Primera clase: Teoría de Sevilla
Calle Rioja
Bienvenida. 150 alumnos europeos del programa Erasmus recorren en barco el Guadalquivir como aperitivo académico de su presencia en los cursos de la Olavide.
EN un barco con ese nombre, Luna Guadalquivir, se sentirían viajeros románticos, pero los propósitos de estos estudiantes son muy científicos. La Universidad Pablo de Olavide quiso dar la bienvenida a estos 150 alumnos que han elegido Sevilla para hacer el Erasmus con un paseo por el Guadalquivir.
Aunque vienen atraídos por diferentes intereses académicos, cursando distintas carreras universitarias, les mueven dos cosas fundamentalmente: un idioma y una ciudad. Sevilla es el nombre oficioso de la asignatura. Sus patrones, Erasmo de Rotterdam y Pablo de Olavide, representan el afán de conocer, la curiosidad a prueba de intolerantes. Dos clásicos nacidos en dos continentes unidos por el río que ayer les sirvió de alfombra para entrar en el campus de Sevilla.
Riejanne, holandesa, 25 años, es compatriota de Erasmo de Rotterdam. Este año se cumplen cinco siglos de la publicación del Elogio de la locura, la obra del humanista que apadrina este programa de movilidad estudiantil. Riejanne se expresa en un correcto español que perfeccionó en Salamanca, y estudiará en la Olavide Traducción e Interpretación.
François, 27 años, y Alex, 22, conocían perfectamente la ubicación de Sevilla. Son estudiantes de Geografía y vienen de Nantes, la patria chica de Julio Verne, el escritor iluminado que le dio la vuelta al mundo sin moverse de su casa. El francés es también la lengua materna de Jova, 23 años, haitiano de nacimiento. Estudia Turismo y le atrajo de Sevilla "que es una ciudad llena de historia". El terrible terremoto que sufrió su país en enero de 2010 le cogió en París, la ciudad en la que arranca la farsa haitiana que Alejo Carpentier contó en la novela El siglo de las luces.
La Escuela de Fráncfort es una corriente del pensamiento occidental. De esa ciudad procede Denis, 23 años. Se considera un afortunado. Vino para perfeccionar su formación en los estudios de Ciencias Políticas y Filosofía. "Mi primera preferencia era Madrid, pero no había plaza. Ahora estoy muy feliz en Sevilla y no la cambio por ninguna otra ciudad".
Basia y Ola tienen 24 años. Son de Szczecin, una ciudad polaca con puerto que da al mar Báltico y que históricamente estuvo muy vinculada a Berlín. Cuando nacieron, un polaco era el Papa de Roma. Basia estudia Finanzas y Ola quiere adentrarse en Marketing y Negocios (Management). Se han conjurado para regresar a su país con un buen nivel de español.
Carina Schmidt no tiene problemas en ese sentido. Esta alemana de Recklinghausen, cerca de Colonia, de 21 años, se expresa en un español lleno de giros y metáforas. "Me gusta muchísimo Sevilla, su historia, su cultura. Sentía ansiedad por llegar". En su país estudiaba Filología Española y tiene el Quijote de libro de cabecera. Ha visto las dos orillas, la de Sevilla y la de Triana, las dos exposiciones, la del 29 y la del 92, con su amiga Elena, 27 años, de Colonia, a la que le mueven parecidas razones.
El Guadalquivir es una autopista de culturas. ¿Río andaluz? Europeo y americano, de Erasmo a Olavide. El de Rotterdam viajó por media Europa -dicen que no le gustaba mucho la España de su época-, estela itinerante como la de estos estudiantes que vienen de diferentes confines europeos en justa reciprocidad con los estudiantes autóctonos que eligen esos países para completar su formación. Para interiorizar ese concepto, Europa, que los políticos dejaron cogido entre alfileres cuando pusieron la palabra Mercado antes que Común.
Esta promoción de Erasmus permanecerá en la Pablo de Olavide durante un semestre, para completar sus respectivos cursos en las Universidades de procedencia. Ayer, cuando se bajaron del barco juntoa la torre del Oro, coetánea de los maravedíes, visitaron la Catedral y el Alcázar y empezaron las primeras clases prácticas sobre Teoría de Sevilla. Donde todos los propósitos científicos se vuelven románticos.
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