"La intimidad no desaparece de golpe": En el 60% de los dormitorios la última luz que se apaga es la de un dispositivo

A nivel individual produce varios efectos negativos por la salud y podrá acabar con un distanciamiento de la pareja

El método de la piedra gris: así se sigue el contacto con una persona que manipula o desestabiliza

Pareja mirando el móvil
Pareja mirando el móvil / Freepik

El ritual de muchas parejas cuando llega la noche es que cada uno se refugia en la pantalla del móvil. Esto tiene un gran efecto negativo, tanto en la salud como en la relación sentimental. El 70% de las parejas españolas utiliza pantallas en la cama antes de dormir y en el 60% de los casos, es la última luz que se apaga en el dormitorio.

Al principio, pensamos que solo se trata de un simple hábito, pero se ha normalizado como parte de un ritual nocturno, teniendo un alto impacto. Casi el 40% de los españoles cree que su pareja prefiere el móvil antes que al otro integrante para desconectar al final del día. No solo afecta a un público mayor, sino que tiene una fuerte repercusión en los jóvenes entre 35 y 40 años.

Las pantallas están separando a las parejas y por supuesto reducen los momentos de conversación, presencia y contacto. Uno de cada tres españoles reconoce que no suele conversar con la pareja antes de dormir y la mitad suele mirar el móvil en la cama con la pareja al lado. El 46% de los españoles afirma sentirse invisible cuando su pareja utiliza el móvil mientras están juntos en la cama, el 37% reconoce sentir culpa por dedicar más tiempo a la pantalla que a su pareja y uno de cada tres se va a dormir con la sensación de haber sido ignorado.

“La intimidad no desaparece de golpe, se va erosionando poco a poco cuando dejamos de estar presentes”, explica Anna Vicen Renner, coach experta en liderazgo personal y parejas. “La cama es uno de los últimos espacios donde la pareja puede encontrarse sin interrupciones. Cuando las pantallas ocupan ese lugar, se resiente la conexión emocional y, con el tiempo, también el deseo”.

El uso del móvil en el dormitorio no solo afecta a la conexión emocional, sino que también genera tensiones en la convivencia. El 43% de los españoles reconoce haber discutido alguna vez con su pareja por el uso del móvil en la cama, un dato que se dispara hasta el 61% entre las más jóvenes. Además, casi la mitad de los encuestados considera que las pantallas suponen una barrera directa para la intimidad y el sexo, una percepción que se acentúa entre los menores de 35 años.

“Estamos normalizando que cada uno se refugie en su pantalla justo en el momento del día que debería ser compartido”, añade Vicen Renner. “Eso genera frustración, culpa y una sensación de distancia que muchas parejas no saben cómo abordar”.

A pesar de que las parejas reconocen este impacto como negativo, el estudio revela una fuerte conciencia del problema. El 62% de los españoles desearía tener un dormitorio libre de pantallas y el 64% admite que, aunque sabe que el uso del móvil en la cama reduce la calidad del tiempo en pareja, sigue manteniendo este hábito. Entre los jóvenes, el 76% reconoce que su intimidad se ve claramente penalizada por el uso de las pantallas antes de dormir.

“Vivimos hiperconectados, pero cada vez más desconectados de quien tenemos al lado”, apunta Ana Robledo, directora de marketing de Pikolin. “Cuidar la intimidad cotidiana empieza por la cama. El dormitorio debería seguir siendo un espacio de descanso, cuidado y conexión, recuperarlo como un lugar libre de distracciones es un primer paso para mejorar la relación con nuestras parejas”.

Cuáles son los efectos negativos de usar pantallas antes de dormir

La luz azul que emiten los teléfonos, tablets y ordenadores interfiere con la producción de melatonina, la hormona responsable de regular el sueño. Esto dificulta conciliar el descanso y reduce su calidad. Además, el consumo de contenido estimulante, como redes sociales o series, mantiene al cerebro en estado de alerta, retrasando el momento de relajación. Con el tiempo, dormir mal puede afectar la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento diario. También aumenta el riesgo de ansiedad, fatiga crónica y problemas de salud física a largo plazo.

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