La marcha procesional más alegre y desconocida del compositor Manuel Font de Anta

La marcha La Caridad se compuso en 1915 y no tiene dedicatoria definida

La compuso tres años antes que Soleá, dame la mano y cuatro antes que Amarguras

La marcha La Caridad // Aires de Manigueta

En el año 1889 nace en Sevilla el compositor Manuel Font de Anta, hijo de Manuel Font Fernández de la Herranz y heredero de una estirpe musical sin precedentes e irrepetible para el devenir de la marcha procesional. Además fue pianista y director de orquesta, lo que amplió sobremanera su formación en el mundo de la música.

Font de Anta estudió con otros grandes nombres de la música de principios de siglo, como Joaquín Turina, Vicente Ripollés o Eduardo de las Torres, de quienes se nutrió y aprendió para seguir perfeccionando sus conocimientos musicales y compositivos. Viajó por América dirigiendo orquestas y su trabajo se dedicó, mayoritariamente, a la escritura de canciones para las cantantes más celebradas de la época, desde La Argentinita a Pastora Imperio. No desdeñó el arte de la zarzuela, sobre todo en una Madrid marcada especialmente por este género en los años treinta del siglo pasado. Con apenas cuarenta y siete años, unos brigadistas republicanos, cegados por el odio y en busca de su hijo (un joven falangista) lo asesinaron sin razón y sin motivo en 1936. Se apagaba para siempre la estrella de un compositor que, en tres o cuatro partituras -observen que no fue prolífico en este género- cambió el modo de comprender y escuchar la Semana Santa de Sevilla.

Manuel Font de Anta en un retrato de José Fernández Venegas
Manuel Font de Anta en un retrato de José Fernández Venegas / José Fernández Venegas

Son por todos ustedes conocidas esas dos marchas que debemos a su firma y a su ingenio. Amarguras y Soleá, dame la mano. Dos títulos, dos composiciones que a día de hoy se alzan como emblemas musicales de nuestras procesiones y que se interpretan y extienden por, incluso, todo el planeta. Son estas las dos marchas más reconocidas y aplaudidas de Manuel, en las que los temas andaluces y las claras referencias de sus coetáneos aparecen presentes pero con estilo y sello propios. Aunque en varios círculos se califican como “fúnebres” -quizás es más certero apostar por el camino del clásico, sobre todo en el caso de Soleá- lo cierto es que la producción de Font de Anta en el mundo de las marchas procesionales no se detuvo en este corte. Camino del Calvario fue su primera composición, escrita en 1910, y desde su potente inicio nos evoca una atmósfera trágica y tenebrista.

Sin embargo, Manuel Font de Anta compuso cinco años después, en 1915, una marcha que se aleja por completo de todos estos cánones y que manifiesta la versatilidad del compositor y la capacidad de adaptación de los registros. A la composición no se le conoce dedicatoria, lo que ahonda aún más el misterio de su origen. La Caridad, de apenas cuatro minutos, aglutina en su desarrollo una alegría insospechada en toda la obra de los Font, legendarios músicos y maestros. Cercana a una obertura operística, La Caridad mezcla lo envolvente y sugestivo, lo profundo y lo sensorial, lo melódico y lo grave…

La grabó la Banda Municipal de Sevilla (al igual que San Fernando, otra marcha de gloria que descubrió el incansable Gutiérrez Juan), y hasta el momento, que tengamos constancia, solo se ha interpretado tras el palio de la Virgen de la Victoria, de Las Cigarreras, en el entorno de la calle Temprado hace ya casi diez años. Apostar por los Font, por Manuel, es combatir la mediocridad y rescatar partituras que eleven, más aún, el procesionar de nuestros pasos de palio por las calles de Sevilla. La compartimos aquí para su mayor difusión y reconocimiento.

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