El tiempo sobrevalorado

11 de agosto 2015 - 01:00

NO podemos ser camarones, como dice el refrán. Es fácil dejarse llevar por los acontecimientos, pero no puede ser la tendencia de nuestra actitud. Nuestra vida es un barco con timón para asumirlo con responsabilidad e ilusión, esas palabras tan manoseadas por los políticos (cuando no se sabe qué hacer realmente se echa mano de la palabra "ilusión"). El martes pasado hablábamos por aquí de la modorra y la resignación, lo que ahora se tilda como zona de confort, una estabilidad concebida a largo plazo que no puede ser justificación para no implicarnos y mejorar el futuro que tenemos por delante.El futuro es tiempo por vivir, esperanzas para convertir en realidad. Y para que exista ese futuro hay que trabajar y cuidar el presente, aunque todo esto suene a perogrullo. El tiempo, efectivamente, todos ya nos hemos dado cuenta, va muy deprisa, muy deprisa, y con esa velocidad endiablada al final parece que el futuro, como pensábamos, nunca termina por llegar. Nos rebasarán los años, las arrugas e incluso nos alcanzarán todas las decepciones si no trabajamos en dirección a ese futuro que deseamos. El futuro existe cuando realmente creemos en él y aprovechamos el tiempo que tenemos en nuestras manos. Cumplir los objetivos no depende totalmente de nosotros, pero casi. Todo es cuestión de dedicación, algo de fe, algo de contexto y una mijilla de suerte.

Está sobrevalorada la falta de tiempo. Una falta de tiempo de la que todo el mundo se queja. Si observamos con detenimiento hay horas de sobra y ratos perdidos, lo que suele ocurrir es falta de planificación o de concentración, de dedicar más tiempo de la cuenta a cosas y personas que no merecen la pena. Echemos un vistazo a nuestros horarios para saber qué tiempo podemos ganar. Y ganarlo para aprovecharlo: producir, dedicarlo a causas que merezcan la pena y arañar momentos de descanso y familia. Que el futuro se presente sabiendo que lo esperábamos.

stats