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Tribuna

Fernando castillo

Escritor

Guillermo de Torre, piloto de lo nuevo

Hoy apenas nadie recuerda al autor de 'Literaturas europeas de vanguardia', la biblia de los inquietos, o de esa joya de la edición que es 'Hélices'

Guillermo de Torre, piloto de lo nuevo Guillermo de Torre, piloto de lo nuevo

Guillermo de Torre, piloto de lo nuevo

Un siglo después de la eclosión ultraísta y de los días en los que Guillermo de Torre tenía una actividad diríamos que maquinista, como el mundo de la modernidad que admiraba, sorprende la espesura que ha caído sobre su figura. Hoy apenas nadie recuerda al autor de Literaturas europeas de vanguardia, la biblia de los inquietos, o de esa joya de la edición que es Hélices, un poeta y crítico de referencia de los años de la Edad de Plata y un modelo de agitador cultural también entregado a las artes plásticas. Y es que Guillermo de Torre junto con otros postergados, como Gómez de la Serna, Cansinos Assens y Giménez Caballero, fue uno de los que pilotó el avión que, antes de 1936, llevaba a la literatura y el arte hispanos a las tierras de lo Nuevo. El despegue lo realizó decidido y al impulso de vientos ultraístas, llevando las brújulas de Vicente Huidobro y Robert Delaunay como guías. El vuelo, con la bodega repleta de manifiestos y revistas como Alfar, Cosmópolis, Reflector o La Gaceta Literaria, sin olvidar la lionesa y avanzada Manomètre o la parisina Nord-Sud, le llevó incluso a planear por las nubes Dadá.

Su proyección internacional fue bifronte al extenderse por Ambos Mundos, y desplegar unas relaciones estrechas con el citado Huidobro, César Vallejo, los Delaunay, Pierre Reverdy o Tristan Tzara, por citar algunos de los más modernos, pero también con Valery Larbaud, Alfonso Reyes o Victoria Ocampo. Estuvo muy próximo a los hermanos Borges -Norah y Jorge Luis-, a quienes conoció con ocasión de su estancia en España, y a los que sumó al movimiento Ultra y a sus proyectos. Y es que ya es hora de decir que Guillermo de Torre se convirtió en cuñado de Borges, con quien nunca congenió -"él está sordo y yo estoy ciego", diría el autor de Ficciones años después-, al casarse con su hermana Norah, interesante pintora y extraordinaria grabadora, especialmente en el uso de la madera y el linóleo, que, junto con Barradas, fue la imagen del ultraísmo. La boda fue en 1927, en Buenos Aires, donde vivieron hasta 1932 en que regresaron a un Madrid ya enturbiado con la agitación política, del que saldrían como tantos otros en el mismo 1936 ante la magnitud de un incendio al que ahora tanto gusta acercarse a muchos. Tras una breve estancia parisina como funcionario de la República, se instaló en Buenos Aires donde participó en lo más escogido de los proyectos culturales, desde la revista ocampiana Sur a la editorial Losada. Allí, no sin haber vuelto a España en varias ocasiones, murió en 1971 quien había nacido con el siglo.

De la vida y obras de Guillermo de Torre nos habló Juan Manuel Bonet en su Diccionario de las vanguardias, y ahora es el propio escritor quien nos da pistas gracias a unas memorias editadas por Renacimiento, que deben su existencia al magnífico trabajo de Pablo Rojas, quien además de haber realizado una imprescindible introducción que acerca al personaje, ha convertido unos papeles dispersos, un proyecto de libro, en una realidad y en un volumen coherente y organizado que ha dado como resultado Tan pronto ayer. Un libro que, con la personal prosa de su autor, es esencial para entender los años veinte y treinta en la literatura y el arte hispánicos, pues son inacabables las pistas y sugerencias del mundo cultural de los dos continentes. Gracias a este libro inesperado y al testimonio de uno de sus protagonistas entonces más activos, sabemos más de la vida cultural hispanoamericana. La lista de sus amistades son las de los principales nombres de un manual de literatura y arte del siglo XX, pues por sus páginas asoman -con cercanía variable- escritores y artistas de las dos orillas, desde Federico García Lorca a Juan Ramón Jiménez, pasando por Vicente Huidobro, César Vallejo o Juan Larrea, y artistas de la importancia y cercanía de Rafael Barradas, Juan Gris, Robert Delaunay, Joan Miró, Ángel Ferrant o Salvador Dalí. Pero además de semblanzas, lo que hay en Tan pronto ayer es información acerca de proyectos y episodios, como también hay opiniones acerca de asuntos que sitúan al escritor y a los personajes. Aunque hay poco texto íntimo, poca prosa memorialística, sí hay en cambio algo de literatura viajera, pues, a modo de los Epigramas Americanos de Enrique Diez-Canedo, de Torre nos deja sus impresiones en prosa acerca de un rosario de ciudades del Nuevo Mundo que son como fogonazos iluminadores, precisos y originales. Unas notas que también dedica a su Madrid natal, recuperado en la posguerra, y a un París que fue meta de sus viajes iniciáticos. Libro nuevo de quien no se esperaba más obra, lo que demuestra que el buceo en archivos y el trabajo bien hecho, como el de Pablo Rojas, dan resultado. Esperemos que Tan pronto ayer, una iniciativa de la editorial Renacimiento, sirva para rescatar a Guillermo de Torre del fondo de los anaqueles más empolvados y telarañosos de la literatura.

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