Me ha impulsado a escribir este artículo que en los últimos tiempos he estado escuchando cómo la sociedad, o parte de ella, emplea las palabras maestro y profesor como sinónimos, y en cierto modo no lo son. Por el contrario, existe una pequeña diferencia entre ambos términos o vocablos. No es que uno esté por encima del otro, ya que tanto maestro como profesor juegan y siempre han tenido un papel fundamental en la Educación, sobre todo en el caso de los niños. Se trata de distintos conceptos.

El profesor es la persona que expone un tema ante alumnos enmarcados dentro de una institución educativa de Secundaria, Bachillerato y/o Formación profesional acorde a un determinado plan de estudios, y es docente de una materia específica y de la que se supone que es experto y para la que necesita una titulación: idiomas, lengua y literatura, historia, latín, etcétera, además de encontrarse con un alumnado ya formado en estos aspectos más independientes y en ciertos casos con gran disposición a no hacer caso al profesor, muy común en los últimos años.

En cambio, el maestro es el encargado de enseñar a niños de Infantil y Primaria, no se especializa en ninguna materia en concreto y debido a las edades del alumnado debe ser capaz de transmitirle unos valores, unos principios, es decir, una visión del conjunto del saber. Con esto no quiero decir que los profesores tengan menos vocación que los maestros. Ambos tienen sus ventajas y desventajas y considerar que el profesor está por encima del maestro es un error, ya que las misiones de ambos son complementarias y a cada uno, desde su campo de acción, los considero esenciales para la formación completa de los jóvenes estudiantes, de los pequeños y de los niños. Y a ambos se les llama docentes. 

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