Calle Rioja

Ofrenda floral de marineros en la casa de los Salinas

  • Recepción. Varios marinos, con el mando del buque-escuela al frente, le piden protección a la Virgen de los Remedios que desde 1911 está en la casa-palacio de la calle Mateos Gago

Los cinco marinos del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano y el capellán con María Asunción Milá, cuatro de sus hijos y el delegado de Cultura, ante la Virgen de los Remedios. Los cinco marinos del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano y el capellán con María Asunción Milá, cuatro de sus hijos y el delegado de Cultura, ante la Virgen de los Remedios.

Los cinco marinos del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano y el capellán con María Asunción Milá, cuatro de sus hijos y el delegado de Cultura, ante la Virgen de los Remedios. / Víctor Rodríguez

EL buque-escuela Juan Sebastián de Elcano partirá en cuarenta días del puerto de Cádiz en su nueva singladura alrededor del mundo. Estrenará nuevo mando, el comandante Santiago de Colsa (Santiago de Compostela, 1966) y también madrina, María Asunción Milá (Esplugues de Llobregat, 1919).

Los dos han tenido ocasión de conocerse en la ofrenda floral que una representación del buque-escuela hizo ante la imagen de la Virgen de los Remedios que en 1911 fue trasladada desde el antiguo convento del mismo nombre junto al que zarparon hace cinco siglos los expedicionarios de la vuelta al mundo hasta la casa-palacio de Salinas.

Maqroll el Gaviero, el marino de las novelas de Álvaro Mutis, perdía el rumbo cuando llegaba a tierra. Algo parecido les ocurrió a estos marineros, que encallaron en el rosario de calles que rodean la Alfalfa. Tuvo que ir en su rescate un avezado hombre de tierra adentro, grumete de asfalto, Lorenzo Salinas Andrada-Vanderwilde, uno de los 22 nietos de María Asunción Milá, un joven que terminó los estudios de Periodismo y se ha ganado el derecho a aparecer en esta crónica.

Fue un acto “sencillo y emotivo, como nos gustan a los marinos”, en palabras de Santiago de Colsa. A esta ceremonia íntima de marineros en tierra asistió Antonio Muñoz, delegado de Cultura y Hábitah Urbano, a quien el mando del buque-escuela le confesó que la vocación de marino se le despertó viendo una película de John Wayne.

Media docena de marineros por Mateos Gago, con la Giralda como faro simpar. Al comandante del buque-escuela le acompañaban Germán Beceiro, contramestre de cargo, gallego de Ferrol, bético, afincado en El Puerto de Santa María, doce singladuras en su cuaderno de bitácora; José Antonio López Nieto, tres viajes en su haber, jefe de Sanidad de la tripulación, nacido en Écija, criado en san Fernando; Juan Carlos Bellas Arribas, de Cartagena, teniente de navío; y Carlos Cruz Hernández, canario de Las Palmas, alférez de navío. Completaba la comisión el joven sacerdote Jairo González, que se estrena en la misión, nacido en Tenerife, donde hace ahora quinientos años estaban próximos a llegar los tripulantes de las cinco naves que salieron de Sevilla y se avituallaron en Sanlúcar.

María Asunción Milá, poco amiga de los viajes largos, “sólo fui una vez a América, a Nueva York a ver a mi hijo Fernando”, cumplió cien años en el mes de julio. Tiene ocho más que el buque-escuela. Barcelonesa casada con un sevillano, ayer abrió las puertas de su casa a estos atlantes rescatados por su nieto Lorenzo del mar de los Sargazos de los atascos urbanos.

El siglo de María Asunción se junta con el quinto centenario del viaje Magallanes-Elcano que evocó el comandante en su ofrenda floral. “El viaje supuso un cambio de paradigma de la humanidad”. El 3 de noviembre, en plena campaña electoral, “votaremos por correo”, partirán para homenajear a aquellos marinos pasando por el Río de la Plata “que descubrieron y exploraron”. En la siguiente edición irán al Estrecho de Magallanes, la isla de Guam, Filipinas, donde murió Magallanes, y llegarán a Indonesia, las Molucas que eran la motivación del viaje en esa cuerda floja del tratado de Tordesillas.

María Asunción es capitana de un barco de doce varones. Cuatro asistieron al emotivo acto: Manuel, el pintor, que imaginó un cuadro con los cinco lepantos colocados sobre una de las mesas, Miguel, Nicolás y Cristian. Bruno, uno de los ausentes, es el único que hizo la mili en Marina.

El comandante Santiago de Colsa, marino sencillo con un palmarés abrumador, pidió la protección de la Virgen de los Remedios. “A los marinos nos serena y tranquiliza mucho buscar el amparo divino”. Se refirió al jefe de Sanidad y al capellán. “Uno cuida de nuestros cuerpos y el otro cuida de nuestras almas”.

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