Oh, tiempos de los moros
Un sevillano en Texas
Hoy muchos colegiales no saben cómo resolver una ecuación de segundo grado. En conversaciones con adolescentes sevillanos he comprobado que sus niveles de conocimientos son abismales.
Un amigo mío lamentándose de algo que le chocaba en los tiempos que corremos invocó la famosa frase ciceroniana O tempora o mores. Hace mucho tiempo, alguien, quizás un "listillo", la tradujo como Oh tiempo de los moros.
Una ventaja (no todo va a ser inconvenientes) de la vejez es que se gana en perspectiva. Encaramado sobre una pila de décadas de vivencias el anciano mira hacia abajo y puede contemplar una panorámica de eventos de varia trascendencia y sopesar el valor de cada uno. Y esto nos lleva a la clásica pregunta: ¿Es cierto, como le parecía a Jorge Manrique, que cualquier tiempo pasado fue mejor?
Mi padre fue siempre un optimista. Creía que nada como el presente. Pero muchos, especialmente los de avanzada edad se emperran en que todo lo antiguo era mejor. Pero ¿cómo añorar aquellas copias al carbón en triplicado, que te dejaban los dedos hecho un asco? ¿Y los berrenchines con la Telefónica a mediados del siglo pasado? Edgar Neville contaba en una tercera página de Abc su calvario para poder conectarse desde Madrid con un amigo en Marbella a quien quería darle un encargo. No podía aguantar esperas de tres horas para conseguir una línea. Por casualidad descubrió que las conferencias internacionales no estaban sujetas a demora. Así es que llamó a un su amigo en Nueva York y le pidió que llamara a su otro amigo en Marbella y le diera el encargo que Neville había querido darle personalmente. No, no cualquier tiempo pasado fue mejor. Ni cualquier tiempo presente es mejor tampoco. Así es que me quedo con un happy medium.
Porque ¿qué de bueno tiene esa juventud borrachina y cortacabezas de hogaño? ¿Y qué de la creatividad de tanto grafitero que afea paredes y muros de Sevilla? Y que al parecer no hay forma de perseguir y castigar. Se dice que las comparaciones son odiosas, pero algunas son muy instructivas. En USA, país en el que vivo, y contra el que se puede objetar tantas cosas (muchas, sin embargo, copiadas en España) carece, sin embargo, de tal impulso "creador". Aquí no hay pintadas. Ni hay botellonas. Ni cortacabezas. Ahí esta la estatua ecuestre del general Lee, un héroe de la Confederación en la guerra de secesión contra los estados del Norte, un rebelde. Situada en un bello parque en Dallas jamás ha sido ni desfigurada ni objeto de pintadas o expresiones de protesta por las minorías de color, que por otra parte no han pedido que la estatua desaparezca (¡Ejem!). Simplemente, es parte de la historia del país.
Hay algo, sin embargo, que continúa exactamente como antiguamente. Me refiero a las sinvergonzonerías de algunos políticos. Sinvergüenzas había en tiempos de la República y sinvergüenzas hay hoy. En cuanto a las ocupaciones de fincas desocupadas, asaltos a supermercados, etcétera. Estamos exactamente igual que en los años treinta, excepto que la República se desentendía de atender a los pobres, que eran muchos más que hoy en día. En cuanto a la familia, las desgreñadas tiorras del Frente Popular chillaban en 1936: ¡UHP, hijos sí, maridos no! Hogaño las pulcras feminazis van más allá: ¡Hijos no, maridos tampoco!
¿Y qué decir de la educación? En conversaciones con adolescentes sevillanos he comprobado que sus niveles de conocimientos son abismales. En mis tiempos de chaval el año escolar empezaba a primeros de octubre y terminaba el 30 de junio. Era uniforme para todo el país. Habia seis días de clases excepto que vacábamos los jueves por la tarde. El plan de enseñanza de bachillerato (también uniforme para todo el país) que me correspondió fue el de 1934 (republicano). Constaba de siete cursos que terminaban con el examen de Estado o ingreso a la Universidad. El currículum de ciencias abarcaba Matemáticas (incluidas Álgebra y Trigonometría), Geometría, Física, Química, Fisiología y nociones de Agricultura. El de letras comprendía, Lengua y Literatura Española, Literatura Extranjera, Geografia, Historia, Latín, Inglés, Francés, Lógica, Ética, Psicología e Historia de las Religiones.
El alumnado de ambos sexos (que estudiaba segregado) entrara o no en la Universidad salía de la escuela secundaria con un bagaje de conocimientos que le capacitaba para enfrentarse con los estudios universitarios o simplemente con la vida, como personas educadas. Había sólo doce universidades para todo el país. Como no todos querían ser profesionales no había paro intelectual, pero había cantidad de excelentes fontaneros y electricistas que ganaban un buen jornal a tarifas razonables. Hoy muchos colegiales no saben cómo resolver una ecuación de segundo grado, o el principio de Arquímedes o componer un silogismo o quién escribió La vida es sueño. Son competentes en el manejo de artilugios tecnológicos pero, pobres de vocabulario, son incapaces de mantener una conversación inteligente. Ah, pero un atasco en las cañerías supone ir corriendo al banco a pedir un préstamo.
Oh tiempos de… Las moras. No quiero que se enfade la Junta de Andalucía...
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