Betis-Dudelange | Crónica

El Betis prueba que hay otras vías (3-0)

  • Los verdiblancos golearon tras el descanso en el reencuentro de los suyos con una competición europea.

  • El Dudelange llegó a poner las cosas difíciles, pero tras el gol de Sanabria no aguantó el chaparrón final.

El Betis mezcló sus señas de identidad tradicionales en el presente curso con Quique Setién con otros caminos bien diferentes para acabar goleando a un Dudelange que le puso más dificultades de las previstas. Los verdiblancos siempre se manejaron con paciencia, y en eso sí fueron fieles a su estilo, pero variaron considerablemente en otras cuestiones que tienen más que ver con la profundidad y con acumular más elementos arriba, al menos con mentalidad más atacante. Al final, todo derivó hacia la lógica, hacia que se plasmara en el marcador la tremenda superioridad local en el reencuentro con una competición europea en el Benito Villamarín.

Era una cita con un marcado componente sentimental, pues los béticos podían reconocerles a los suyos los méritos contraídos durante todo el ejercicio anterior. El resultado era la participación en una competición europea que se celebraba y ni siquiera la horrible hora para jugar en Sevilla entre semana y con tanto calor impidió que el estadio registrara una magnífica entrada con más de 40.000 espectadores en sus graderíos.

Todo estaba planteado, por tanto, para vivir una fiesta en verdiblanco y Setién quiso contribuir a ella con su alineación. La debilidad del Dudelange, además, invitaba a probar nuevas vías en este tiempo de laboratorio en el que no existen partidos menores para utilizar la probeta en citas oficiales. El reputado entrenador cántabro apeló esta vez a dos delanteros fijos, como son Sanabria y Sergio León, y eso ya era una firme invitación a alterar el estilo.

Con dos peones presentes en el interior del área no tenía mucho sentido llegar por los costados y pasar la pelota otra vez para atrás para asegurar su posesión. Así que tanto Barragán como Tello parecieron tener presentes esa consigna y sí se prodigaron más en esa vía de acceso al gol, pero la verdad es que jamás llegaron a poner en verdaderos aprietos a la zaga luxemburguesa por esos caminos.

El Betis, que había sufrido un susto no más comenzar a través de un disparo de Jordanov, en la primera de las dos grandes paradas de Joel Robles, sí aparecía con sus tres centrales tradicionales para dibujar un esquema parecido al 1-3-3-2-2 en el que William Carvalho se alineaba con los carrileros, incluso por detrás de ellos en la mayoría de las ocasiones. En los interiores estaban Guardado e Inui, uno para la creación y el otro para tratar de romper por velocidad. Pero los anfitriones no llegaron a meterse en el juego en todo el primer periodo.

Lógicamente, fueron los dominadores del mismo, sobre todo después del primer parón para la hidratación y de las consignas de Setién para retocar algunas cuestiones tácticas, pero los remates a gol se limitaron a un disparo lejano de William Carvalho, a otro de Guardado en una pelota que ya parecía perdida y un segundo del mexicano en una falta directa repelida por el guardameta Frising.

El balance al intermedio no era prometedor, ni muchísimo menos, pero al Betis le quedaba una marcha más para desordenar a un Dudelange que demasiado hacía para su potencial. Los amarillos trataban incluso de salir con la pelota jugada y no pegaban pelotazos, hasta llegaron a protagonizar un segundo susto en el arranque del segundo periodo que obligó a Joel Robles a realizar un nuevo paradón de bastantes méritos. Fue un cabezazo de Turpel en un córner y ahí ya se vio que aquello había cambiado de manera absoluta.

¿Y esa metamorfosis tenía que ver con el cabezazo de Turpel sólo? En absoluto, Sergio León ya había debido marcar en el minuto anterior en una pelota que le puso Sanabria con ventaja y Frising también le haría un paradón a Javi García para que la ocasión visitante estuviera como en un sándwich entre las dos de las que gozaron los verdiblancos.

Sergio León trata de controlar un balón. Sergio León trata de controlar un balón.

Sergio León trata de controlar un balón. / Antonio Pizarro

El fútbol ya era mucho más vivo, los corsés se olvidaban y el Betis había entendido que tenía la necesidad de meterle una marcha más para desarbolar a un Dudelange que también tenía que comenzar a acusar la diferencia de físico entre unos y otros.

Restaba por conocer el momento y la vía por la que llegaría la primera ventaja del Betis para allanar el camino. Y en esta ocasión le tocó a la estrategia, un método tan válido o más que todos los demás. Un córner por la derecha, Guardado hizo una señal y Sergio León acudió casi al borde del área para recibir la pelota y devolverla al mexicano. Éste centró mucho más abierto al segundo palo, donde entró Sidnei para cabecear bombeado en una intención mitad de devolver la pelota al área pequeña y mitad con el afán de tratar de sorprender a Frising. Consiguió lo segundo, pues el balón se fue al travesaño y le cayó a Sanabria casi en la misma raya de gol. El paraguayo volvió a cabecear otra vez al larguero y el esférico acabó botando dentro.

Uno a cero para el Betis y ya los espacios crecieron sin cesar, sobre todo tras la entrada de Lo Celso y Joaquín para ocupar los pasillos interiores. El argentino decidió con un excelente toque a la red tras un control no menos bueno y el portuense le sirvió el 3-0 a Tello. El Betis había tenido paciencia para golear y había demostrado a todo el mundo, incluido tal vez Setién, que tiene una marcha más para golpear a los rivales. Muchísimo mejor así, por supuesto que sí.

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