¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Julio Iglesias y la motosierra
Ya escribí que estos días Sevilla suena Albéniz, a Granados, a Falla y a Turina. También -ahora sí- a marchas de Semana Santa. Y, por supuesto, al deliciosamente italianizante, operístico y gatopardesco Miserere de Eslava que de antiguo, cuando se interpretaba en la Catedral hasta que Segura lo prohibió, cantaban las grandes voces que habían acudido a Sevilla para la inauguración de la temporada de ópera en el San Fernando el Sábado de Gloria.
Si quieren darle a su Cuaresma un aire de Semana Santa bordada por las Antúnez, las Zuloaga o Teresa del Castillo y pintada por Domínguez Bécquer, Pérez Villaamil o Cabral Bejarano, escuchen la versión que dirigió el maestro Torres, interpretó Pedro Checsan con la Coral Polifónica de la Catedral y grabó en disco de pizarra La Voz de su Amo entre el 2 y el 4 de abril de 1928 en el Teatro San Fernando. Se editó muchos años después en LP y hoy lo pueden oír en Spotify. El viejo sonido del disco de pizarra le da encanto; la voz de Pedro Checsan, fuerza desgarrada y llena de patetismo que evoca a los antiguos sochantres; y la dirección del maestro Torres, una calidad extraordinaria.
¡Cuánto le debe Sevilla al maestro Torres! ¡Y qué olvidado lo tiene! Este gran músico, maestro de capilla de la Catedral hasta su fallecimiento en 1934, es una figura clave en la edad de plata de la cultura sevillana. Lo mismo componía música para la Catedral que zarzuelas de títulos tan invitantes como La niña de las saetas o El puente de Triana. En plena eclosión del nacionalismo musical fue amigo y colaborador de Turina y de Falla e incansable animador de la vida musical sevillana como miembro del Ateneo o la Sociedad Económica de Amigos del País.
Falla le confió la presentación de la Orquesta Bética de Cámara y la preparación del estreno mundial de El retablo de Maese Pedro en el teatro San Fernando el 23 de marzo de 1923. Lo hizo con tanto esmero que Falla le pidió que Francisco Redondo, el niño seise que por iniciativa de Torres interpretó la parte del Trujamán, la cantara en su estreno en París. Desgraciadamente no hubo medios para que pudiera viajar allí, con gran disgusto del chico y de Falla quien desde París escribió a Torres: "Hoy tengo ensayo. El chico marchará bien, pero no tanto como el de Sevilla. Siento la decepción de este al ver que no viene a París, pero espero hacerle cantar en otras representaciones". No es poco elogio.
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