Ahora que los docentes andaluces hemos salido a la calle, una vez más, para luchar por nuestra situación laboral y para defender la escuela pública, esa escuela que acoge, enseña y educa a todo tipo de alumnado, conviene recordar a algún desinformado lector la labor que realizamos durante todo el año, y digo año porque el curso no dura sólo nueve meses, sino que dura, prácticamente, todo un año, pues de esos dos meses de vacaciones que van del 1 de julio al 31 de agosto gran parte de sus días los pasamos preparando y actualizando material para las clases.

El resto de las vacaciones, Semana Santa, Navidad y días varios, también seguimos preparando clases, y los días laborables echamos más de ocho horas trabajando, porque hay que corregir, rellenar informes, hacer adaptaciones para que todos puedan progresar a su ritmo y si eres tutor sacar tiempo de donde no hay para atender a las familias, a los alumnos y para desarrollar las horas de tutoría en el aula. Y todo esto, teniendo en cuenta que nuestro sueldo es menor que el de otros funcionarios del mismo grupo; que cuando empiezas a trabajar de interino vives una odisea, similar a la de Ulises, en la que tienes que alejarte de casa un buen número de kilómetros, alquilar lo primero que pillas en un sitio totalmente desconocido, esperar a que te paguen con un mes de retraso, después del desembolso que todo eso conlleva, y vivir con la incertidumbre que supone no saber si ese mismo día que llegas al centro se ha incorporado o no el docente al que vas a sustituir.

Además, que no se crea este lector que para llegar a dar clase nos ha servido con el título que obtenemos al acabar la carrera, pues hemos tenido que pasar otra carrera de obstáculos, llena de másteres, cursos de formación y oposiciones, que nos ha costado un buen dinero y parte de nuestra salud. Pero, ante todo, lo que le debe quedar claro a este lector es que los docentes estamos muy interesados en la enseñanza, porque trabajamos por vocación, por convicción y porque queremos que las generaciones futuras estén cada vez más formadas y sean más competentes, aunque nos cueste echar horas, fuera de nuestro trabajo y de nuestro horario laboral, que no vamos a cobrar ni en sueños. 

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