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Tribuna

alejandro sánchez moreno / Docente e historiador. Ex dirigente del PCE en Sevilla

Sobre la lucha de Ignacio Sánchez, “el Indio” de Astilleros

El autor del artículo reflexiona sobre la figura del histórico dirigente de Comisiones Obreras, fallecido recientemente y al que califica como una leyenda del movimiento obrero andaluz Muere el histórico dirigente de Astillero Ignacio Sánchez, el Indio

Manifestación de trabajadores de Hytasa, CASA y Astillero de Sevilla por el mantenimiento de sus puestos de trabajo. Sevilla, octubre de 1984.

Manifestación de trabajadores de Hytasa, CASA y Astillero de Sevilla por el mantenimiento de sus puestos de trabajo. Sevilla, octubre de 1984. / María del carmen escobar (maca) / Archivo histórico de CCOO.

Hace unos días que supimos del fallecimiento del histórico sindicalista, Ignacio Sánchez, el dirigente astillero al que en Sevilla todos conocíamos como “el Indio”. Ignacio se había ido en silencio, y casi de manera inesperada, dejando entre sus familiares y amigos un gran desconsuelo, cargado también de una nostalgia terrible que nos hizo ser conscientes de que la muerte del Indio nos alejaba todavía más de una época de lucha que parece ya olvidada. Y es que Ignacio no era una persona cualquiera, y no fue sólo un padre, esposo, hermano, abuelo o amigo del que cabría llorar su muerte.

Porque el Indio había sido todo eso y aún más, pues en vida llegaría a convertirse en una leyenda del movimiento obrero andaluz, como cabeza visible de una historia de lucha que sin duda era colectiva, pero en la que algunos hombres y mujeres se destacaron tanto que sus nombres han quedado escritos de manera indeleble en la memoria de amigos y enemigos de su causa. Porque el Indio era Astilleros, y eso en Sevilla durante muchos años fue sinónimo de orgullo de clase. Ya que ser un astillero implicaba tener prohibido rendirse ante lo que nos decían que era inevitable, y eso obligaba a levantar siempre la cabeza, bien alta, por saberse un orgulloso guardián de esa industria que hoy prácticamente ha desaparecido en nuestra tierra.

El Indio era un referente en ese mundo. Curtido en mil batallas políticas y sindicales, desde muy joven se afilió a las entonces ilegales Comisiones Obreras y al Partido Comunista de España para trabajar en la dignificación de las condiciones de vida de su clase, enfrentándose para ello a una dictadura que se convirtió en su primera escuela de lucha. A finales de los años sesenta, trabajando en Hytasa, Ignacio ya fue detenido y llevado a la comisaría de la Gavidia, donde sería torturado durante días por haber participado en las protestas por un convenio justo. De allí salió con una lesión cervical y la carta de despido en la mano, pero eso no lo amedrentó, y a pesar de sus antecedentes, logró entrar de aprendiz en los Astilleros, en una empresa que era entonces un hervidero de conciencia sindical.

Ignacio Sánchez, el Indio de Astilleros. Ignacio Sánchez, el Indio de Astilleros.

Ignacio Sánchez, el Indio de Astilleros. / Archivo histórico de CCOO de Sevilla.

Con la llegada de la democracia, Ignacio fue elegido secretario de la Federación Andaluza del Metal de CCOO, y en los años siguientes su figura traspasó el mundo de los despachos del sindicato para convertirse en un símbolo de la lucha por mantener la industria frente a las políticas de la reconversión. Sevilla se convirtió en una barricada que el Indio y muchos otros compañeros levantaron en un grito desesperado porque el trabajo de calidad no desapareciese. Y si había que cortar el puente del V Centenario, se cortaba.

Las detenciones y los duros enfrentamientos con la policía no les asustaban, pues lo que estaba en juego dolía mucho más que cualquier golpe o pelotazo de goma (o incluso tuercas) que pudieran lanzarles los antidisturbios. Porque ellos tenían razón y lo sabían, como también lo sabían los sevillanos, que a pesar de sufrir no pocas veces estos conflictos, apoyaban mayoritariamente la lucha de los astilleros al comprender que su futuro era el de todos. Cuando en 1995 se anunció el cierre definitivo, los trabajadores se negaron a reconocer la derrota y mantuvieron viva la fábrica durante una década más.

Finalmente en 2005, con Ignacio y la mayoría de los viejos sindicalistas ya fuera de la empresa, la Junta de Andalucía dio por liquidada la experiencia, justo en el momento en que los Astilleros volvían a tener carga de trabajo y la fábrica volvía a ser viable. Un parlamentario muy cercano al Gobierno andaluz de entonces, nos reconoció sin sonrojo que nada se podía hacer, pues en el PSOE ya habían decidido que no iban a salvar al Astillero como venganza a los años de una lucha que siempre les salpicó.

Para mí el Indio representaba lo mejor de esa generación de personas valientes que con su insumisión hicieron posible un mundo mejor que hoy parece desmoronarse. Personas como Carmelo Acuña, el dirigente jornalero que ya jubilado todavía hacía temblar a los capataces en las huelgas del campo en La Rinconada, o como Juan José Fernández, que fue elegido alcalde por mayoría absoluta en Aznalcóllar tras dejarse la salud por recolocar a los mineros de Boliden.

Personas que lo dieron todo sin esperar nada a cambio, y que cada vez son más extrañas en esta época ridícula en la que los dirigentes obreros han sido sustituidos por charlatanes que se apuntan a cualquier moda surgida de las universidades americanas que son ahora las que marcan qué es la izquierda.

Personas en peligro de extinción que sin embargo son ahora más necesarios que nunca para no seguir retrocediendo en unos derechos que se consiguieron en una difícil tarea en la que muchos se dejaron la vida. Personas que, como Ignacio Sánchez, nunca se rindieron mientras tuvieron aliento en la batalla por la dignidad obrera.

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