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Jueves: de la quietud castellana al bullicio del zoco árabe

  • Tradición. Julio tuvo cuatro Jueves en la calle Feria y agosto tendrá cinco. Un mercadillo en el que la Sevilla de Rinconete y Cortadillo convive con un turismo foráneo y sorprendido

Imagen del mercadillo de la calle Feria.

Imagen del mercadillo de la calle Feria. / eduardo castro

Agosto empezó en domingo, para dejar bien claro que es el mes festivo por antonomasia. Cuando Sevilla se apellida Chipiona y Matalascañas. Con el ánimo todavía alicaído por las cifras y los estragos. Un agosto con cuatro Jueves que relucen más que el sol en los que a falta de ánimo volverá la animación al mercadillo de la calle Feria, a la Feria del mercadillo. El último Jueves de julio, mes que ha tenido cinco jueves, reeditó el alma fenicia de la ciudad, la tregua de sus guerras púnicas, ésas que tanto le gustan a Fernando Gabardón de la Banda, que con el libro de Posteguillo bajo el brazo parece arbitrar a favor de los romanos y en contra de los cartagineses.

Los extremos se tocan en el Jueves. En esta ciudad se podría hacer un catálogo de sevillanos que presumen mucho de serlo que nunca han ido a determinados lugares: los que nunca han ido al Alcázar, los que nunca han oído una misa en la catedral, los que nunca han ido en Tussam al Polígono Sur, los que nunca han contado las doce estatuas del Palacio de San Telmo, los que en ocho siglos de historia nunca han subido a la torre del Oro, los que nunca han vivido una tarde de toros, los que nunca han salido a la calle una Madrugá y, por supuesto, los sevillanos que tienen a gala no haberse mezclado con el populacho un jueves de mercadillo por la calle Feria. Ese microcosmos al que acuden embozados maestrantes y académicos, aristócratas y cátedros varios. Aquí se juntan la Sevilla más profunda, la que todavía convive con Rinconete y Cortadillo, con las brigadas internacionales del turismo abigarrado que en lugar de hacer el camino de Santiago hace la ruta del Vizcaíno, que puntúa y convalida.

En calendas olímpicas, abundan las medallas en los puestos de filatelia y numismática

Saludo a Melado en su barbería de Amor de Dios, atravieso por Morgado las obras de ampliación del hotel Corregidor, y camino en dirección al Jueves por una ciudad en la que hay vivísimos resquicios de Viriato, Juan de Mesa y Paco Gandía. Los sevillanos de verdad, nativos o adoptivos, siempre serán contemporáneos, hay un cielo-purgatorio sólo para ellos. En la esquina de Feria con Castellar se produce un momento mágico: la ciudad veraniega que podría ser castellana, Medina del Campo o de Rioseco para orgullo del cardenal Amigo Vallejo, urbe silenciosa con arpegios de chicharras, pasa de esa quietud al bullicio del zoco árabe, a un callejón de Fez o de Meknés con sólo voltear la esquina. Aparecen como zombies castizos, Marvel de Ortiz de Zúñiga y José Gestoso, los vendedores con su jerga, los compradores con sus dudas, los miradores absortos e incrédulos. El regateo y el regate literal en el puesto de cromos de la Liga, que empezará a la vuelta del segundo jueves de agosto, primera sin Sergio Ramos en las estampas, ya que se ha pasado a las huestes parisinas de los cien mil hijos de San Luis.

El puesto de Rodrigo es una librería andante, un cuadrilátero de lectores ávidos de encontrar la primicia descatalogada. A vuelapluma, entre la selecta nevería de obras de este librero con pedigrí se repite el nombre de Julio Cortázar. El 26 de agosto es un nuevo aniversario del nacimiento del escritor argentino. Y de la boda de mi cuñado Eulogio, que sin salirnos de este territorio se casó en San Juan de la Palma (igual que Manuel Machado) y pasó su noche de bodas en el hotel Corregidor ahora en obras.

Hay un puesto del Jueves con dos portadas de El Jueves, la revista satírica. Son de 1987 y de 1990. El titular de esta última es bien expresivo: "Reclutas al Golfo". Se refiere a los movimientos de tropas tras la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Hussein en aquel verano de 1990, el año que empiezan los Simpson. Felipe González mandó soldados y hasta a Marta Sánchez, como Carmen Sevilla en Fernando Poo. Zapatero se trajo a los soldados de Iraq, pero mucho antes Aznar mandó a los reclutas a sus casas. Los golfos siguen campando a sus anchas, pero ésa es otra historia.

Caballos de cartón, de nuevo Fede con sus monedas en Montesión, con la hora del Angelus empiezan a abrir Vizcaíno. Cortázar escribió Todos los fuegos el fuego y la periodista Lola Domínguez le hizo tributo con un glorioso titular: Todos los jueves el Jueves. Cartel taurino de 11 de marzo de 1995. Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda. Terna formada por Miguel Báez Litri, Enrique Ponce y Jesulín de Ubrique. El primero, hijo de torero, lo dejó pronto. Los otros dos pasaron del rojo sangre al rosa de la prensa del corazón. Nada nuevo bajo el sol. Como en los tiempos de Ava Gardner, pero sin Sinatra ni Orson Welles. En estas calendas olímpicas, en los puestos de numismática y filatelia hay muchas medallas. No hay cromos de los Gasol junto a la calle Conde de Torrejón. Ojalá y en primavera vuelvan a pasar por la calle Feria los pertigueros con sus pértigas.

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