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Las migrañas, un problema más allá de un simple dolor de cabeza

  • El 'Atlas de la Migraña' revela datos sobre una patología discapacitante que es estigmatizada

Participantes en la presentación del estudio que ha contado con la participación de la Universidad de Sevilla. Participantes en la presentación del estudio que ha contado con la participación de la Universidad de Sevilla.

Participantes en la presentación del estudio que ha contado con la participación de la Universidad de Sevilla. / E P

Una migraña no es solo un dolor de cabeza, sino que es una enfermedad que incluye otros muchos más síntomas, tales como falta de concentración, náuseas o incluso pérdida de visión. De hecho, se considera la segunda enfermedad neurológica más discapacitante en años perdidos de vida. Esto significa que si una mujer padece migraña en torno a dos días a la semana desde los 14 años, a sus 54 años, tras cuarenta años de enfermedad, habría perdido más de diez años de vida normal. Como poner cifras ayuda a dar visibilidad a una enfermedad que está estigmatizada, e infravalorada, quizás porque afecta más a mujeres que a hombres, la Asociación Española de Migraña y Cefalea y el Grupo de Investigación Health & Territory Research de la Universidad de Sevilla, en colaboración con Novartis, han creado el Atlas de la Migraña en España 2018.

Para realizar el mismo han participado más de 1.200 pacientes y se han podido extraer datos tan representativos como que cerca del 13% de los españoles padece migrañas, de los cuáles el 80% son mujeres entre los 20 y 40 años. Distinguiendo entre la migraña crónica -la que se padece más de 15 días al mes- y la episódica, se estipula que en el primer caso la discapacidad muy grave alcanza el 69,7 % de las personas. Es por ello que el 24% de las personas con migraña crónica estuvieron de baja laboral en los últimos doce meses.

En el último año, una cuarta parte de las personas afectadas han estado de baja laboral

Para Patricia Pozo, responsable de la Unidad de Cefalea del Hospital Universitario Vall d'Hebron, durante las crisis "es como si tu cerebro estuviera en una silla de ruedas". Los motivos por los que esto ocurre cada vez se conocen mejor, aunque no se trata de un gen concreto, sino más bien de una forma diferente de funcionar de algunos cerebros, "algo así como un problema con el software". Para hacerlo más comprensible, la experta relata que algunas personas tienen una forma diferente de procesar la información, y que cuando el cerebro se satura por el exceso de la misma, necesita hacer un reset, y este se produce en forma de migraña. Además, se da el caso de que "hay un componente hereditario en el 75% de los casos". Por lo que en ocasiones más allá del impacto laboral, existe un importante impacto familiar, más cuando las migrañas se dan, no siempre a la misma vez, en diferentes personas en un mismo hogar.

El gran problema de la migraña es que no se le da suficiente importancia, y por ello no siempre se busca ayuda. Como apunta Isabel Colomina, presidenta de Aemice "es importante educar a los pacientes", ya que además de los tratamientos, es clave cambiar ciertos hábitos de vida para reducir el número de crisis, mejorando la calidad del sueño, comiendo siempre a las mismas horas o reduciendo en lo posible el estrés.

Al respecto de los tratamientos, Pablo Irima, neurólogo responsable de la Unidad de Cefaleas de la Clínica Universidad de Navarra, insiste en que "es necesario que los pacientes acudan al neurólogo para recibir un diagnóstico", que actualmente tarda en conseguirse en torno a 6 o 7 años. Y es que el atlas revela que "hay una gran desconexión de estos pacientes con el sistema", puesto que el 20% de los mismos no va al médico, y de los que sí lo hacen, "el 50% abandona". En este sentido el neurólogo insiste en que falta dar más información a los pacientes, pero también generar más empatía en los profesionales.

Los tratamientos farmacológicos se dividen entre aquellos que se utilizan para los momentos de crisis, que debido a que no siempre es posible prever las mismas pueden no tener tanta efectividad, o tratamientos preventivos, que se han de consumir de forma crónica. "Pero cuando los pacientes no sienten dolor, los olvidan, y pierden efectividad", según Irima, que también recuerda que otros muchos pacientes abandona debido a los efectos secundarios. Es por ello que además de una mayor sensibilización e información, el otro gran reto es la necesidad de tratamientos más seguros y efectivos.

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