Mairena del Alcor, en los machos del cante
M. Bernabéu / SEVILLA
En la provincia de Sevilla, en Andalucía si se quiere, el universo jondo viaja de un lado a otro adoptando aires distintos, cadencias diferentes que mimetizan con el terreno, con la gente y con la manera de vivir en cada sitio. Es puro compás entre Sevilla y Cádiz, se atempera en tierras de Campiña y se vuelve más cerrado, más serrano si linda con la montaña o la mina. Y en ese trasiego disperso y variopinto de lo flamenco, al edificio de los cantes hubo una figura que le ató los machos, que le cogió vientos y lo amarró a tierra para siempre.
Porque hasta que lo jondo conoció el magisterio de Antonio Cruz, esta manifestación artística netamente andaluza iba y venía en boca de grandes intérpretes que le aportaban nuevas formas, pero sin un timonel seguro que marcara cuáles eran los cánones desde los que siempre partir.
Y Antonio Mairena, antes incluso que a cantar, dedicó toda una vida a fijar los perímetros, a establecer las esencias y los esquemas básicos que moldeaban la etérea maravilla del flamenco. O como dice Pedro Madroñal, joven aficionao de Mairena del Alcor, "Antonio, como cantaor global y con perspectiva amplia del flamenco, marca el clasicismo de lo jondo como valor de rango cultural".
En esos postulados se reafirman todos los invitados a colocar el flamenco en sus justos términos, tal y como se entiende en esta localidad de los alcores sevillanos. En el cónclave, que se da cita en la Casa del Arte Flamenco del municipio están, además de Pedro, Antonio Cruz, sobrino del cantaor universal que se llamaba como él; Diego Jiménez, con medio siglo de afición al flamenco a sus espaldas; un cantaor local; el escultor Jesús Gavira, también vecino del pueblo y perito en moldes de lo jondo; y el secretario de la entidad que acoge la tertulia, Ignacio Castro.
Y en ese difícil ejercicio de explicar cómo ató los machos del flamenco Antonio Mairena, vuelve Pedro Madroñal, el más joven, a explicarlo de manera muy gráfica. "Antonio puso comas y tildes en el cante, lo cerró y delimitó con claridad".
Esa es una imagen que sirve, quizá como ninguna otra, para plasmar cuál es el gran legado que el cantaor ha dejado para siempre en la familia jonda. Por eso en Mairena del Alcor hablan, con argumentos de peso, de que el flamenco tiene un antes y un después de Antonio Cruz García. Y es que era el propio artista el que, cuando se definía, anteponía su labor de investigador del flamenco a la del cante, siendo esta segunda por sí sola de una envergadura tal que le valió a Antonio la Llave de Oro y el hecho de ser el primer Hijo Predilecto de Andalucía, en septiembre de 1983.
Pero el cantaor, en este caso, no se conformaba con el hecho de serlo. Antonio, tal y como comenta su sobrino, hacía siempre "didáctica del cante". Recuerda este familiar del artista, a la sazón comisario de los actos del centenario que ahora se cumple del nacimiento de Mairena, que Antonio "amarró la dispersión de los cantes, y muchas de las cosas que fijó en su época como investigador y recopilador aún se encuentran vigentes hoy en día".
Y es que, según argumenta el propio sobrino, Antonio Cruz "conocía los cantes porque los buscaba". O dicho de otra manera, allí donde había un testimonio vivo, un cantaor o cantaora cargado de emotividad, acudía el de Mairena a beber de los manantiales del cante. Eso hacía en la Plaza de Arriba marchenera, visitando a Tía Gilica; en las casas aledañas al castillo alcalareño, buscando al de la Paula; o en Jerez con Manuel Torre. Para su sobrino, que recuerda al de Mairena "cuando nos visitaba al venir de sus giras con Antonio el Bailarín y en las reuniones de cante en el bar Claudito", el legado más importante de su tío es "la majestuosidad y solemnidad que aporta al cante, conseguida a base de tesón, sacrificio y trabajo".
Fueron esas cualidades que recuerda el sobrino de Mairena las que esculpieron el liderazgo, la primacía y la autoridad de Antonio Cruz en el universo jondo. Esos atributos son, para el comisario del Centenario, los que propiciaron el enorme respeto y admiración que se profesaba a Mairena en todos los ambientes flamencos de su época.
Pero ya han transcurrido cinco lustros en ausencia del cantaor, y aunque la enorme proyección del genio del cante se mantiene en el basamento mismo del flamenco, es su propia localidad la que considera que ha llegado el momento de relanzar la memoria de Antonio. Y lo pretenden hacer a base de rigor flamenco, como no podía ser de otra manera en la cuna del cante cabal.
Ahí es donde, desde la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, el mairenismo quiere volver por sus años de cátedra y de centro neurálgico. Para ello han instituido el concurso Pureza Flamenca, que desde una óptica exigente, quiere encontrar artistas que, a través de este premio, se proyecten como grandes figuras del cante en el futuro. Para ello, el ganador que esta misma noche salga de la terna de finalistas ya tiene aseguradas numerosas galas durante este año y el próximo, amén de su participación en el Festival de mañana sábado.
Porque la Pureza Flamenca, esa a la que Antonio dio rango, prestancia y proyección social, es la que ahora quieren bautizar los aficionaos de Mairena del Alcor como la mayor reivindicación que tenga el genial cantaor en su municipio cada cinco años.
Todo un quinquenio para rastrear año tras año en el concurso anual, para ir preparando un elenco cantaor que cada lustro ponga en las tablas maireneras a lo mejor que se vaya rompiendo en el mundillo flamenco.
Es el particular reto de los cabales de este pueblo, que siente el flamenco de Antonio como suyo, y que por eso pretende preservarlo y hacerlo evolucionar en un "concurso de concursos", que es lo que aspira a ser la "Pureza Flamenca" que hoy celebra la primera de sus finales.
Así que esta misma noche, en la Casa Palacio de Mairena del Alcor, cuatro jóvenes promesas se agarrarán los machos y buscarán al Maestro Cruz García por entre las rendijas del cante para honrar la Pureza. La exigencia, viniendo de una Llave de Oro, no podía ser menos.
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