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Tradiciones religiosas

La Venida de la Virgen de Setefilla a Lora del Río: un rito con cinco siglos de historia

El templete de la Virgen de Setefilla, cubierto durante el camino que la lleva a Lora del Río.

El templete de la Virgen de Setefilla, cubierto durante el camino que la lleva a Lora del Río. / Seba de la Torre

Lo pidió el Viejo el pasado 23 de octubre y el próximo domingo, 1 de mayo, se cumplirá la tradición. La Virgen de Setefilla -una de las devociones más antiguas y arraigadas de la provincia de Sevilla- abandonará su ermita en la Sierra Morena y bajará hasta la localidad de la que es patrona, Lora del Río. Se trata de un rito que tiene lugar cinco años después de la marcha del municipio y que constituye una de las señas de identidad más importante de la religiosidad popular en la archidiócesis. 

Este traslado, denominado como Venida de la Virgen, está plagado de costumbres. La forma de solicitarlo es ya por sí un rito peculiar. El hermano con más edad de la corporación -llamado el Viejo- se encarga de pedirlo en los meses previos. Lo hizo en octubre. Para ello se le saca en una especie de procesión en la que va portado en una silla gestatoria. Su cabeza la cubre un pañuelo blanco colocado a la bandolera, un distintivo de los romeros de Setefilla y que también se verá el próximo domingo. Acude a la casa del hermano mayor y del párroco. Tras obtener el beneplácito de ambos, se convoca cabildo extraordinario la jornada siguiente. 

En esta cita los hermanos acordaron que la Virgen de Setefilla (cuya advocación original es Encarnación) vuelva a Lora el domingo 1 de mayo de 2022. Se tiene constancia de este traslado desde el siglo XVI, centuria en la que esta imagen mariana competía en devoción con otros dos referentes de la religiosidad popular de la provincia: Gracia, de Carmona; y Consolación, de Utrera. 

La Virgen de Setefilla, en su templete, presta para su última Venida, la de 2015. La Virgen de Setefilla, en su templete, presta para su última Venida, la de 2015.

La Virgen de Setefilla, en su templete, presta para su última Venida, la de 2015. / Seba de la Torre

El traslado, como se apuntó antes, se desarrolla cumpliendo una serie de ritos. A las nueve de la mañana se celebra la misa en la ermita de la Virgen. Luego se reza el Rosario. Acabadas las letanías, sobre las 11:00, el templete que cobija a la sagrada imagen se levantará al entonarse el Sancta María. Empezará entonces un largo discurrir de 11 kilómetros hasta el núcleo urbano.

Al llegar a la Cruz del Humilladero, las andas de la Serranita Hermosa -como así también se le conoce- se cubrirán para que al icono mariano no le afecte el polvo que se levanta cuando los miles de peregrinos que la acompañan se echan a andar. Las reglas de la hermandad encomiendan esta privilegiada tarea a "los descendientes de Diego Martínez", labor que vienen acometiendo desde el siglo XIX por su estrecha relación con las que eran entonces camareras de la Virgen. 

Los loreños, con pañuelo blanco en la cabeza, anuncian con salvas la Venida de la Virgen. Los loreños, con pañuelo blanco en la cabeza, anuncian con salvas la Venida de la Virgen.

Los loreños, con pañuelo blanco en la cabeza, anuncian con salvas la Venida de la Virgen. / Seba de la Torre

Durante la senda que conduce a Lora, los devotos pujan por llevar el paso en distintos tramos. Una posibilidad que también se brinda, desde hace bastantes años, a las mujeres. El dinero recaudado en estas subastas -de la que hay una costumbre similar en la romería de San Benito de Castilblanco de los Arroyos y en la cofradía de la Soledad de Cantillana- se destinará a obras de caridad y al culto. 

Las andas serán descubiertas cuando la comitiva romera alcance la Cruz de San José. Durante el largo recorrido, los peregrinos, con el típico pañuelo blanco en la cabeza, habrán ido lanzando con sus escopetas salvas al cielo para anunciar la llegada de la Virgen a un municipio que estará adornado con arcos y flores de papel blanco y azul. Comenzará entonces el discurrir por las calles de la localidad, con paradas en la ermita de Santa Ana, el Convento de la Limpia Concepción y el Ayuntamiento. El traslado concluirá con la entrada en la parroquia de la Asunción, donde la patrona suele permanecer hasta el otoño del año siguiente. Oportunidad única para contemplar una tradición propia de la religiosidad sevillana. 

 

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