia, Gran Bretaña o, por supuesto, España y se refieren a quemas públicas de libros, vetos a personalidades por declaraciones consideradas ofensivas e intolerables, marginación de profesionales por su condición racial -blanca- y sexual -masculina- o manifestaciones en contra de la celebración de conferencias o encuentros que acaban siendo suspendidos… Un elenco de hechos ante los que hemos ido endureciendo la piel y que ya forman parte de lo previsible en cualquier parte de este hemisferio entregado al mayor cambio de paradigma desde hace trescientos años: el que hace de la tolerancia no un horizonte siempre deseable, por más lejano que se encuentre, sino un trampantojo, una forma edulcorada de la opresión, de la marginación y de la violencia. Algo ante lo que no cabe la transigencia, una máscara que debe ser arrancada del rostro de una sociedad que ya ha sido acusada, juzgada y condenada.

Cultura de la cancelación (Ciudadela) no se limita, sin embargo, a hacer la descripción que lleva implícita un diagnóstico del estado moral y político -en el mundo que se prepara ese deslinde no existe- en que nos encontramos y de los métodos que nos llevan a una dictadura cada vez más visible. Intenta, ante todo, un alegato en favor de la verdad y, por tanto, de la ciencia que no puede dejar de buscarla, del encuentro basado en el intercambio de puntos de vista por opuestos que parezcan, de la libertad de expresión, primera gran víctima de la cancelación; pensar, hablar, preguntar, cultivar el valor de discrepar sabiendo distinguir el respeto de la claudicación: "sólo hay una moderación posible: la educación y el respeto en las forma de dirigirse a los demás. No se puede exigir la moderación en el contenido, en tanto que esta demanda encubre la imposición de que los demás renuncien a defender sus principios". Fernando Bonete renuncia a todo catastrofismo, al pesimismo de tantos que desertan ante el combate necesario: debemos cambiar el "estamos perdidos" por un "estamos a tiempo".

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