José Antonio Molina, psicólogo experto en adicciones: "Si el consumo de tabaco está asociado a factores emocionales, la dependencia es más potente"

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Dejar de fumar
Dejar de fumar / Canva

¿Cuánto dura el mono cuando dejamos el tabaco? Dejar de fumar, ya sea tabaco tradicional o cigarrillos electrónicos, es para muchas personas un camino duro sobre todo el que tiene que atravesar enfrentándose al síndrome de abstinencia. Este proceso de desintoxicación no solo implica síntomas físicos, sino que también nos produce una fuerte carga psicológica. La nicotina, que es la principal sustancia adictiva del tabaco, actúa directamente sobre nuestro cerebro, creando una poderosa dependencia que se manifiesta de distintas formas cuando se intenta abandonar el hábito.

Por otra parte, hay que puntualizar que la lucha por dejar de fumar es única en cada persona, ya que está condicionada por factores físicos, emocionales y sociales y lo primero de todo es comprender cómo funciona esta adicción y cuáles son sus fases para poder superarla con éxito. Vamos a ver, a continuación, cuáles son esos mecanismos que nos produce el "mono" físico y psicológico, cómo influyen los tratamientos y qué papel desempeñan los vapeadores en esta nueva etapa del tabaquismo.

El mono físico: el cuerpo reclama su dosis de nicotina

La nicotina actúa rápidamente en el organismo. Al inhalar el humo de un cigarrillo, esta sustancia pasa de los pulmones a la sangre y llega al cerebro en apenas 7 a 10 segundos. Allí, se fija en unos receptores específicos que generan una sensación de placer y bienestar. Pero cuando una persona deja de fumar, esos receptores quedan en estado de espera, provocando una sensación de malestar por la ausencia de la nicotina.

"La nicotina utiliza a unos receptores cerebrales determinados para crear esa sensación de placer, pero en el momento que una persona deja de fumar esa sensación se convierte en malestar", explica el doctor Vidal Barchilón, coordinador andaluz del Grupo de Abordaje al Tabaquismo de la semFYC.

La dependencia física a la nicotina puede durar entre tres y seis semanas. Durante ese periodo, son frecuentes síntomas como dolor de cabeza, alteraciones del sueño, tos o expectoración. En muchos casos, una sola calada puede reactivar la adicción.

Cada persona tiene una tolerancia distinta a la dependencia, influida por factores como el número de cigarrillos al día, el tiempo de consumo acumulado y el sexo. Por ejemplo, las mujeres pueden tener mayor sensibilidad a la nicotina, lo que complica su deshabituación.

¿Qué ayuda durante esta etapa?

  • Tratamiento farmacológico y apoyo cognitivo-conductual.
  • Cambios en los hábitos: evitar dulces, cortar fruta y verdura en trozos pequeños para no comer tanto.
  • Ejercicio físico regular.
  • Reconocer beneficios inmediatos: en 72 horas se recuperan el olfato y el gusto, se respira mejor y desaparecen ciertos dolores.

Además, medidas externas como aumentar los espacios sin humo o encarecer el precio del tabaco, pueden favorecer un entorno propicio para dejar de fumar.

El mono psicológico: la batalla mental contra la adicción

Superada la fase física, comienza el verdadero reto: la dependencia psicológica. Esta es más compleja y duradera y suele estar asociada a factores sociales, emocionales y de personalidad. José Antonio Molina, psicólogo experto en adicciones manifiesta que "si el consumo de tabaco está asociado a factores emocionales, la dependencia es más potente".

Aunque una persona pueda estar meses o incluso años sin fumar, ciertos estímulos (una situación estresante, una reunión social, una llamada telefónica) pueden reactivar el deseo. Este fenómeno se conoce como respuesta condicionada: el cerebro asocia ciertas rutinas al acto de fumar. Algunas personas incluso sueñan que están fumando, lo que refleja la permanencia del deseo inconsciente.

"La dependencia psicológica es más compleja que la física" — José Antonio Molina - Psicólogo experto en adicciones

Los condicionantes psicológicos incluyen la genética (padres fumadores), la asociación del tabaco con momentos placenteros (salidas, cafés, llamadas telefónicas), y rasgos personales como impulsividad o baja tolerancia a la frustración. Por eso, cuando el cigarrillo se ha utilizado para calmar la ansiedad o sustituir la comida, la dependencia emocional es aún más fuerte.

Algunos pacientes sueñan que están fumando, lo que refleja cómo el deseo sigue latente en el subconsciente. En estos casos, es normal despertarse con culpa o con la sensación de haber recaído. En este sentido, los expertos aconsejan tener una motivación sólida como una medida clave para resistir a las posibles recaídas. Recibir un diagnóstico médico preocupante o ver a un ser querido enfermo, pueden ser fuertes desencadenantes para dejar el tabaco. Sin embargo, hay personas que enfrentan una "patología dual", es decir, además del tabaquismo, padecen depresión o trastornos de ansiedad, lo que complica aún más el proceso.

Identificar la función que cumple el tabaco en nuestra vida es esencial: si sirve para calmar la ansiedad, es conveniente practicar técnicas de relajación; si se usa como método de control del apetito, será necesario aprender nuevos hábitos alimenticios.

Alerta con los vapeadores: una nueva trampa

Aunque los cigarrillos electrónicos se promocionan como una alternativa más segura, también contienen nicotina y otras sustancias químicas potencialmente dañinas. Su diseño, sabores y estética los hacen especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes.

"Los nuevos dispositivos persiguen el negocio a costa de la salud de los más jóvenes", advierte Josep María Suelves, del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo. El uso de vapeadores ha aumentado entre adolescentes de 14 a 18 años, y puede convertirse en una puerta de entrada al tabaco tradicional. Aunque los jóvenes hoy fuman menos cigarrillos que generaciones anteriores, el patrón de dependencia se está repitiendo. Por ello, las autoridades sugieren que se debe establecer nuevas regulaciones legales para proteger a los menores, así como también aumentar la concienciación social sobre los riesgos reales de los vapeadores.

Dejar de fumar no es solo un acto de voluntad, sino un proceso complejo que implica cuerpo, mente y entorno. Comprender la adicción, apoyarse en tratamientos adecuados y mantener una motivación clara son claves para superar tanto el mono físico como el psicológico. Además, prevenir nuevas formas de adicción, como el vapeo en adolescentes, es fundamental para evitar perpetuar un problema de salud pública.

Abandonar el tabaco es un desafío, sí. Pero también una decisión transformadora, que devuelve calidad de vida, salud y libertad.

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