Fragmentos

Mantenimiento es la cuestión

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Este verano han sido frecuentes noticias de desastres en los que una de las causas probables es el mantenimiento. Como el colapso del viaducto de Génova, con síntomas de rotura muy concretos que hacen pensar. También en el desplome de la plataforma del puerto de Vigo, donde las imágenes de las tarimas de madera y de las losas de granito indicaban falta de cuidado. Es de suponer que si lo que se veía estaba en esas condiciones, la estructura de hormigón que la sustentaba estaría al menos en un estado parecido de falta de mantenimiento. Y las caídas frecuentes de ramas grandes de árboles en Sevilla y en otras ciudades. Y todos estos casos se han dado en diversos climas y circunstancias, pero con la sensación de que el problema común ha sido el mantenimiento.

Hace algún tiempo, por los años 80, estudié estos temas para ver la incidencia que tenían las inversiones urbanísticas en los presupuestos ordinarios de los municipios. Y llegamos a conclusiones claras: por cada millón gastado en construir calles, aceras, plazas, parques, redes de infraestructuras, farolas, bancos, contenedores de basura, etcétera... había que prever un 10% en la partida correspondiente del presupuesto ordinario para mantenimiento. En esos años, Sevilla y toda España construía autovías, trenes, equipamientos culturales de todo tipo, eventos relevantes, nuevos parques. Pensar en los costos de mantenimiento de todo aquello no eran las mejores noticias. No bastaba con inaugurar, había que mantener. Y no sólo lo recién creado, sino todo lo existente. Y eso sin considerar el vandalismo. En un viaje a Berlín en aquellos meses pregunté si no tenían problemas de destrozos en el mobiliario urbano los fines de semana, porque lo veía en muy buen estado. Me dijeron que naturalmente que sí, pero que lo sustituían de inmediato. Como digo, mucho dinero.

Si no gastamos en conservación, tendremos sorpresas muy desagradables

Una sencilla cuenta. Sevilla tiene unos 700.000 habitantes. Y casi 20 metros cuadrados por habitante de zona verde, contando todas. Un índice que no está mal. Si para conservar un jardín o zona verde hay que gastar dos euros por metro cuadrado, sin mucho césped, más bien arbustos y arbolado, cada año tenemos que dedicar 28 millones de euros a mantenimiento de la masa verde y de arbolado de la ciudad. Éstos son índices generales, porque donde llueve menos hay que gastar en regar y donde llueve más hay otros trabajos. Y así en todos los servicios de una ciudad. Vehículos y maquinaria por ejemplo. ¿Han oído hablar de la curva de la bañera en mantenimiento? La curva de la bañera es una gráfica que representa los fallos durante el periodo de vida útil de un sistema o máquina. Se llama así porque tiene la forma de una bañera cortada a lo largo. Al principio, gastos altos por ajustes del mecanismo. Después los gastos bajan y se estabilizan y al cabo de un tiempo vuelven a crecer por desgaste. ¿Lo recuerda en su coche? Pues una ciudad es similar. Si no gastamos en limpieza, conservación y mantenimiento, es muy probable que tengamos desagradables sorpresas y que el coche nos deje tirado en el peor momento.

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