Accesibilidad en el transporte público

Las rampas no son suficientes

  • La madre de un niño discapacitado de 4 años denuncia los reparos de un conductor de Tussam a abrirle la rampa de un bus y la respuesta contradictoria del Ayuntamiento tras su queja

El niño de 4 años, con la silla en la que se mueve. El niño de 4 años, con la silla en la que se mueve.

El niño de 4 años, con la silla en la que se mueve. / M. G.

Hace mucho que los usuarios de los autobuses de Tussam se han habituado a esa imagen: algún viajero con problemas de movilidad, casi siempre en silla de ruedas, pide al conductor que le abra la rampa de acceso, instalada en la puerta central. Ésta se cierra un momento, suena una señal que avisa de que se está desplegando y vuelve a abrir para que el viajero pueda subirse o bajar.

Pero, pese al esfuerzo por incorporar vehículos adaptados, la normativa y los indicativos, aún se dan situaciones que evidencian el largo camino que queda hasta la normalización de las personas con discapacidad, que no sólo depende de los derechos que constan por escrito.

Es lo que denuncia la familia de un niño sevillano de 4 años, con el síndrome de Wolf Hirschhorn, una discapacidad que se manifiesta, entre otras cosas, en un menor desarrollo de los músculos y dificultades motoras y que necesita una silla especial. El 21 de diciembre, se desplazaba con su madre, Fátima, en la línea 3 de Tussam, para una revisión en el Hospital Virgen Macarena.

Según el testimonio de la mujer, subió al vehículo aprovechando que la rampa estaba desplegada para otro viajero en silla de ruedas. Pero al llegar a su parada, en Torneo, y pedir al conductor que la volviera bajar, éste le dijo que no. Primero, con señales con el dedo índice, de espaldas, y diciéndole que se trataba del carrito de un bebé, pese a que insistía en su discapacidad. Hasta que la mujer solicitó los datos para denunciar lo que ocurría y accedió a hacerlo.

La madre puso una queja ante la empresa de transportes. Pero la respuesta que se le ha dado desde el Departamento de Atención al Cliente de Tussam –a través de correo electrónico, el pasado 3 de enero– ha indignado más a los padres. Porque, además de “insensible” con la situación, es contradictoria con la propia normativa de accesibilidad de los autobuses, a la que le remiten, y que contempla que la rampa se despliegue para subir o bajar carritos de bebé cuando son niños de Personas con Movilidad Reducida (PMR), previa petición de los padres, al igual que con los dobles.

“En este caso concreto, no correspondía la apertura de la rampa”, se dice en el escrito, sin añadir una disculpa, pero instando a que sigan “confiando en la empresa”. 

Consultadas por esta contracción en la respuesta, fuentes del Ayuntamiento de Sevilla han asegurado que el problema se debió a que el niño iba sin carrito, algo que la familia niega radicalmente, sin entender nada. Lo llevaban, insiste la madre, que debía desplazarse con el niño desde Torneo al Hospital Macarena. La única explicación que encuentra a todo es que el conductor diera un testimonio distinto y se haya creído su versión.

Según la normativa de accesibilidad de Tussam, está previsto que esa rampa de la puerta central de los autobuses sea utilizada para el acceso de personas en sillas de ruedas (manuales o eléctricas); y scooter eléctricas con un peso máximo de 300 kilos, incluido el usuario, aunque en este caso se necesita una tarjeta específica de Tussam, autorizando el vehículo.

La web de Tussam también especifica que la rampa se puede desplegar para personas con andador, previa solicitud, al igual que con sillas de bebés con movilidad reducida, y doble tándem o doble gemelar, si lo piden los padres. La única condición es que el número de estos elementos dentro del autobús no puede ser más de tres y las sillas de ruedas tienen prioridad para ocupar los espacios con anclaje.

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