El derbi es un estado de ánimo
Las sensaciones de Betis y Sevilla han cambiado de forma radical con respecto a hace una semana · Los de Pellegrini vienen de un traspiés y los de Almeyda tras un balsámico triunfo en Getafe
De entre las aportaciones de Jorge Valdano al fútbol están un campeonato del Mundo como futbolista en activo con Argentina en México 86 –aunque gracias básicamente a Maradona– y una Liga con el Real Madrid como entrenador. Bastante más valor que esto último, el hacer debutar a un tal Raúl González Blanco en el equipo merengue, pero por lo que más se le recuerda es por sus asertos filosóficos, frases lapidarias que quedaron para la historia tras salir de su barroca y relamida verborrea argentina.
Célebre fue su certero tino en frases como “el miedo escénico”, referido a comparecer bajo la grandeza del Santiago Bernabéu, o aquello de que “el fútbol es un estado de ánimo”.
No obstante, ni siquiera aquí hay unanimidad, pues algunos atribuyen la autoría de esta frase que tiene que ver más con las dinámicas psicológicas que con el fútbol al técnico italiano que llevó el Catenaccio a otra dimensión, Arrigo Sachi.
El contenido pasa a ser en Sevilla el continente y el fútbol dos semanas al año cambia sus seis letras por otras cinco, las que, unidas, forman el vocablo derbi.
Y el derbi, en Sevilla, sí que es un estado de ánimo, con permiso de Valdano o de Sachi. Si el termómetro se aplicara hace justo una semana las sensaciones serían totalmente distintas a como son ahora. El Betis con el pecho inflado como el de un palomo tras sumar en Mallorca la tercera victoria consecutiva y al verse más cerca que nunca de Villarreal y Atlético en la carrera por la Champions. El Sevilla con una sanción histórica sobre su entrenador y una nueva exhibición de impotencia ante un adversario directo, el Alavés.
Pero la máxima rivalidad en esta ciudad esconde una magia especial que hace que nada sea lo que parece a simple vista. Lo de que no hay favoritos ya cansa por aburrido: todos lo gritan, pero ninguno lo piensa.
La tortilla se vuelve de cara en la sartén en un momento y las previsiones, tanto si son de inteligencia artificial como de lógica natural, no sirven para nada.
El Betis, por plantilla, por once y por dirección técnica, es mucho mejor equipo que el Sevilla. Ganó, con autioridad además, el derbi de la primera vuelta en el Ramón Sánchez-Pizjuán (0-2), pero lo que menos podía esperar era que llegaría con el pie cambiado al nuevo escenario de esta confrontación histórica, el estadio cartujano que hace las veces de santuario heliopolitano.
El Sevilla de Matías Almeyda, en cambio, de estar algo mejor que muerto, ha cobrado una vitalidad que desea –y espera– que le otorgue una energía especial que le permita competir con sus armas y multiplique sus emociones. Los nervionenses apelan al factor anímico para plantarle cara a un equipo que futbolísticamente quizá lo supere en todas las facetas, pero este plus puede darle alas en la única opción a la que pueda agarrarse, la intensidad y ponerle a cada disputa más ardor que el contrario.
La Cartuja
El espectacular recinto que sirve de provisional templo verdiblanco ofrecerá una estampa distinta, una impronta visual desconocida en la historia de los derbis. El bético se ha adaptado bien a La Cartuja y el estadio, con una sonoridad especial, responde bien a equipo y a afición. Aunque esto es como todo: los que mandan son los resultados, en este caso las victorias.
Para los seguidores sevillistas, que acudirán en cifra de 600 –el desplazamiento escoltado por la Policía será una novedad añadida–, servirá para testar una remota posibilidad de futuro, pues muchos no ven claro el destino que espera al Ramón Sánchez-Pizjuán, al nuevo y al actual... Y si la anunciada reconstrucción del vetusto templo de Eduardo Dato cobra forma forzosamente tendrá que producirse, alguna vez, la mudanza.
Sin Isco ni Vargas
Casi no están en el día a día porque llevan meses fuera de sus equipos, pero el del domingo será un derbi marcado también por ausencias de estrellas que han dejado su maestría en otros duelos. Al bético Isco Alarcón y al sevillista Rubén Vargas prácticamente ni se les echará de menos, pero el vacío en sus equipos estará, en especial el suizo en un Sevilla muy huérfano de actores determinantes.
Será un derbi para que aparezcan los Antony, Cucho o Fornals por un lado y los Akor Adams, Sow o Ejuke por otro. En el equipo de Almeyda primará la colectividad y se sueña con algo que casi siempre se produce: la aparición del futbolista con el que nadie contaba para decidir.
Respeto entre técnicos
Ha habido épocas en las se ha asistido a una absurda tensión en los banquillos, con egos muy marcados y una desafiante ostentación de los colores propios contra los ajenos.
De Pellegrini no hay mucho que decir. Su trayectoria es tan vasta como ejemplar y Almeyda, que tiene aún fresco su aprendizaje y sus primeros pasos en Sudamérica, prácticamente lo idolatra. El chileno ha estado en su sitio al criticar públicamente la desproporcionada sanción impuesta a su colega y éste no ha tardado en responder como lo que –encima– es, una persona honesta y de ley. “Eso es fútbol, fútbol de hombres, de respeto, de honor... Estamos hablando de un señor del fútbol”, decía el argentino en Getafe cuando le trasladaban la respuesta del entrenador verdiblanco.
Éste, que ha visto de todo, ha captado que Almeyda, independientemente de su valor como técnico, es un profesional que va de cara y que se viste por los pies.
El arbitraje
En estos tiempos que corren que un árbitro pase desapercibido en un partido se ha convertido en un mirlo blanco. Si encima el VAR no lo lleva a la confusión con el vídeo frame a frame ya estamos hablando de un unicornio azul. En el derbi de la prmera vuelta el Comité Técnico de Árbitros hizo un experimento eliminando el criterio de proximidad geográfica que impedía, por ejemplo, a colegiados andaluces pitar partidos a Betis y Sevilla. El jiennense Munuera Montero dirigió el derbi de Nervión y el catalán García Verdura el Espanyol-Barça, pero nada más se supo de esta medida.
Con la sanción de siete partidos a Almeyda aún fresca –lo que hará que Javi Martínez vuelva a ser el que dirija al equipo desde el banquillo–, está claro que el foco estará en la designación y en cada decisión del elegido. Los ánimos están muy a flor de piel y el Sevilla, por su forma de jugar, es el equipo más castigado en forma de tarjetas.
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