Estela de amor y aventura desde Chiclana hasta Taiwán
Calle rioja
Peregrinos. Un actor gaditano y una estudiante taiwanesa que se conocieron en Madrid han decidido casarse en la antigua Formosa, a la que se dirigen a pie y en autostop.
LA pareja de novios, sin fotógrafo de cámara, paseaba por la Avenida de la Constitución y se dirigía hacia la calle San Fernando. No iban a pernoctar en el Alfonso XIII. Su hotel tiene miles de estrellas, porque la intención de Alfonso Marín (Chiclana, Cádiz, 1990) y de Bella Hsin Chu (Taipei, Taiwán, 1994) es ir desde Chiclana hasta Taiwán, la tierra de la novia, como mandan los cánones del clasicismo nupcial, para casarse junto al mar de China.
"Nos conocimos en un bar de Masalaña, en Madrid", dice Alfonso, que lucía un traje de novio a lo Charlot. La taiwanesa estudiaba en Madrid Relaciones Internacionales y por eso mismo se lleva una gran sorpresa al enterarse de que cuando ellos reemprendan el camino llegará a Sevilla el presidente Obama. Alfonso estudió Arte Dramático y está ante la representación más arriesgada de toda su vida, que se toma con sencillez y alegría.
No piensan casarse hasta que lleguen a su destino. Les gustaría pasar por Italia por su riqueza monumental, pero tienen que estudiar bien el itinerario. Atravesarán zonas conflictivas, "nuestra idea es pasar por el norte de Turquía". Con un selfie y una grabadora van haciendo un diario de la boda, WeddingDiary, que incorporan a Youtube para que todos los que quieran participar, colaborar o ayudar se impliquen. Los invitados a una boda que todavía no tiene fecha.
"Hemos calculado que tardaremos en llegar unos nueve meses. Cuando vayamos por China, ya decidiremos la fecha de la boda", dice Alfonso, a quien no le importa abandonar su patria chica en plena temporada alta de turismo. Ayer venían los dos topónimos, Chiclana y Taiwán, en los teletipos por razones bien diferentes. En la patria de Alfonso -y de Rancapino o Fernando Quiñones-, se acaba de abrir en la urbanización Novo Sancti Petri el hotel Iberostar Andalucía Playa. En Taiwán no están para muchas vacaciones. El Gobierno de la antigua Formosa ha movilizado a miles de soldados ante la proximidad del tifón Neportak.
De Sevilla salieron rumbo a Monesterio (Badajoz). Su idea era pernoctar en Cáceres y seguir en autostop. Es un camino de Santiago sin Cunqueiro y a lo Phileas Fogg, una vuelta al mundo del amor que les llevará mucho más de ochenta días pero con el mismo espíritu que animaba a los personajes de Julio Verne.
La gente los anima, les hace fotos. Contaron su experiencia en La Ventana de Francino. Alfonso tenía sólo dos años cuando su paisano el ciclista Moreno Periñán consiguió la primera medalla española en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Su novia es tan joven que ni había nacido. Una pareja les comenta que hoy mismo celebran su aniversario de boda, 27 años desde un día de San Fermín del año que cayó el muro de Berlín, y que empezaron precisamente la luna de miel en Fuente Amarga, un balneario de Chiclana, la ciudad donde entierran a los gaditanos inmortales de una capital sin cementerio.
Al viaje le quieren dar un contenido lúdico, sentimental y cultural. Un transeúnte les cuenta que acaban de pasar junto al palacio de Yanduri donde en 1898 nació Vicente Aleixandre, uno de los dos andaluces que ganó el Nobel de Literatura. Fue en 1977, el mismo año que el Betis ganó la primera Copa del Rey. El mundo al revés. Primero hacen la luna de miel y después se casarán.
¿Cuántos kilómetros hay de Chiclana a Taiwán? El amor no tiene medida. "Serán unos veinte países", calcula el estudiante de Arte Dramático que se enamoró de una especialista en Relaciones Internacionales. Dos disciplinas hermanadas en este romance de los peregrinos ajenos a huelgas de controladores, a cambios en los horarios de vuelo. Empiezan por Extremadura, la tierra de aquellos valientes de secano que surcaron mares y océanos en busca de lo desconocido. Ellos ya lo conocen, llevan el sí quiero puesto con sello de salida en el barrio de Malasaña, que suena a canciones de Sabina y Javier Krahe.
Chaleco negro, pajarita roja. Los colores del novio para mitigar los efectos del síndrome Stendhal. Por eso eligió una Bella como pareja, para no sucumbir ante los estragos de la belleza ni las trampas del cansancio.
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