medallas de la provincia Alfonso Guerra volvió a la calle Rastro donde fue "un niño soñador"

  • Nombrado Hijo Predilecto en un Día de la Provincia marcado por el reconocimiento a las causas solidarias

  • Ana Rosa Quintana, Hija Adoptiva, sevillana consorte y ya con suerte

Foto de familia del acto institucional del Día de la Provincia. Foto de familia del acto institucional del Día de la Provincia.

Foto de familia del acto institucional del Día de la Provincia. / Rafael Beltrán de Torres

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Como no premiaron a ningún poeta, citaron por triplicado a Antonio Machado. Lo hizo Fernando Rodríguez Villalobos, presidente de la Diputación, en el discurso institucional. Lo hizo Alfonso Guerra, que dirigió una librería con el nombre del poeta que le llevó hasta Pablo Iglesias. Y Susana Díaz, presidenta de la Junta. "Mi infancia son recuerdos de un barrio de Sevilla".

"Viva la calle Rastro, Alfonso", gritó alguien desde el público al término de la intervención del nuevo Hijo Predilecto de la Provincia. La misma circunscripción salida del mapa de Javier de Burgos que durante once elecciones consecutivas lo llevó al hemiciclo del Congreso de los Diputados. Porque Guerra, como cuenta en sus memorias de título cernudiano, Cuando el tiempo nos alcanza, creció a cincuenta metros de la sede de la Diputación, allí cultivó "el paraíso de la imaginación de un niño soñador". Sintió el orgullo de compartir la distinción que recibieron Ramón Carande y Plácido Fernández-Viagas.

Sevilla huele a pueblo. El legado de Benito Moreno flotaba sobre el patio de la Diputación. El espacio del cine de verano, pero sin ambigú y con la pantalla del revés. El ansia de amor, la búsqueda de conocimiento y la piedad por el sufrimiento de la humanidad. Son los tres pilares en Alfonso Guerra. Un trípode que ve bien repartido en las virtudes de todos los premiados. "Cuando Alfonso entró en el Gobierno, Ana Rosa (Quintana) presentaba los telediarios", señaló Susana Díaz en referencia a la hija adoptiva. La periodista, madrileña de cuna, es sevillana consorte y desde ayer sevillana con suerte. Se casó con un sevillano en Bollullos de la Mitación, bautizó a sus hijos en Santa Ana y son hermanos del Cachorro. "Siempre he mirado al Sur y ahora pertenezco al Sur". Madrileña, sevillana, española. "Me ha dicho Alfonso que me deje de supremacismo", decía al referirse a los que pretenden fracturar el país, "que hable directamente de racismo y de nazismo".

En el patio de la Diputación se mezclaron las ideas de Lelio Basso y Norberto Bobbio, los faros intelectuales de Alfonso Guerra, con las letras de las sevillanas de Los Romeros de la Puebla. "Han alegrado el corazón de miles de sevillanos", diría Guerra. Y Alcer-Giralda, representada por Pablo Beca, mejora la calidad de vida de miles de enfermos renales. De la misma forma que Cabimer, premiada en su director Andrés Aguilera, combate el cáncer, la diabetes o enfermedades degenerativas con la Biología Molecular y la Medicina Regenerativa.

El pintor Ricardo Suárez se acordó de su maestro Miguel Pérez Aguilera. Debía sentirse Murillo, sentado entre una santa y un cura. A la doctora Ana María Álvarez Silván la llamó hada Alfonso Guerra y ángel de la guarda Susana Díaz. Ha ayudado a salir del pozo del cáncer a unos ochocientos niños. Entre el público, María Luisa Guardiola, que con ella forma un tándem tan invencible como el que en plena transición formaron Guerra y Abril Martorell, a quien nombró con emoción el Hijo Predilecto. El cura es Enrique Priego, párroco de Pedrera, orgullo de su arzobispo Juan José Asenjo. Se curtió con Diamantino en la Sierra Sur, y eso debe ser tan difícil como arbitrar cuatro partidos en un Mundial de Fútbol, lo que le pasó en Alemania 2006 a Luis Medina Cantalejo, testigo del cabezazo de Zidane a Materazzi.

El flamenco es el principal embajador de Andalucía y entre los premiados estaba Dorantes, de Lebrija, una de las capitales de la provincia, que cerró el acto con su piano y las voces del coro Meridiano. Música solidaria con los bomberos que fueron a Lesbos, tan próximos a su centro de trabajo como Guerra a su infancia de la calle Rastro; o la labor de la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía, valedora de la Declaración Universal de 1948 para combatir, en palabras de Guerra, "la prevalencia de la razón financiera sobre la razón política y la razón moral".

En el cine de primavera ponían En busca del arca ganada, en el discurso de Fernando Rodríguez Villalobos, que insistió en unir lo rural y lo digital, reforma agraria de 2001 Odisea en el espacio. La imaginación crea empleo. Los Alcores de Carmona es una destilería de los hermanos Hernández que pasó de cuatro empleos a 140 con una ginebra enriquecida con fresas de Huelva. Ginebras para nuevos Lanzarotes.

Entre premio y premio, música de Visite nuestro bar. Alfonso Guerra hizo un somero repaso de los méritos de los premiados, recuperó la lírica de las comarcas y mostró su fórmula, "amistad, sinceridad y libros" para combatir el "cáncer del tiempo". Advirtió del "viejo truco de contraponer reforma a revolución" y pidió "reeditar el espíritu de la transición" frente a los nuevos Leviatanes con nombre y apellido: Donald Trump, Nicolás Maduro, Vladimir Putin, Viktor Orban, Quim Torra. Provincianos globales.

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