El Palquillo

El Cristo de la Conversión protagoniza un bello e íntimo Vía Crucis de las Cofradías

  • El Crucificado de la Hermandad de Montserrat protagoniza unos traslados plenos de belleza.

  • El arzobispo, monseñor Asenjo, ausente en la Catedral.

Un Viernes Santo en plena cuaresma. Bajo un sol radiante que obligaba a refugiarse bajo la exigua sombra de los plátanos, salía el Cristo de la Conversión de Montserrat para participar en el Vía Crucis de las Cofradías. Erguido y majestuoso, el Crucificado tallado hace 400 años por Juan de Mesa cruzaba su mirada con la miles de personas que salieron ayer a su encuentro. No podía haber elegido el Consejo, entonces todavía presidido por Antonio Piñero, una advocación más atinada para este rezo piadoso. Conversión. Ése es el camino de la cuaresma, del tiempo de preparación hacia la Pascua del Señor. La conversión, como siempre recuerda el arzobispo, monseñor Asenjo, que en su carta pastoral más reciente animaba a los fieles de la Archidiócesis a practicar el rezo de vía crucis durante la cuaresma. A la conversión a través del portentoso Cristo de la Conversión.

Precisamente la de monseñor Asenjo fue la ausencia destacada del rezo del vía crucis en el interior de la Catedral. El prelado continúa recuperándose de su reciente operación. Los traslados para el vía crucis organizados por la Hermandad de Montserrat respondió a la perfección a lo que se esperaba. Como el año pasado lo hizo la Hermandad de Torreblanca, cuyo barrio se volcó y acudió en masa a acompañar al Señor Cautivo ante Pilatos. El de Montserrat fue un vía crucis de centro, con el ambiente propio del Viernes Santo. Un cortejo moderado, de contenidas proporciones, de hermanos con años de devoción a sus espaldas, como revelaba el azul y el amarillo de los cordones de las medallas desgastado.

El Cristo de la Conversión en la Catedral. El Cristo de la Conversión en la Catedral.

El Cristo de la Conversión en la Catedral. / Juan Carlos Vázquez

Pocos minutos después de las cinco y media de la tarde se abrían las puertas de la histórica capilla para alivio de los muchos hermanos que la llenaban y sufrían el intenso calor. La cruz de guía plateada avanzaba hacia el compás de San Pablo mientras el público que no se quiso perder la salida se arrimaba a los edificios buscando la sombra. En la antepresidencia, la consejera de Cultura y Patrimonio de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, hermana de la corporación, no quiso perderse la cita tan esperada y acompañó al Cristo de la Conversión en el traslado. La consejera ya ha acompañado a dos hermandades en dos importantes actos durante la cuaresma. El pasado jueves estuvo en la Macarena en la presentación del cartel de Manolo Cuervo. Allí hizo una encendida defensa de las hermandades y el papel que desempeñan en la sociedad.

El Cristo de la Conversión fue cosechando elogios a su paso. La decisión de la hermandad de llevar el Cristo en posición vertical ha sido todo un acierto. Como lo han sido las andas que preparadas por la cofradía, embellecidas con el moldurón del paso de la Pura y Limpia del Postigo y los faroles del Cachorro. Apuesten a que no será la última vez que estas andas son utilizadas para un vía crucis.

Sevilla descubrió al Cristo de la Conversión en la tarde de ayer. Como hizo lo propio con Juan de Mesa cuando en 1930 Heliodoro Sancho Corbacho documentaba la autoría del Señor del Gran Poder, rescatando del olvido a este discípulo aventajado de Montañés que en pocos años dejó algunas de las imágenes capitales de la Semana Santa. El Cristo de la Conversión es una de ellas. Poderoso y a la vez contenido. Sereno. Adelantando la apoteosis de la Agonía de Vergara.

El Cristo de la Conversión de Montserrat por la calle Alemanes. El Cristo de la Conversión de Montserrat por la calle Alemanes.

El Cristo de la Conversión de Montserrat por la calle Alemanes. / Juan Carlos Vázquez

Las personas que se echaron a la calle en el primer lunes de cuaresma pudieron admirar en su plenitud al Crucificado. Cruzaron sus miradas con él. Se deleitarse con su pliegues, con su anatomía poderosa. El barroco, en una palabra. También acertó la hermandad en la elección del recorrido. Calles como Sagasta, Álvarez Quintero, Chapineros o Francos, permitieron disfrutar de la imagen en la distancia corta. El Cristo emergía poderoso en estas calles dejando ver su gran envergadura. "Esto es histórico", comentaban unos hermanos que salían de portar la andas.

El Cristo de la Conversión de Montserrat por la Plaza del Salvador. El Cristo de la Conversión de Montserrat por la Plaza del Salvador.

El Cristo de la Conversión de Montserrat por la Plaza del Salvador. / Antonio Pizarro

En la Plaza del Salvador los foráneos se entremezclaban con los guiris que no sabían muy bien qué estaba pasando. La mirada de la Conversión se cruzó con la de los residentes de la San Juan de Dios, que rezaban asomados a los balcones. "Es mucho más fácil verlo así que tumbado. Se aprecia mucho mejor que en Semana Santa", señalaban dos jóvenes que no paraban de hacer fotos con sus teléfonos móviles. Como también lo hacían las muchas personas que ocupaban las gradas del Salvador. Mientras el cortejo buscaba la Catedral por Argote de Molina y Francos, en la Plaza de San Francisco un grupo de jóvenes apostados a las puertas del edificio de la antigua Audiencia esperaban a los últimos triunfitos de moda. "Una fama efímera, no como la de Juan de Mesa que 400 años después sigue despertando admiración", acertaba a decir un destacado cofrade mientras daba un rodeo para reencontrarse con el Cristo.

Los ecos de la escolanía de María Auxiliadora alertan de la llegada del Cristo a la Cuesta del Bacalao. Los fieles que acompañan a la hermandad tienen que sortear las numerosas mesas en las que los guiris degustan paellas prefabricadas. Avanza el cortejo con algo de retraso. En el Palacio Arzobispal esperan el alcalde, Juan Espadas, junto a otros miembros de la corporación municipal para hacer un relevo. “Estas andas pesan”, advierte un edil. Llega la Hermandad de Montserrat a la Catedral. Las campanas de la Giralda dan buena cuenta de ello. La gran cantidad de fieles que acompañan al Cristo de la Conversión se quedan para un rezo que finalizó casi a las 21:30. Emprendió entonces el Crucificado el regreso al antiguo compás, regalando estampas aún más íntimas y sublimes. Como el Viernes Santo. Pero ayer no había ni ladrones, ni dorados, ni cornetas desgarradas. El protagonismo fue para la Conversión. La del alma y el de Juan de Mesa.

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