La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La lluvia que limpia, fija y da esplendor en Sevilla
Tras el hundimiento del PSOE, el futuro de Extremadura pasa por las negociaciones entre el PP y Vox. Los populares no olvidan los errores del pasado y pensando en las próximas citas electorales recalcan ya sin ambages que la sociedad apuesta por las “políticas de derechas”. De repente han dejado de ver a Vox tan ultra y tan radical. Atrás quedan los golpes de pecho y la sobreactuación de los guardianes de la equidistancia. Ni en el impensable caso de que los socialistas le brindaran mañana una abstención para no depender de los de Abascal -como ha propuesto el ex presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra- los de Feijóo aceptarían, porque cualquier entendimiento con Sánchez les penalizaría.
Hoy por hoy asumen que Vox ya no es ese partido marginal al que se podía despreciar y no ignoran su capacidad para atraer el voto de los indignados. Empiezan a verlo como una sensibilidad en los límites del propio PP. Y destacan que tampoco es posible que de repente haya tantísimos fascistas peligrosos en nuestro país, como intentan hacer ver los socialistas. Incluso Juanma Moreno, que aspira a mantener su mayoría absoluta, mide mucho más sus palabras. Situado en el epicentro de la moderación, basculará si no le queda otra. En 2018 ya contó con Vox para gobernar y repetiría la operación si hiciera falta, por más que trate de marcar distancias.
Que la izquierda critique estos acuerdos es de manual, pero que el PP exprese dudas ofrecería munición extra al PSOE y la consigna es sencilla: se acabaron los complejos que regalaron el Gobierno a Sánchez en 2023. Los guiños para reconstruir los puentes no han hecho más que empezar. Pero Vox se hace de rogar con desdén y cajas destempladas, porque se sabe imprescindible. Los populares han rebajado el tono, echan agua fría ante las acometidas de sus socios preferentes y se abren a hablar de todo. Vox replica con su programa: hay que rebajar el gasto superfluo, suprimir las ayudas a la cooperación internacional, ideología de género, sindicatos y patronal, eliminar la ecotasa... El PP se abre a negociar pero le aprieta para que participe en el Gobierno extremeño a fin de someterlo al desgaste del poder. Lo que ignora son las intenciones de Abascal, temeroso de acabar como los líderes de Podemos y Cs. Está por ver si aceptará ser la muleta de los populares para compartir su suerte en el ruedo formando parte de su cuadrilla o si se queda en la barrera poniendo precio a sus apoyos en función del viento que sople. Ahora que el PP le corteja sin disimulo, se hace el interesante.
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