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El difícil regreso a la normalidad en la Atención Primaria

Es positivo que se regrese a la presencialidad y que se aprenda de la experiencia de teleasistencia adquirida, pero es evidente que hacen falta más recursos

Uno de los efectos negativos de la pandemia ha sido la pérdida de la presencialidad en las consultas médicas de Atención Primaria, esas que se realizan en los ambulatorios y que son la piedra angular de todo sistema sanitario que se precie. De hecho, la tendencia en la gestión sanitaria moderna es dotar de los máximos recursos posibles a la medicina ambulatoria para evitar las largas colas en las urgencias de los hospitales, que muchas veces se convierten en auténticos cuellos de botella debido a cuestiones muy menores que podrían haber tenido fácil solución en la Atención Primaria. Desde ayer, los ambulatorios andaluces han empezado a retomar su normalidad en el llamado Plan Estratégico de la Atención Primaria, en el que la presencialidad, cuando sea necesaria, es fundamental. Pero no hay que dejar caer en saco roto muchas de las enseñanzas adquiridas durante la pandemia, entre ellas las de la teleasistencia. Es cierto que la presencialidad, en muchos de los casos, es fundamental para realizar un buen diagnóstico. Sin embargo, hay muchas cuestiones menores que se podrían solventar con una llamada o un correo electrónico, como por ejemplo la renovación de bajas o de recetas para los enfermos crónicos. Por tanto, sí a la presencialidad cuando sea necesaria, pero también aprovechamiento de las nuevas tecnologías y de la filosofía del teletrabajo para evitar saturar los ambulatorios. Pero no estamos sólo ante una cuestión de presencialidad sí o no. Es evidente que la sanidad andaluza, uno de los pilares fundamentales del bienestar, necesita más recursos para que desempeñe con eficacia sus funciones. Según denuncian los sindicatos sanitarios, actualmente un médico de familia debe atender entre 60 y 70 pacientes diarios (más urgencias y asistencias sanitarias), mientras que la recomendación de la Organización Mundial de la Salud es que esa cifra no debe exceder los 20 pacientes. Parece claro que con esa saturación de trabajo los médicos no pueden cumplir bien su trabajo. Hacen falta más recursos y, por tanto, mejor financiación de nuestra autonomía.

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