La Universidad de Rochester inicia un nuevo proyecto sobre un fármaco que ralentizará el proceso de envejecimiento

Uno de los análisis de esta investigación son los retrotransposones que son los fragmentos que se multiplican con el envejecimiento

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La Universidad de Rochester ha sido seleccionada para recibir 22 millones de dólares de una agencia federal en Estados Unidos. El objetivo principal es probar si un medicamento podría ralentizar el proceso del envejecimiento humano. Este medicamento es un antiviral. El doctor Mauricio González explica que diferentes estudios muestran que los virus juegan una parte muy grande en el envejecimiento humano.

Uno de los análisis que se plantean en el estudio son los retrotransposones. Estos son pequeños fragmentos antiguos de material genético de origen viral que residen en nuestro ADN desde hace millones de años y que viven ahí sin dar problemas hasta que envejecemos. Con la edad, estas secuencias de fragmentos virales se activan liberando copias de ADN de virus y nuestro cuerpo lo interpreta como invasores, lo que genera inflamación crónica, lo cual acelera enfermedades como el cáncer, diabetes y neurodegeneración.

Y este equipo de investigadores evaluará si el antiviral TPN-101 en 200 adultos sanos entre 60 y 65 años puede mejorar y van a medir movilidad, funcionalidad y otros marcadores. Si los resultados son positivos, este proyecto podría sentar las bases de una nueva categoría de terapias anti-envejecimiento capaces de actuar sobre mecanismos biológicos mucho más profundos. Sin lugar a dudas, esta es una investigación prometedora que podría redefinir el futuro del envejecimiento.

Qué es el antiviral TPN-101

Es un fármaco en investigación que ha despertado interés en el ámbito biomédico por su potencial para tratar infecciones virales crónicas, especialmente aquellas asociadas con retrovirus. Este compuesto pertenece a una nueva generación de antivirales diseñados para interferir con procesos clave del ciclo de replicación viral, con el objetivo de reducir la carga viral y limitar el daño celular a largo plazo.

Uno de los aspectos más relevantes de TPN-101 es su mecanismo de acción. A diferencia de los antivirales clásicos que suelen inhibir enzimas virales específicas, este compuesto actúa sobre la transcriptasa inversa, una enzima fundamental en el ciclo de los retrovirus. La transcriptasa inversa permite que el material genético viral, compuesto por ARN, se convierta en ADN e ingrese en el genoma de la célula huésped. Al bloquear este proceso, TPN-101 busca impedir la integración del virus y frenar su propagación dentro del organismo.

El interés científico en TPN-101 también se relaciona con su posible aplicación en enfermedades donde se sospecha la participación de elementos retrovirales endógenos, es decir, fragmentos de antiguos retrovirus integrados en el ADN humano a lo largo de la evolución. En ciertas patologías neurológicas y autoinmunes, algunos investigadores han planteado la hipótesis de que la activación anómala de estos elementos podría contribuir a la inflamación o al daño tisular. En este contexto, un antiviral capaz de modular esa actividad podría tener un impacto terapéutico innovador.

Además, los estudios preliminares han evaluado la seguridad y tolerabilidad de TPN-101 en ensayos clínicos tempranos. Estos estudios iniciales son fundamentales para determinar la dosis adecuada y detectar posibles efectos adversos antes de avanzar hacia fases más amplias de investigación. Aunque los resultados disponibles hasta ahora son alentadores, es importante subrayar que el desarrollo de un medicamento es un proceso largo y riguroso, que requiere múltiples etapas de validación científica y regulatoria.

Referencias bibliográficas:

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