El problema del relevo demográfico

Una planificación necesaria y sin sesgos ideológicos

  • Según los expertos, como el cambio climático, el cambio demográfico requiere de medidas paliativas

Un grupo de niños, cuyo peso en la población sevillana va a la baja. Un grupo de niños, cuyo peso en la población sevillana va a la baja.

Un grupo de niños, cuyo peso en la población sevillana va a la baja. / Juan Carlos Vázquez

Pilar Almoguera, profesora del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla, recuerda que el “cambio demográfico” en el que estamos inmersos por la caída de la natalidad y el envejecimiento es equiparable en su gravedad y consecuencias al “cambio climático”.

La diferencia es que, al margen de los científicos, no hay concienciación de las consecuencias que tendrá en la estructura social y tampoco de la necesidad de buscar soluciones y planificar medidas para alentar la fecundidad. Ello debe hacerse además, no de forma dogmática, como ocurre la mayoría de las veces cuando los partidos políticos plantean el debate, dándole un sesgo ideológico que termina imposibilitando cualquier acuerdo o avance.

No es la primera vez que se plantea ese reto. Ya ocurrió durante los años del franquismo, como recuerda la profesora, en el que el modelo de familia numerosa se alentó desde el Estado como solución a un grave problema demográfico: la necesidad de reponer el país después de una guerra que había mermado la población de forma muy importante.

La natalidad sólo se recuperó en 2008, con la bonanza económica y la inmigración

“Para que haya recambio de población” hace falta que el índice sintético de fecundidad (el número de hijos por mujer en edad de tenerlos) llegue a 2,1. “En España está en el 1,3”, por debajo de muchos países europeos, recuerda Almoguera.

Y no sólo es que las mujeres tengan menos hijos, sino que hay menos mujeres en edad de tenerlos, cuando la numerosa generación del baby boom –la nacida entre 1960 y 1975– ya ha superado en su mayoría la edad fértil. El envejecimiento, con una esperanza de vida que llega a los 85 años en las mujeres y a los 79,8, en los hombres en España, es lo que lleva, por otro lado, a que las defunciones vayan en aumento.

La pérdida de población no sólo plantea un problema de atención a los mayores, sino de mantenimiento el PIB en un país con cada vez menos personas en edad de trabajar. Los expertos tienen claro que “este cambio demográfico va a caracterizarse por una importancia cada vez mayor de los movimientos migratorios”, explica la profesora de la Hispalense.

“El problema es que los países cada vez más cierran las puertas a los movimientos migratorios”, “la cuadratura del círculo”, afirma Almoguera, en lo que es ya una “consideración personal”, aclara.

Sobre el repunte de la natalidad que se produjo en el arranque del milenio –con subidas en el caso de Sevilla que llegaron hasta 2008, cuando comenzó a bajar de nuevo– se relaciona con los años de bonanza económica y una mayor llegada de inmigrantes, sobre todo de países de Sudamérica. También pudo influir, según Almoguera, el cheque bebé que implantó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entre 2007 y 2010, de 2.500 euros por niño nacido.

Aunque, según esta profesora de Geografía Humana, las medidas necesarias para alentar la natalidad no deberían ir tanto por ahí, ni siquiera por el aumento las guarderías, como por dar más facilidades a los padres para que puedan atender directamente a sus hijos y se planteen tener más de uno sin precarizar su situación.

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