La ley del silencio en la Sierra Sur

La Guardia Civil busca a los autores del tiroteo del domingo, que causó heridas a tres personas de la misma familia Uno de los heridos permanece muy grave con un disparo en la cabeza

1. Un agente de la unidad de Criminalística de la Guardia civil fotografía la entrada de la vivienda de las víctimas. 2. La calle Tres de Abril, cortada por la Guardia Civil. 3. Otro momento de la inspección.
1. Un agente de la unidad de Criminalística de la Guardia civil fotografía la entrada de la vivienda de las víctimas. 2. La calle Tres de Abril, cortada por la Guardia Civil. 3. Otro momento de la inspección.
Fernando Pérez Ávila

10 de mayo 2016 - 05:01

Tres hombres aguardan en la puerta de un bar en la rotonda de entrada de Badolatosa. Cuando ven un coche que no reconocen como del pueblo, no le quitan la mirada. "Buenos días, venimos del periódico, ¿podrían decirnos dónde fue el tiroteo?". Los tres hombres se miran durante unos instantes, como si no supieran qué decir. El primero responde secamente. "Ahí no van ustedes a sacar nada ya". "Claro, sabemos que fue ayer (por el domingo) pero nos gustaría hablar con los vecinos, que alguien nos cuente quiénes son los heridos...". El primer interlocutor se calla. Otro de los lugareños toma la palabra. "Es esa calle", dice, señalando una de las que confluyen en la rotonda. El hombre añade que es dirección prohibida y hay que dar un rodeo.

En el corto camino al lugar del tiroteo uno puede oír rumores de todo tipo casi sin necesidad de preguntar. Que si ha muerto uno de los heridos, que si ya han muerto dos, que si los agresores son de Puente Genil, que si los han detenido ya, que si saben quiénes son pero que aún no los han arrestado... Los bulos se han desatado por todo el pueblo. "Si echáramos cuenta de los rumores, habría tantos muertos que llegarían ya a Casariche", exagera un vecino, que en su paseo matinal ha oído que el tiroteo dejó unas cuantas víctimas mortales. Todo es falso, al menos de momento.

Ni hay muertos ni hay detenidos. El tiroteo ocurrió sobre las seis y cuarto de la tarde en la puerta del número 58 de la calle Tres de Abril, una de las zonas más tranquilas del pueblo. Los hermanos Juan y Francisco Linares Pineda, y Daniel, el hijo del primero de ellos, resultaron heridos por las balas disparadas por unos desconocidos que se dieron inmediatamente a la fuga. Juan, de 48 años, recibió un balazo en la cabeza y se encuentra en estado crítico en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, adonde fue evacuado en helicóptero. En el mismo complejo hospitalario permanece Daniel, su hijo, de 22 años, mientras que su hermano Francisco, de 43, fue trasladado en un primer momento al Hospital de Osuna con un disparo en el hombro. De ahí pasó ayer al Virgen del Rocío de Sevilla, donde se recupera de las heridas.

Nada más recibir los disparos, los heridos fueron trasladados por un grupo de familiares hasta el centro de salud más próximo, que está ubicado en la pedanía de Jauja, que pertenece a Lucena (Córdoba). El más grave, Juan, volvió a Badolatosa para ser evacuado en helicóptero desde el punto de aterrizaje de estas aeronaves que hay en el pueblo. En Badolatosa no hay centro de salud abierto durante las 24 horas y los servicios de emergencias suelen tardar mucho en llegar cuando se les requiere, de ahí que sea habitual que los heridos que requieran traslados urgente sean llevados por sus propios familiares en vehículos particulares.

Badolatosa es un pueblo muy cerrado. Quizás por su propia ubicación geográfica. No tiene salida a la autovía y la manera más rápida de llegar desde Sevilla es por la A-92 hasta Casariche y desde ahí por una carretera secundaria. Otra opción es por La Roda, en una estrecha carretera llena de curvas y cambios de rasante, en la que al principio se atraviesa un paso a nivel con barreras. El pueblo tiene apenas 3.200 habitantes y dista 130 kilómetros de Sevilla. Está, de hecho, a un paso de la provincia de Córdoba. "¿Ve usted aquella antena? Eso ya es Córdoba. Por ahí debajo de aquella colina pasa el río Genil", dice un vecino. Casi todos los habitantes viven del campo. No hay industria y el sector servicios lo conforman unos cuantos bares y tiendas. En el campo tienen fama los espárragos, que representan el 10% de la agricultura local. El otro 90% de labriegos vive de la aceituna.

El pueblo estuvo un tiempo sin cuartel de la Guardia Civil, que atendía a la población desde las localidades vecinas, hasta que en septiembre se abrió un nuevo puesto. La nueva sede, que aún no se ha inaugurado oficialmente, llegó tras una serie de peticiones de los vecinos que así lo exigían. Entre la comarca, Badolatosa tenía cierta fama de pueblo conflictivo o de lugar en el que se estaban dando una serie de actividades ilícitas por parte de un pequeño grupo de delincuentes que se habían aprovechado de la ausencia de una sede física del instituto armado. Pero tiroteos como el del domingo no se recuerda ninguno en los últimos años. Ha habido vandalismo y robos, sobre todo de aceitunas en el campo, pero la delincuencia ha caído alrededor de un 80% desde la apertura del cuartel de la Guardia Civil, como recuerda el concejal de Seguridad, Francisco Jiménez.

En la casa de los Linares Pineda hay una inspección técnica ocular de la Guardia Civil. Un agente impide el paso de vehículos por la calle Tres de Abril y reclama a la prensa que aguarde para poder hacer fotos. A unos metros, los agentes del laboratorio de Criminalística, vestidos con sus monos blancos, examinan la casa y la entrada de la vivienda, en la que algunos de los testigos aseguraban que había mucha sangre el domingo. También revisan dos viejos Land Rover propiedad de los heridos. Otros agentes del Grupo de Homicidios hablaban con los familiares de los Linares Pineda, a quienes todos conocen en el pueblo con el sobrenombre de Los Sueños, que le viene desde al menos dos generaciones anteriores. Una joven, hija, hermana y sobrina de los heridos, pide a la fotógrafa que no la saque mientras dura el registro de la Guardia Civil en su casa.

Entre los vecinos nadie sabe nada, nadie vio nada. Todos hablan de oídas, lo que han escuchado desayunando en un bar por la mañana o lo que les ha dicho alguien en una tienda. Testigos no hay. O si los hay no dicen lo que vieron. Ni siquiera los vecinos más próximos al número 58 de la calle Tres de Abril vieron nada. Oyeron ruidos, sí, pero unos creyeron que eran cohetes y otros pensaron que no era nada importante. "Yo estaba viendo la segunda parte del partido del Betis, oí unos ruidos, pero no le di importancia", dice un vecino. "Yo sí que salí y vi que había sangre en la puerta, pero ya se estaban llevando a los heridos en un coche". De los agresores nadie vio nada, aunque sí oyeron el acelerón de un coche que se daba a la fuga tras los disparos. "¿Marca del vehículo? ¿Modelo? ¿Color?"... "No, mire, no lo vi".

La primera hipótesis que maneja la Guardia Civil en relación con el móvil del tiroteo apunta a un ajuste de cuentas relacionado con el tráfico de drogas. Algunas fuentes refieren que en la casa hay una plantación de marihuana. "Alguna matilla puede haber, pero no sé nada más", cuenta otro vecino que, como todos, prefiere permanecer en el anonimato. Una vez más, nadie sabe nada.

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