Real Betis | El problema del gol

El Betis se queda sin tinta

  • El equipo ha reducido a la mitad su media goleadora (0,6 tantos por partido) con respecto al conjunto que en la pasada Liga ya triunfó con defensa de cinco (1,2)

Loren celebra el sexto y último gol del Betis en esta Liga, ante el Leganés. Loren celebra el sexto y último gol del Betis en esta Liga, ante el Leganés.

Loren celebra el sexto y último gol del Betis en esta Liga, ante el Leganés. / Antonio Pizarro (Sevilla)

Con toda justicia, el Betis recoge elogios por donde quiera que va por su vistosa propuesta sobre la hierba. Por su arrojo para hacerse con la pelota sea quien sea el enemigo. En definitiva, por su habitual, y a veces apabullante, iniciativa en el juego.

Pero irse al parón de las selecciones tras una derrota gira más los focos hacia los defectos que hacia las virtudes. Puntuar en el Wanda, siquiera arrancar un empate a cero, lo que es mucho tratándose del rival que se trata, hubiera multiplicado las alabanzas al fantástico nivel defensivo de los béticos, que apenas han concedido seis goles en contra. Pero con ese sexto gol, el de Ángel Correa, la lectura cambia.

Esos cinco goles a favor tras más de 720 minutos para perforar la portería del contrario, y tres de ellos ante equipos con un expulsado, es una famélica cosecha que invita a la reflexión, ahora que no volverá el fútbol hasta el domingo 21. El guión de Setién es estimulante, seductor y por momentos divertido, pero sin goles todo se queda en garabatos en el aire. El ataque bético se ha quedado sin tinta.

El rendimiento individual de Loren, Sanabria y Sergio León, sobre todo el de los dos últimos, ha bajado esta campaña. Pero también procede analizar el desempeño colectivo. Y escudriñar si algo tiene que ver el cambio de sistema en que el pozo se esté secando.

Sanabria y Sergio León, tras un gol en la pasada Liga. Sanabria y Sergio León, tras un gol en la pasada Liga.

Sanabria y Sergio León, tras un gol en la pasada Liga. / Julio Muñoz/EFE (Sevilla)

Es un hecho objetivo que al Betis de la pasada Liga le vino como el aceite a las espinacas el cambio de defensa de cuatro a defensa de cinco. Setién quiso mantenerse fiel a su patrón incluso con cercanos ruidos de sables, después de aquella derrota en Las Palmas en la jornada 14ª. Entonces era decimotercero en la tabla y, sobre todo, tenía el descenso a 8 puntos, lo que atenuaba la angustia.

Y aunque el histórico 3-5 en el derbi de la jornada 18ª supuso una mayúscula inyección de crédito para el plan del entrenador cántabro, otras dos derrotas seguidas ante Barcelona (0-5) y Celta (3-1) forzaron a Setién a tirar de la manta y abrigarse atrás. La posterior jornada 22ª fue el punto de inflexión. Y para lo bueno. Todo lo encauzó Loren, que tuvo su oportunidad por el vacío que dejó Sanabria, varado desde noviembre por su operación de rodilla. Sus dos goles al Villarreal alumbraron una nueva época. Los números hablan.

En las primeras 21 jornadas, con defensa de cuatro, el Betis sumó 27 puntos (1,29 de media) para ser decimotercero. Y en las 17 jornadas restantes de la Liga, con defensa de cinco, los verdiblancos se llevaron a la buchaca 33 puntos (1,94 por encuentro) para concluir sextos y agarrar plaza europea.

Mucho tuvo que ver también la llegada en el mercado de invierno de Marc Bartra, hoy con la selección española en Las Rozas, pero en el otro lado de la balanza hay que poner también que Feddal se rompió el tendón de Aquiles precisamente el día que cambió todo, ante el Villarreal.

Más cifras: el Betis que alternaba el 4-3-3 con el 4-2-3-1 hizo 35 goles en 17 partidos (1,7 goles de media) frente a los 25 en 17 que marcó con zaga de cinco (1,2). Pero defensivamente compensó ese peor desempeño ofensivo: su media de goles encajados pasó de 2,1 por encuentro, insostenible para aspirar a algo noble, a sólo 0,9 ya con defensa de cinco. Fue la clave.

En la presente Liga, el Betis incluso mejora ese fabuloso dato defensivo: sus 6 goles encajados en las 8 primeras jornadas arroja una media de 0,75. Pero lo sanciona que su producción ofensiva ha bajado en mayor medida que su mejoría en la retaguardia: de los 1,2 goles por partido que hizo la pasada Liga cuando pasó a jugar con defensa de cinco, a los 0,6 que hoy padece. Justo la mitad.

Nada parecido a lo de hace un año. Ocho goles había marcado el embrionario Betis de Quique Setién en sus dos encuentros previos al parón de octubre de la pasada campaña. Laminó a un Levante que llegaba disparado al Benito Villamarín (4-0) y dejó escapar la victoria en Anoeta de forma increíble (4-4), tras un bellísimo y alabado canto al fútbol ofensivo. Sobrevino entonces el parón obligado por las selecciones y eso dio pie a reflexionar en profundidad sobre la romántica propuesta que el entrenador cántabro llevó bajo el brazo a Heliópolis. Un fútbol a rienda suelta que parecía sacado de los archivos del NO-DO.

A la vuelta de ese parón, el debate dio otro giro de tuerca más con una derrota abultadísima, y en casa, que en cambio tuvo una vertiente feliz para el que quisiera verla: el Valencia venció 3-6 en Heliópolis, pero el Betis fue capaz de hacerle tres goles al entonces imponente bloque de Marcelino García Toral en apenas 5 minutos. Del 0-4 en el 79 al 3-4 en el 84, gracias a Campbell, Sanabria y Tello, y la grada verdiblanca enardecida con los suyos. Sucedió en la jornada octava. Justo a las alturas que se encuentra la Liga hoy. Ese Betis había marcado ya 17 tantos, si bien había encajado 14. Y Setién aireaba ese discurso romántico de que anteponía ese arrebatador juego ofensivo a los resultados.

Su sistema de cuatro no estaba bien ajustado atrás. Pero también hay que analizar las piezas. Ante el Girona, en casa (2-2), salió una zaga con Rafa Navarro, Mandi, Jordi Amat y Durmisi. Hoy, el Betis puede ganar una pieza ofensiva si el partido lo aconseja y alinear una zaga de cuatro con Francis, Barragán o Mandi en la derecha, más Bartra, Sidnei y Júnior... ¿por qué no volver a tirar de la manta hacia arriba? Igual así vuelve a correr la tinta en forma de goles.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios