Facundo Viola, filósofo: "Yo tampoco soy el mismo que está entrando en ese río"

Desde la visión heraclitiana, aceptar que las personas cambian también es aceptar la naturaleza de la existencia

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Persona delante de un espejo
Persona delante de un espejo / Freepik

Una de las mayores preguntas que nos hacemos es si cambiamos. Es una cuestión que ya se hacían los presocráticos y recupera en sus redes sociales el licenciado en filosofía Fernando Viola. Según decía Heráclito en algunos de sus fragmentos, además de ser pocos, son medios oscuros. En su filosofía expresaba que todo está en constante movimiento. De hecho, compara el sumergirse a un río en dos momentos distintos de la vida del ser humano.

Las cosas se dispersan y se reúnen de nuevo, igual que se pueden aproximar y volverse a alejar. Para el filósofo griego, el hecho de que todo esté en constante movimiento, también implica que esté en un cambio continuo. "Por eso, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, simplemente, porque no es el mismo", señala Fernando Viola.

Sin duda, la segunda vez que entra en el río, esas aguas ya cambiaron. El tiempo hace que las cosas cambien y al ser todo un constante movimiento, pues ya no será el mismo. Esto no solo se aplica a los objetos, sino también a las personas. Aquellas personas que se bañan en un mismo río, están fluyendo en las mismas aguas y sus almas se evaporan en el mismo lugar.

Al igual que el río no es el mismo, la persona que entra por segunda vez tampoco lo es. Las personas si cambian tanto física como mentalmente al igual que sus gustos y la propia mentalidad. La visión heraclitiana es más ontológica que ética, pero esto es un hecho. No se trata de algo malo, sencillamente, es una lección para prestar atención a las demás personas.

La mayoría de ocasiones, se piensa que la persona que tenemos delante sigue siendo la misma. Sin embargo, no es así. Todos cambiamos y por ende, ya no los entendemos de la misma manera. Además, al cambiar los pensamientos tampoco sabemos qué ocurre en la mentalidad de las otras personas cuando ha pasado el tiempo. Las personas del otro lado que no sabemos ni conocemos también están en constante cambio.

El ser humano está atravesado por tensiones, contradicciones y transformaciones que dan forma a su existencia. Las experiencias, el paso del tiempo y los conflictos internos actúan como fuerzas que impulsan el cambio personal. Para Heráclito, el conflicto no es algo negativo, sino el motor que hace posible la armonía y el crecimiento. De este modo, los cambios que vive una persona, incluso aquellos dolorosos, son necesarios para su desarrollo.

Además, Heráclito introduce el concepto del logos, una razón universal que ordena el cambio constante del mundo. Las personas cambian, pero no de manera caótica: sus transformaciones siguen una lógica profunda, aunque no siempre sea evidente. Comprender esta lógica implica aceptar el cambio como parte natural de la vida y reconocer que resistirse a él genera sufrimiento.

Desde la visión heraclitiana, aceptar que las personas cambian es aceptar la naturaleza misma de la existencia. El ser humano no puede aferrarse a una identidad inmóvil, porque hacerlo contradice el orden del mundo. Vivir, pensar y ser significan transformarse continuamente, en un flujo constante donde el cambio no destruye al individuo, sino que lo constituye.

Referencias bibliográficas:

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