Oliverio Girondo o cómo describir la Semana Santa con el surrealismo

Literatura

El poeta argentino Oliverio Girondo visitó nuestra fiesta mayor y la recogió en sus crónicas

Fue un autor muy vinculado al movimiento ultraísta y ofreció una visión muy distinta a lo existente

El Santo Entierro Grande de 1920: una procesión insólita y un invitado de excepción

En sus libros también realizó una serie de ilustraciones para acompañar los textos
En sus libros también realizó una serie de ilustraciones para acompañar los textos / Oliverio Girondo

Hace justo un siglo, en los incipientes calores del mes de mayo de 1923 -felices años- la Semana Santa vería renovada su manera de ser contada y descrita. Paseaba por la ciudad Oliverio Girondo (1891-1967), poeta argentino que revirtió la vanguardia literaria en Latinoamérica. Nació en una familia acomodada, bien posicionada, y desde muy joven practicó viajes por Europa, tierra que le terminó fascinando. Tanto es así que acordó con sus padres que continuaría estudiando la carrera de Derecho siempre y cuando le permitieran viajar al viejo continente durante los meses de verano.

El poeta Oliverio Girondo
El poeta Oliverio Girondo

Girondo, cuya obra destacaba, resumidamente, por su constante experimentación y el desarrollo de lo onírico, recorrió durante 1920 y 1921 varios países europeos. Conmovido e influenciado por un continente de posguerra, donde infinidad de movimientos artísticos surgían y confluían, publicó Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, un hito que marca el nacimiento de la vanguardia literaria en América del Sur. Sin embargo, su ánimo insatisfecho y su espíritu incontenible siempre le motivaron a escribir sobre las manifestaciones populares.

Como decimos, en mayo de 1923, este poeta visitó Sevilla y su Semana Santa. Sus impresiones y pareceres los recogió en Calcomanías, un libro publicado en 1925, donde la prosa poética es el formato predominante. Cierra este poemario un texto, bajo el nombre Semana Santa, donde se hace un recorrido casi diario de las jornadas pasionistas. Con un humorismo feroz, y señalando algunas prácticas que considera arcaicas y teatrales, el poeta en el fondo se muestra fascinado por la fiesta. tan solo hay que leer la dedicatoria: "A Miguel Ángel del Pino, que, con una exquisita amabilidad sevillana, inicióme en los complicados ritos de la más bella fiesta popular".

El misterio de las Cigarreras sale de la Fábrica de Tabacos en la Semana Santa de 1923
El misterio de las Cigarreras sale de la Fábrica de Tabacos en la Semana Santa de 1923 / Universidad de Sevilla

Por resaltar y reseñar algunos de los pasajes más destacados, compartimos su iniciación en la fiesta: De repente, las puertas de la iglesia se abren como las de una esclusa, y, entre una doble fila de nazarenos que canaliza la multitud, una virgen avanza hasta las candilejas de su paso, constelada de joyas, como una cupletista. / Los espectadores, contorsionados por la emoción, arráncanse la chaquetilla y el sombrero, se acalambran en posturas de capeador, braman piropos que los nazarenos intentan callar como el apagador que les oculta la cabeza.

Como no podía ser de otro modo, Girondo conoció de primera mano la Madrugada del Viernes Santo, donde realiza una composición antropológica fascinante, incidiendo nuevamente en el carácter de las gentes: En el resto de la ciudad el resplandor de los “pasos” ilumina las caras con una técnica de Rembrandt. Las sombras adquieren más importancia que los cuerpos, llevan una vida más aventurera y más trágica. La cofradía del “Silencio”, sobre todo, proyecta en las paredes blancas un “film” dislocado y absurdo, donde las sombras trepan a los tejados, violan los cuartos de las hembras, se sepultan en los patios dormidos. / Entre “saetas” conservadas en aguardiente pasa la “Macarena”, con su escolta romana, en cuyas corazas de latón se trasuntan los espectadores, alineados a lo largo de las aceras. / ¡Es la hora de los churros y del anís!.

Por último, el bueno de Girondo ya se muestra absolutamente abatido y la concatenación de pasos le dispara la impaciencia: Alguien nos destornilla luego la cabeza, nos desabrocha las costillas, intenta escamotearnos un riñón, al mismo tiempo que un insensato repique de campanas nos va sumergiendo en un sopor.Después... ¿Han pasado semanas? ¿Han pasado minutos?... Una campanilla se desploma, como una sonda, en nuestro oído, nos iza a la superficie del colchón.¡Apenas tenemos tiempo de alcanzar el entierro!...¿Cuatrocientos setenta y ocho mil setecientos noventa y nueve “pasos” más?

Otro de tantos y tantos viajeros, artistas, filántropos y cronistas que recogieron, para fortuna de las generaciones posteriores, su visión de la Semana Santa sevillana, fiesta universal y legendaria.

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