El Genil inunda la Isla del Vicario en Écija: "Ahora mismo estamos perdidos"
Los primeros desalojados de la provincia de Sevilla son 76 vecinos de esta urbanización, convertida en gran parte en una laguna
Desalojos preventivos en Écija y El Coronil
La Isla del Vicario es una urbanización situada a unos dos kilómetros del casco urbano de Écija. Está muy cerca del río Genil, que se ha desbordado e inunda gran parte del campo y llega a las casas de este diseminado, del que han tenido que salir forzosamente 76 vecinos en las últimas horas. En la carretera de acceso al mismo hay un patrullero de la Policía Local de Écija. El agente deja pasar a los propietarios de las viviendas, para que puedan comprobar el nivel del agua y cómo ha afectado a sus pertenencias. También permite el paso de la prensa. "Pero tengan cuidado. Cuando lleguen a la lámina de agua, por favor no entren en ella ni la pisen. Hay un transformador al que ha llegado el agua y ésta puede estar electrificada. Pueden electrocutarse si la pisan", advierte.
Para llegar hasta el río se pasa por una serie de casas y una vaqueriza, donde decenas de vacas pastan ajenas al temor de los vecinos y del propietario del ganado. La noche antes, varios residentes en la Isla del Vicario ayudaron al vaquero a trasladar parte de la manada hasta una parcela más alta, y por tanto, más segura. "Imagínese, anoche parecía esto los Sanfermines, 50 ó 60 vacas por el camino este y los vecinos llevándola", cuenta uno de los que participó en las labores de reagrupamiento del ganado.
En una de las casas a las que ha llegado el agua, aunque no ha penetrado en el interior, se preparan Daniel, Naiara y Jesús. "Nos dieron la orden de marcharnos de aquí porque, de aquí para abajo, se llenaba de agua. Y nadie podía quedarse porque no se sabía cómo iba a evolucionar", cuenta el primero de estos tres jóvenes. Han pasado la noche del miércoles al jueves en casa de sus familiares en Écija y la mañana del jueves han vuelto a sus viviendas para ver cómo estaban. "Si había entrado el agua, si no, si se filtra por las duchas. Hemos recogido algunas cosas, quitado alguna puerta...".
Cuentan que no es la primera vez que viven algo así, aunque es cierto que hace ya unos 15 años de la última gran riada. "Aquí la gente está acostumbrada porque sabemos que es zona inundable, pero es verdad que hace muchos años que no vemos algo así. Una de las veces recuerdo que sacaron a la gente en helicóptero desde el tejado de una casa", explican, mientras sopla un viento huracanado que provoca olas en la laguna que ha formado el río.
Aparece una patrulla de la Policía Nacional. Los agentes hablan con los chicos y les explican que están allí para lo que necesiten, que los llamen si la situación se complica. "Uf, ya creía que nos iban a echar", dicen los jóvenes. Llega Margarita, una joven que fue de las primeras desalojadas. "Lo primero que hicimos fue sacar a los niños, pues tengo una bebé de dos meses y en nuestra casa viven varios menores más. Nos dijeron por la mañana que nos tendríamos que ir y por la tarde ya tuvimos que salir porque estaba subiendo el agua".
Los jóvenes consultan continuamente en sus teléfonos móviles la página web del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la cuenca del Guadalquivir. "Pero no carga, no sé si es que estará entrando mucha gente a la vez y se colapsa", dicen. Conocen perfectamente los datos de caudal y de altura del río. Fueron desalojados cuando se alcanzaron los cinco metros. A media mañana de este jueves iba por 6,40. "Esperemos que baje un poco". A partir del mediodía la lluvia para y sale el sol, quizás sirva para que baje el nivel del agua.
José Luis Piña es un joven enfermero de 22 años que reside en una de las casas más próximas al río. Ha pasado la noche en un hotel de Écija (el antiguo hostal restaurante Pirula, hoy convertido en un moderno establecimiento llamado Cienvinos). Agradece la labor de las autoridades pero lamenta que no se le haya permitido quedarse en su casa. "Mi padre lleva aquí toda la vida y aquí siempre ha habido riadas, como ésta o mayores. Y siempre se nos ha permitido quedarnos, porque queremos saber qué pasa con nuestras casas, los daños que podemos sufrir y también intentar salvar a nuestros animales. Ahora mismo estamos perdidos, no sabemos los daños que tenemos".
Es de la opinión que el desalojo forzoso no se hubiera ordenado si no hubiera sucedido la tragedia de la DANA en Valencia en octubre desde 2024. Desde entonces, dice, entiende que las autoridades no se arriesguen a dejar a nadie en sus casas en una zona inundada. "Pero ya le digo, aquí conocemos bien esto, y tenemos casas con partes altas. No somos tontos, si la urbanización está inundada, no nos vamos a meter a dormir en un sótano", indica Piña, que lamenta que el agua que está llegando a sus viviendas está cargada de aguas fecales y contaminada. "No somos conscientes del daño que esto va a provocar aquí. Espero que, igual que nos han ayudado a desalojar, también vengan a ayudarnos a limpiar, porque aquí queda mucha faena. Y menos mal que se han abierto más agujeros en el puente, porque si no el río habría terminado inundando el centro de Écija".
A unos metros, lo que era campo es hoy una verdadera laguna. Rubén Zafra es el dueño de una nave que se ve a lo lejos en mitad del agua. "Por favor, ¿puede usted hacerle una foto con el zoom a aquella nave?", pregunta al fotógrafo al verle con un teleobjetivo. Quiere saber por dónde va el agua. Tras la anterior riada, levantaron unos metros la estructura, precisamente para salvarla en caso de una nueva crecida del río. Por el momento, han conseguido evitar que les entre el agua.
A lo lejos se ven caballos con el agua al cuello, contenedores volcados y un transformador en mitad de la improvisada laguna. Las vacas están a salvo. Hay gallinas, patos, cabras... No se sabe qué será de ellas. Un coche se para en mitad del camino y se dirige a los periodistas. Paula Alé ofrece a los periodistas tomar alguna fotografía desde la azotea de su casa. La imagen sirve para conocer la magnitud de la inundación. La familia tiene una pequeña plaza de toros que está completamente inundada. El agua llega hasta la parte trasera pero no se cuela en la casa.
Tienen un pony en un chiquero, pero no quiere salir. "Está con el agua por la mitad de las patas". La madre de la joven, Rosario Gómez, explica que no ha visto nunca una crecida como la de este jueves, aunque recuerda que hace unos años su marido salvó a una cartera que metió el coche en un arroyo cercano y estuvo a punto de ahogarse. En la parcela hay gallos, pavos reales y patos. Y una perra, un cruce de mastín y dálmata, que tienen amarrada porque ha matado ya a varias aves. "No se preocupen, que ella se sube al tejado de su casa si viene el agua", comentan madre e hija. La tarde se antoja seca y los vecinos de Isla del Vicario respiran. "Aquí pasamos en poco tiempo de la riada a los 40 grados", bromea Paula.
La Policía mantiene un despliegue en la zona para garantizar la seguridad de todos los residentes. No muy lejos está el puente de hierro, al que muchos curiosos se acercan para ver la crecida del Genil. Los 76 vecinos de la Isla del Vicario son los primeros desalojados por la borrasca Leonardo en la provincia de Sevilla. A ellos se suman otros desalojos preventivos en El Coronil, donde se ha anegado la carretera A-375.
El Palmar de Troya es otra de las zonas críticas por la situación del pantano Torre del Águila y el arroyo Salado de Morón. "El pantano se encuentra aliviando unos 60 centímetros por encima del aliviadero. El arroyo Salado tiene mucho caudal ahora mismo. Estamos muy preocupados por las precipitaciones porque otros arroyos frenarían el desagüe del pantano y afectaría al pueblo", explica el alcalde del Palmar, Juan Carlos González.
Este jueves estuvo allí el subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano, presenciando in situ la evolución del agua. Sigue siendo preocupante la crecida del Guadalquivir en municipios como Lora del Río, donde se espera que siga subiendo en las próximas horas. Por eso, el Ayuntamiento loreño repartía este jueves vallas y rasillones para hacer frente a una posible inundación en la calle Virgen del Rocío, una de las zonas más bajas del pueblo y que da a un campo que suele inundarse cuando se desborda el río.
"Las vallas sirven para que los vecinos puedan elevar sus muebles y enseres y que no se mojen si les entra agua", dice una de las personas que dirige la operación de reparto. Un buen número de trabajadores municipales participaban en ella. Cada vecino recibió unas tres vallas. A unos metros, una dotación de Protección Civil permanecía a la espera, con una zodiac lista para navegar en cualquier momento.
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