Nace un oratorio seglar para impulsar el culto y la devoción a la Virgen de los Dolores de San Alberto

Se han habilitado diversos canales para estar informado de este nuevo grupo

La imagen es patrona de la Congregación y se data a finales del siglo XVII

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La extraordinaria Virgen de los Dolores de San Alberto
La extraordinaria Virgen de los Dolores de San Alberto / Manuel Benítez Gálver

Una iniciativa que pretende aglutinar y reunir la devoción a una de las joyas marianas más desconocidas de la ciudad. En estas últimas horas ha nacido el denominado Oratorio Seglar de Sevilla, dedicado especialmente a potenciar e impulsar el culto y la devoción a la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, de la iglesia de San Alberto. La intención de este grupo de fieles es, en el marco de la espiritualidad filipense (en relación a San Felipe Neri), divulgar la devoción a esta soberbia talla, recientemente restaurada por David Triguero y que se configura como un tesoro del barroco oculto.

Para tal fin, dicho oratorio seglar ha dispuesto un formulario de adhesión para todas aquellas personas interesadas en participar, si bien por motivos técnicos no se encuentra ahora disponible. El grupo está atendiendo las peticiones a través de mensajes por sus redes sociales, tanto X como Instagram. De igual modo, se ha habilitado un canal oficial de Whatsapp donde podrán informarse de todos los actos y cultos y un email donde dirigir dudas y peticiones, que es oratorioseglarsevilla@gmail.com.

La Virgen de los Dolores se data en la transición de los siglos XVII y XVIII, concretamente entre 1698 y 1711, y su modelo iconográfico se desplegó en el oratorio de Sevilla imitando a la dolorosa de José de Mora del oratorio de San Felipe de Granada. En concreto, los fundadores fueron Francisco Navascués Pérez y Félix de Rivera Arroyal. La imagen que nos ocupa, en concreto, procede del antiguo oratorio filipense que se inauguró en 1699 en la collación de Santa Catalina, donde presidía el retablo mayor de la Iglesia que se había dedicado precisamente a la Virgen de los Dolores, patrona de la Congregación. A mediados del siglo XIX permaneció durante unos años en la parroquia de San Pedro, pero en el año 1893 regresó al oratorio de San Felipe. La talla forma un Stabat Mater junto al Cristo del Perdón, obra de Ángel Benito de la Iglesia en el año 1791.

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