"Estuve con Ken Follett, pero es como estar con Miliki: reía y no decía nada"

los invisibles

Francisco Muñoz de la Rosa. Nació en Suiza en una familia de emigrantes de Coria. Es camarero, estudia Derecho para ser abogado y ha novelado la invasión vikinga de Sevilla

Francisco Correal

02 de julio 2016 - 01:00

QUIERE ser abogado, pero por ahora Francisco Muñoz de la Rosa (Aarau, Suiza, 1970) ha conseguido ser camarero, delineante y novelista. En su último libro, Encuentro en Qorah, (Círculo Rojo), novela la invasión de Sevilla por los vikingos.

-Dicen que sólo estuvieron dos días...

-No venían buscando Sevilla, sino que se la encontraron. Estuvieron más por los alrededores que por la ciudad. Debieron ser más de dos días. He leído que la famosa muralla de la ciudad la pudo reforzar Abderramán para protegerse de los vikingos.

-¿Son los islandeses que juegan mañana contra Francia?

-Procedían sobre todo de Noruega y del sur de Suecia.

-¿Dejaron alguna secuela?

-Hay cierto tipo de sevillano que es bebedor, bromista, zaragatero como uno se imagina que eran los vikingos. El hidromiel corría como aquí la manzanilla.

-¿Por qué nace en Suiza?

-Mis padres emigraron primero a Barcelona, y en Hospitalet nació mi hermano mayor. Después se fueron a Suiza, mi madre a trabajar en una fábrica de chocolate, mi padre de camarero. Nací en Aarau, donde Einstein hizo el bachillerato. Llegué a España con cinco años. A Coria del Río, donde nació mi hermano pequeño.

-¿Por ahí surge el libro de la expedición de los samurais?

-Me lo sugirió el concejal de Cultura cuando publiqué la vida novelada de Alcibiades el Bello, un estratega griego que estaba enamorado de Sócrates, aunque éste no le hacía mucho caso.

-Lo de los normandos le atrae mucho a Caballero Bonald...

-Hay en Pilas unos tipos altos y pelirrojos que podrían descender de aquellos normandos que se quedaron por aquí haciendo quesos y criando caballos.

-¿Qué tiene de suizo?

-El aspecto. Mis dos hermanos son morenos. Cuando hice la mili en Madrid, más de una vez me hablaron en alemán.

-¿Cómo surge su vocación?

-Siempre me gustó leer. En la mili leí Crimen y castigo de Dostoievski. En 2006 gané un concurso de relatos en Gijón. En Madrid hice un curso de Creación Literaria en el que aprendí mucho con las enseñanzas de John Gardner, David Lodge o Silvia Adela Khan. Últimamente leo mucho a Poe.

-¿Conoció algún best-seller?

-Una novia que trabajaba en perfumería de El Corte Inglés de Madrid me preparó un encuentro con Ken Follett. Me firmó La caída de los gigantes, pero fue como estar con Miliki. Sólo reía y no me contestaba. No me dijo nada.

-Si le hubiera atendido como camarero...

-Es otra perspectiva. Yo he atendido en Madrid a José María Cano, de Mecano, a Sancho Gracia, y en el restaurante La Montanera, que abrió uno de Morón, al famoso policía José Amedo. Llegaba siempre de incógnito, con las orejeras cubriéndole la cara, y se pedía una copa de vino.

-¿Trabajó con políticos?

-Estando en la mili me eligieron entre 35 camareros para un catering al que fue Alfredo Pérez Rubalcaba cuando era ministro de Interior. No me dejaron fotografiarme con él, pero pude preguntarle si el político se nace o se hace. Debió llegar a presidente. Lo admiro, pero a Felipe González más. Mi sueño sería verlo algún día en Sevilla. O en Coria.

-¿Ejerció de delineante?

-Muy poco. Hasta que descubrí que yo hacía los planos, el arquitecto los firmaba y se llevaba el dinero.

-¿Ha escrito en todos sus destinos como camarero?

-Lo he procurado en mis ratos libres. He trabajado en sitios muy significativos de Sevilla como Cambados, Río Grande o El Rinconcillo.

-¿El coronel tiene quien lo beba?

-Carlos y Juan, los herederos del bar, me contaron la historia de ese vino y la del coronel.

-¿Por qué le interesan los vikingos y los samurais viajeros, gentes que llegan de confines muy lejanos?

-Siempre me ha interesado mucho el choque de culturas con un viaje por medio.

-En su novela salen elfos, enanos, gigantes. ¿La vida es una mezcla de violencia y ternura?

-He aprendido con Nerea Riesco a hacer muy malo al malo y muy bueno al bueno.

-¿Habla de literatura con sus clientes?

-Lo llevo con discreción. La deliciosa libertad de equivocarse te puede jugar una mala pasada. Si metes la pata, te pueden decir: vaya tela el escritor. En la librería Reguera me contaron que un cliente belga que había pasado por El Rinconcillo se llevó tres ejemplares de Sol en Keicho, mi libro de la expedición samurai.

-¿Hay próxima novela?

-Otro viaje, el de un orfebre tartésico a Egipto. Hay más vínculos de los que la gente cree.

-¿Por qué estudia Derecho?

-Dicen que por qué no hice Historia. El Derecho tiene más salidas y quiero ejercer de abogado.

-El libro está lleno de gracias.

-Empiezo por mi pareja, Mara, y acabo con May Rasmussen, una danesa que vive en Suiza y se trajo un burro al Rocío.

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