El Amor mueve montañas

Calle rioja

Evocación. García Márquez se aislaba en la tierra para ver jugar al tenis a Serena Williams y como murió en Jueves Santo tiene bula para ver jugar en el cielo a Nadia Mechaala Gordillo.

El Amor mueve montañas
El Amor mueve montañas
Francisco Correal

01 de agosto 2016 - 05:03

HAY fuerzas muy poderosas en este mundo pero la del amor mueve montañas". Desde el mismo 18 de julio sigo estremecido por la absurda muerte de Nadia Mechaala Gordillo y un fuerte sentido del pudor me había agarrotado la capacidad de abrazar a su madre, a Mercedes Gordillo, con algo tan inútil en este trance como las palabras. Pero ha sido esa frase de Mercedes leída en su blog la que me ha llevado a romper mi mutismo.

El amor mueve montañas. Y el amor de una hija conmueve cordilleras. Aquel día fuimos inmensamente felices. Y el Amor presidía cada uno de nuestros actos, nos rodeaba por doquier. Recuerdo vagamente que alguna vez comentamos esta venturosa coincidencia cronológica. Debió ser cuando Mercedes llevaba la comunicación del parque acuático de Sevilla al que acudí con mi mujer y mis hijas los veranos de 1997 y 1998, los dos años que trabajé en El País.

El 18 de junio de 1996 fuimos a Puerto Perico a celebrar los cinco años de vida de mi hija Andrea, que no ha cogido una raqueta en su vida. Yo creo que además le cogió cierta fobia al deporte en general y al fútbol muy en particular cada vez que oía a su padre recordar que ella había nacido justo cinco años después de los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca el 18 de junio de 1986 en Querétaro, donde fusilaron al emperador Maximiliano de Habsburgo.

Cinco años después del nacimiento de mi hija Andrea, diez años más tarde por tanto del póquer de goles del Buitre en el Mundial de México, la cigüeña visitaba con un doble envío la casa de Mercedes Gordillo. El mismo día que celebrábamos su cumpleaños en Puerto Perico nacían las hermanas Nadia y Sarah Mechaala Gordillo, pareja de dobles, hermosa redundancia. No hay otro cumpleaños de mi hija que recuerde con más precisión. Por lo redondo de la cifra, sus cinco añitos, que venía a compensar un verano de zozobras laborales en Diario 16 Andalucía. Ese 18 de junio de 1996 que nacieron Sarah y Nadia, España le ganó a Rumanía en la Eurocopa de Inglaterra. El solitario gol lo marcó Amor. Alguna vez he vuelto por esa zona y muy cerca de Puerto Perico, en la carretera de Málaga, hay una calle que se llama Amor.

Aquel año 96 también fue olímpico. Se celebraron los Juegos de Atlanta y fueron las terribles inundaciones de Biescas. Es una triste paradoja que aparezca en la prensa una foto de tu hija jugando al tenis acompañando la información sobre las fatídicas circunstancias de su muerte. Más de dos siglos esperando la visita de un presidente de los Estados Unidos a Sevilla y llegaba el norteamericano equivocado. Berlanga nos debe una explicación. Felipe González contaba en una entrevista que en sus últimos años Gabriel García Márquez se había vuelto muy generoso como anfitrión de sus amigos, pero éstos sabían que tenía bula para ser descortés con ellos y aislarse por completo si ponían por televisión un partido de tenis de Serena Williams. He recordado esa anécdota al ver la foto de Nadia jugando al tenis, el deporte favorito de la Lolita de Nabokov. En el Macondo interestelar, con todos los fantasmas que acudirán a darle la monserga, Gabo les dará la espalda cada vez que esté en la pista Nadia, esta tenista sevillana con nombre de gimnasta rumana.

El día que mi hija Andrea cumplió 19 años y cumplían 14 las gemelas Sara y Nadia Mechaala Gordillo moría José Saramago, al que también García Márquez le pedirá que deje para otro momento la historia de su abuelo de Azinhaga o el relato que con la inmortalidad que se le supone a los Nobel está preparando sobre los atardeceres en Lanzarote, porque está Nadia en la pista y además Gabo tiene muy buenas relaciones con San Pedro porque para algo debe servir morirse en Jueves Santo. Al colombiano no le hará mucha gracia saber que Nadia, por la festividad de San José, le regaló a Pepe Caballos la última de Vargas Llosa.

El revés es un lance del tenis que se ha convertido en un latigazo siniestro. Mi Andrea cumplió 25 años el día que cumplieron 20 tus hijas Nadia y Sarah. Te garantizo que nunca nos vamos a olvidar de ella. La recordaré cada vez que pase junto a la iglesia de San Benito donde le dijisteis hasta luego, el santo patrón de nuestros escarceos balompédicos cuando éramos más jóvenes y jugábamos en los campos que ahora ocupan la estación de Santa Justa. La lluvia impidió que su hermana Sarah saliera de nazarena el Martes Santo pasado y la muerte impedirá que salga Nadia el Martes Santo próximo. La muerte imprevista, la que no estaba anunciada parafraseando a Gabriel García Márquez, es una injusticia tremenda. Acostumbrada a que volaran las bolas en la pista, se vio atrapada en una retención. Joven, pletórica, ganándole un set tras otro a una corta vida equivalente a cinco Juegos Olímpicos.

18 de junio para nacer, 18 de julio para morir. Un día después, un aséptico locutor informaba de la ausencia del senador Pepe Caballos en la primera sesión de la nueva legislatura por el accidente de tráfico de un familiar. Un mes después de que saltaran la red de los veinte años, la mitad de los cuarenta en los que Jaime Gil de Biedma situaba una nostalgia que ha dejado fuera de sitio el futuro por un esquivo mate.

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