Carmen de la Fuente / Presidenta de la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semiuc) “Muchos profesionales están necesitando ayuda para salir del bache”

  • La directora de la UCI del Hospital Reina Sofía y portavoz de los intensivistas andaluces, analiza el desgaste emocional sufrido por el personal sanitario en este año de pandemia

  • De la Fuente subraya que "se ha visualizado poco el sufrimiento que se vive dentro de las Unidades de Cuidados Intensivos”

La doctora De la Fuente preside la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semiuc) La doctora De la Fuente preside la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semiuc)

La doctora De la Fuente preside la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semiuc) / MIGUEL ÁNGEL SALAS

–¿Recuerda, hace un año, el momento en el que vio que esto podía ser una pandemia global?

–Recuerdo una conversación con una compañera de Barcelona que me puso los pelos de punta y que me advertía que esto no era cualquier cosa. Estuvimos atentos a las noticias que llegaban de otros países. Y recuerdo ese miedo que al principio nos invadía. Hubo falta de materiales, tuvimos que diseñar los aislamientos, fue un momento de mucha incertidumbre y de un trabajo muy intenso. Ahora conocemos más de la enfermedad pero hay más cansancio físico y psicológico. Durante la primera oleada tuvimos la suerte de que, a excepción de Málaga y Granada, el azote fue un poco menor que en otras zonas de España y se pusieron en marcha los planes de contingencia. Faltaban recursos estructurales y tuvimos que reinventarnos. Somos una especialidad acostumbrada a adaptarse. En la segunda y tercera oleada estábamos más preparados pero aún así tuvimos que reconvertir algunas áreas en nuevas zonas de Cuidados Intensivos.  

–¿Ahora vivimos una cuarta ola?

–No estamos en los niveles de las segundas y terceras olas. Aun así, la denominación es algo epidemiológico. Desde mi posición, estamos tardando ahora más tiempo en la salida de las UCIS pero eso quiere decir que hay más supervivencia. Vemos que la ocupación de las UCIS sigue siendo alta y no hemos llegado al valle, tras la curva, de oleadas anteriores. Ahora estamos temiendo el efecto de estos días de vacaciones y el incremento de las reuniones familiares .

–Hace un año afirmaba que estábamos bien preparados para lo que se preveía. ¿Cree que estaba en lo cierto?

–En ese momento estábamos dando un mensaje de esperanza a la población. Nuestra especialidad tiene mucha preparación para hacer frente a procesos infecciosos en UCIS. La primera ola dio tiempo a redefinir y planear. Aun así, creo que uno no está suficientemente preparado para algo como lo que estamos viviendo. La pandemia era algo inesperado y nos hemos ido adaptando. Pero, más allá de los recursos estructurales, hay que subrayar el desgaste de los profesionales que han hecho un esfuerzo muy importante aumentando turnos y guardias. Cada vez nos coge más cansados y hace más mella el incremento de casos. Ahora los profesionales estamos más seguros, vacunados y tenemos medios de protección adecuados.  

–¿Hay cambios o aprendizajes que hayan venido para quedarse?

–De cualquier situación  se saca un aprendizaje y en este caso no solo desde el punto de vista médico, sino  humanístico y de la organización de los profesionales. Se ha realizado una inversión en tecnología y recursos, como respiradores, sistemas de oxigenación extracorpórea o plataformas para que los profesionales estemos mejor conectados. Todo eso se va a quedar, lógicamente. También se ha mejorado el aislamiento máximo de determinadas zonas. En general, hemos tenido mucho aprendizaje y quedará un poso muy importante de cómo han trabajado los equipos y la respuesta que podemos dar.

–Estáis muy cerca de pacientes y familiares en momentos muy especiales. ¿Cómo llevar esa sobreexposición al dolor humano?

–Ese ha sido un tema muy duro. Antes de la pandemia, la mayoría de las UCI habían evolucionado para facilitar el acceso de los familiares y esto ha sido un paso atrás. Hemos hecho esfuerzos para que se sintieran acompañados, haciendo videollamadas y facilitando de alguna manera el contacto con las familias. Hemos tenido una respuesta maravillosa de las familias y hemos hecho todo para que puedan despedirse. El sentimiento de los profesionales era de gracias, por estar ahí, pero de disculpas por no poder facilitar el contacto y la compañía como a todos nos gustaría.

"La gente oye muchas cifras y datos y cree que no les va a afectar, pero le puede tocar a cualquiera”

 –¿Ha sido un desgaste añadido a nivel emocional?

– Así es. Temer por nosotros mismos, los pacientes y sus familias genera un desgaste psicológico añadido. Me consta que muchos profesionales están necesitando ayuda para salir del bache. 

–¿Qué mensaje podría trasladar a la gente que está cansada de las medias pero no conocen la realidad que se vive en los hospitales y la trascendencia de todo esto?

–Creo que se ha visualizado poco el sufrimiento que se pasa en las UCIS. La gente oye muchas cifras y datos y parece que no les va a tocar. Estás aquí y ves a familias enteras que se han visto afectadas, que han tenido que ingresarles y han pedido más de un familiar. Todo eso se debería visualizar un poco más. Parece que hay un exceso de datos y una carencia de relatos de cómo están siendo estas vivencias. A todos nos corresponde una parcela de responsabilidad. Los profesionales han dado todo hasta, literalmente, la extenuación. A todos nos toca la responsabilidad de frenar esta pandemia dentro del ámbito que nos compete, ya sea llevar mascarillas o privarte de algo. Esto no es una cosa banal. Es una cosa muy seria que se está llevando muchas vidas por delante. Y aun no queda aclarar las secuelas de los pacientes más graves. Sabemos además que todavía queda y habrá que hacer más esfuerzos hasta que la tasa de vacunación sea alta. Nadie está libre. Hay un perfil de mayor riesgo pero en el fondo puede tocarle a cualquiera. 

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