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Un teclado siempre frío

EL director adjunto de Marca España protagonizó hace unos días una grave metedura de pata en Twitter que, merecidamente, le ha costado el puesto. Englobar en un insulto a todos los catalanes es un error y una injusticia en unos momentos tan delicados. Y ese error se agranda con la agresividad que latía en esta reacción cuando por su posición política el directivo debía actuar con un papel contrario, de moderación, de templanza.

En las redes sociales se disparan de momento las vehemencias. Tenemos tan a mano unas teclas que nos conectan con el resto del mundo que en un instante podemos transmitir lo que sentimos, lo que palpamos, con una inmediatez que es valiosa pero que también es un riesgo que hay que calcular.

Hasta ahora, en nuestros antiguos "tiempos analógicos", había que contar hasta cien antes de dar una mala respuesta a alguien. Pues esa misma actitud en el contacto directo también hay que asumirla en el contacto virtual. Y de manera más práctica, antes de contar hasta cien, cuando los diablos desmandan a nuestros dedos por las teclas, lo mejor es mantener la calma, alejarse de la pantalla y, en todo caso, evitar una reacción, una respuesta, en caliente. La tensión, con toda seguridad, nos hace escribir cosas que en momentos más calmados no diríamos o al menos contaríamos de una manera más razonable.

Hay que vivir con cierta pasión nuestros comentarios en las redes, que hagan interesante lo que podamos contar a todo el planeta a través de conductos tan inmediatos como los blogs o nuestros territorios tuiteros, pero nunca es recomendable una salida de tono y aún menos una alusión personal hiriente en público.

Hay que escribir con el teclado en frío. Siempre. Con la mente despejada para encontrar la expresión que deseamos y dar nuestra opinión con claridad pero sin ponzoña. La inmediatez es un valor, pero la ira no puede descargarse directamente sobre el móvil.

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