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España se quedó en Otumba

  • Leyenda azteca. Luis Navarro considera "absurda y disparatada" la idea de pedir perdón por la conquista de México, que Cortés no habría logrado sin el apoyo de miles de indígenas

Como el Gobierno español se ha olvidado de Hernán Cortés, la Academia de Buenas Letras ha reunido a un cuarteto de americanistas para poner las cosas en su sitio. Si un guionista de Hollywood hubiera escuchado el martes la conferencia de Luis Navarro García, no habría salido de vacío de la Casa de los Pinelo. El elenco lo han completado Pablo Emilio Pérez-Mallaína, Ramón María Serrera, "los discípulos y alumnos de Luis Navarro somos legión", y Rafael Sánchez Mantero, que cierra hoy este interesantísimo y necesario ciclo.

Luis Cernuda nació en Sevilla y está enterrado en México. El poeta del 27 no es sospechoso de supremacismo ni de colonialismo. En su poema Quetzacóatl escribe: "Pisando tierra nueva, de la mano el destino / me llevó llanamente al hombre designado / para la hazaña: aquel Cortés, demonio o ángel, / como queráis: para mí sólo un hombre…".

Por encima del guerrero y político, Navarro reivindica al Cortés empresario

Ni el demonio ni el ángel, sólo el hombre Hernán Cortés ocupó el centro de la conferencia de Luis Navarro. El conquistador extremeño muere en 1547, el mismo año que nace Cervantes. Hay entre las 87 viñetas del lienzo de Tlaxcala, un auténtico alegato pictórico contra la leyenda negra, algún caballero con la adarga del hidalgo cervantino. Para empezar, Luis Navarro cree que es "una idea disparatada y absurda" pedir perdón por algo que ocurrió hace quinientos años y que nadie en España ha querido celebrar ni conmemorar. Una gesta clandestina, a escondidas.

La personalidad de Cortés era poliédrica. Por encima del guerrero, "un guerrero improvisado, no profesional", y del político que busca aliados externos y combate a enemigos internos, Luis Navarro destaca al Cortés "gran empresario, hoy diríamos emprendedor". El agricultor que lleva la caña de azúcar, el ganadero, el minero, el constructor naval, el industrial que funde cañones y fabrica la pólvora. Empresas y tribulaciones de Hernán Cortés, apropiándonos de la trilogía que Álvaro Mutis dedicó a Maqrol el Gaviero.

En Tabasco, camino de Veracruz, Cortés recibe el regalo de veinte muchachas para su servicio. Una de ellas es fundamental para el bien de la empresa, doña Marina, la popular Malinche, su intérprete inseparable. Cortés se adelanta cinco siglos a los anti-sistema, desobedece al gobernador Velázquez y decide marchar hasta Tenochtitlan. En las dos paradas, Tlaxcala, señorío indígena, y Cholula, centro religioso, encuentra a indígenas hartos del dominio mexica. Al frente de un pequeño ejército de 400 hombres, en la etapa final hasta la capital del imperio "son más de cien mil, algunos hablan de doscientos mil", dice Navarro de la tropa tlaxtalteca y de otras comunidades que mandaba Cortés. "México no lo conquista Cortés, lo conquistan los nativos".

Como tuvo que ir a sofocar una afrenta de españoles al frente de Pánfilo de Narváez, su lugarteniente Alvarado fue sitiado en Tenochtitlan. Cortés estuvo a punto de acabar muy mal, como Magallanes en Filipinas. Su audacia le salvó. Fueron ocho meses de dominio hasta la Noche Triste, el episodio de Otumba del 30 de junio de 1520. Tenochtitlan estaba más poblado que Constantinopla. Llegó atravesando la zona de volcanes, lo que llaman "el paso de Cortés".

En Moctezuma encontró a un aliado ambiguo al que sometió. Hizo cautivo a su sucesor, Cuauthémoc. "Cortés fue afortunado en esa empresa y en ninguna de las demás", dice Luis Navarro García. Los tlaxtaltecas celebraron como una festividad el 13 de agosto, día de la conquista de Tenochtitlan. Cortés había sido su libertador. Ha hecho cinco siglos y ni una línea en los telediarios. En esa época, como dice la canción, Guadalajara era un llano, México una laguna. Acaba de morir Vicente Fernández, la voz de México, icono de los mariachis, que sigue siendo el rey. Luis Navarro, experto en virreyes, viajó con Cortés por Tlaxcala y Cholula. Al final sonó en los Pinelo música mexicana del siglo XVI. El siglo de Cortés y Cervantes.

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