Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Un mundo nuevo (y terrorífico)
Es una de nuestras búsquedas favoritas en el Google. Aunque, desde mi abuela (que tenía un gabinete meteorológico en una rodilla, en la que –juraba– se le metían los nublos) en adelante, he sabido de la atención general por la atmósfera, sostengo que el interés por los elementos en esta ciudad resulta casi entusiasta. Será que se nos ha metido el suspense en el cuerpo de escuchar los partes en las semanas santas de aguacero… Estoy con José Hierro cuando sugiere (“Tiritaban bajo ropas / delgadas, telas tejidas / para cantar y morir / siempre al sol”) que nos es propio estar arrecidos: “Tan solo un inmenso frío / daba fe de ellos”. Nos lo confirman las alemanas, finlandesas, los burgaleses, cuando confiesan: “En la vida he pasado más frío que cuando viví en Sevilla”.
Pero no es de eso, no solo, de lo que vengo a escribirles, sino del otro tiempo de Sevilla, más regido por el milagrero San Kairós que por el mártir de San Cronos. No han retirado aún las bombillas de Navidad cuando ya escuchamos noticias sobre las de la Feria. Geniales chistes labrados con IA, como ese en el que Humphrey Bogart vestido de corto se despide de Ingrid Bergman ataviada de mantilla en la secuencia final de Casablanca, dan cuenta de que el tiempo aquí es inusualmente redondito para tratarse de una ciudad. Por lo general, las urbes y los urbanitas, desprendidos de cosechas, lunas y mareas, y alumbrados por luz artificiosa, tienden al tiempo lineal y progresivamente acelerado. Esta cosa tan peculiar del tiempo cíclico sevillano, marcado por la primavera y sus rituales, tiene sus riesgos en esta época donde todo reverbera: o exaspera o acartona. En reuniones con exasperados –hombres y mujeres de acción, teólogos del pragmatismo que han olvidado que hay más tiempo que el que marca su reloj– protestan porque para ellos el transcurrir de Sevilla es demasiado lento por avanzar sin olvidar sus ciclos. Ítem, en conversaciones con quietistas, hallamos cierta cerrazón. Entre lo uno y lo otro, el tiempo y el tempo de este lugar pueden ofrecernos grandes ventajas, zonas de resistencia. Así y aquí, lo que leemos al filósofo de moda Byung-Chul Han no nos suena novedoso; lo tenemos cavilado. No es casual que la manera en que en el Mediodía pasa la vida despierte fuera un interés (por desventura exótico). A pesar de la prisa y la usura, la Sevilla diaria sigue teniendo algo de eterna, y todas sus posibles viceversas.
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