Obituario | Muerte de Rogelio Adiós al bético más genial

  • Falleció Rogelio, el futbolista que más fielmente interpretó la idiosincrasia del Real Betis Balompié

Rogelio, con el torero Curro Romero y el periodista Luis Carlos Peris. Rogelio, con el torero Curro Romero y el periodista Luis Carlos Peris.

Rogelio, con el torero Curro Romero y el periodista Luis Carlos Peris. / L. C. P.

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Iba a cumplir setenta y seis años el próximo 15 de abril, Lunes Santo de un año que se nos está llevando tanta sangre de nuestro mismo grupo. Rogelio Sosa Ramírez era coriano y ejerció de coriano toda su vida, que los hombres de ese punto de la margen derecha se las avían como nadie para llevar su patria chica hasta el fin del mundo… si eso fuera posible. Se ha muerto Rogelio, el de la zurda de caoba, una de las más auténticas barras de cuantas compone el escudo del Real Betis Balompié, quizás el futbolista que más encerraba en sus entrañas la idiosincrasia de su club de toda la vida.

Rogelio fue uno de los numerosos hijos que dio esa Baracaldo del Sur que fue Coria cuando el hambre incitaba a la carrera tras una pelota en el Prado, un auténtico semillero de futbolistas de casta. Y allí jugó de niño en el Victoria y de mayor en el Betis, sólo en el Betis tras dos breves cesiones a Tomelloso y Ponferrada, mayormente para que fuera lustrando un físico que nunca fue su punto fuerte. Esa merma física hizo que ciertos entrenadores no confiasen en él, pero en el Betis tenía vara alta Andrés Aranda, un hombre que siempre confió en su mágica zurda, como de otra galaxia.

Era un espectáculo verlo en juveniles hacer encajes de bolillo sobre la tierra de la Residencia, cómo se entendía con el palaciego Ildefonso Mendozá, el campo de los Salesianos de Triana, pero ese físico... Y un día hubo un entrenador que confió en él, dándole la oportunidad de jugar al lado de sus ídolos, preferentemente junto a Andrés Bosch, el espejo en que Rogelio se inspiraba. "Niño, cuando las cosas no salen hay que pararse un minuto con los ojos cerrados y pensar". Fue esa sentencia el punto donde Rogelio se apoyó para hacer carrera en la elite.

Ese entrenador que puso en él su confianza fue Fernando Daucik, alineándolo en el primer partido de la Liga 62-63 contra el Real Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. Formó el Betis aquel día con Corral; Colo, Ríos, Areta; Montaner, Bosch; Portilla, Luis, Ansola, Senekowitsch y Rogelio. A partir de ahí y hasta el 12 de febrero de 1978 en Cádiz, el Betis era, prácticamente, Rogelio y diez más. Fue el futbolista con más rico anecdotario de cuantos defendieron las trece barras y se le quedó para los restos lo de la Zurda de Caoba, acepción que acuñó el periodista y sevillista José Antonio Blázquez.

Una vez en Mallorca se jugaba el equipo un partido clave y Barrios casi se le pone de rodillas para darle la consigna: "Rogelio juega por donde te dé la gana, pero, por favor, corre esta tarde". En otra ocasión, Miguel, efímero entrenador del Betis, le exigía más de la cuenta en un ejercicio de flexibilidad que Rogelio hacía a su manera: "Rogelio doble más, más, mucho más, y si se rompe ya pondremos a otro". Y por lo bajini, el coriano le contestó; "Eso digo yo, que ya vendrá otro". Y Miguel duró dos partidos más, si acaso.

Su eclosión fue en el Trofeo Carranza de 1964, aquel que el Betis jugó por vez primera y que ganó contra todo pronóstico. Eso fue tras una temporada en que Balmanya lo alineó menos de lo esperado y en un verano que pudo acabar en el Calvo Sotelo con Posada y Portilla. Pero Rogelio confiaba en sí mismo y sólo el Betis estaba en su punto de mira. Cádiz lo catapultó al estrellato y también en Cádiz vestiría por última vez la verde, blanca y verde. Otro dato anecdótico es que la primera vez que Julio Cardeñosa, sombreros fuera, jugó en el Betis fue en el homenaje a Rogelio, agosto de 1974.

La vida de Rogelio es comerse un huevo duro durante un derbi en Nervión, compartir con Quino fervores del beticismo, poner a Griffa al borde del infarto con una tostá en el viejo Metropolitano, decirle a Szusza que correr es de cobardes, revelarse como un experto cabeceador en el ocaso de su carrera por indicación del propio Szusza y hacer de leal ayudante de varios entrenadores del Betis con especial predilección por Lorenzo Serra y por su amigo del alma Luis Aragonés, el hombre que seguramente habrá hecho de auxiliar de San Pedro para abrirle las puertas del Cielo. Descansa en paz, amigo mío.

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