Calle Rioja

Rafael de Cózar tiene una ‘calle’ literaria en Sevilla

  • Tributo. Fue el particular homenaje que le hizo Arturo Pérez-Reverte en ‘Eva’, la segunda entrega de Falcó, que hace escala en Sevilla para una misión secreta entre Lisboa y Tánger

De izquierda a derecha, Juan Eslava Galán, Rafael de Cózar y Arturo Pérez-Reverte, en uno de sus últimos encuentros. De izquierda a derecha, Juan Eslava Galán, Rafael de Cózar y Arturo Pérez-Reverte, en uno de sus últimos encuentros.

De izquierda a derecha, Juan Eslava Galán, Rafael de Cózar y Arturo Pérez-Reverte, en uno de sus últimos encuentros. / D.S.

LA Alameda era “el lugar de diversión nocturna de Sevilla, allí donde la nueva y católica España aún dejaba cierto margen a la vieja”. Así la describe Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) en Eva, la segunda de las tres entregas de la trilogía de Lorenzo Falcó, ese camaleón de Jerez, cuerpo de Bogart, alma de Peter Lorre. Mucho de lo que Pérez-Reverte sabe de la Alameda se lo contaron sus dos mosqueteros de su particular club Dumas: Juan Eslava Galán, que fue vecino de la calle Leonor Dávalos, en una casa que fue tugurio que dicen que llegó a frecuentar Queipo de Llano; y Rafael de Cózar, que lo fue en una doble condición: de alquiler en la calle Pascual de Gayangos, en su estreno como propietario de un pequeño apartamento en la calle Imaginero Castillo Lastrucci.

Rafael de Cózar (1951-2014) tiene calle en Sevilla. No la busquen en el callejero. Está en la página 69 de Eva, bautismo literario de una rusa trotamundos elegida por Pérez-Reverte como heraldo de su novela. “Esta tarde la pasaré en casa de mi amiga Luisa Sangrán, calle Rafael de Cózar, número 8. Quizá le apetezca tomar un té o un café sobre las seis”. Es de mala educación desvelar las tramas de las novelas. A Fito Cózar le divertiría saber que esa cita-trampa en la casa de una calle con su nombre casi acaba con los atribulados días de Lorenzo Falcó.

En la primera entrega, Falcó participa en un plan para intentar sin éxito liberar a José Antonio Primo de Rivera. En esta ocasión, Sevilla es escala entre Lisboa y Tánger para recuperar parte del oro de Moscú, el que no zarpó desde el puerto de Cartagena, la patria chica del autor. Cózar y Pérez-Reverte son de la misma quinta de 1951. A diferencia de Eslava Galán, ninguno ganó el Planeta. El autor de la saga de Alatriste introduce la novela con una cita literaria de Somerset Maugham, uno de los autores favoritos del editor José Manuel Lara, el que sacó del anonimato a Eslava Galán con su búsqueda del unicornio. Una aventura en la que le acompañó como finalista del Planeta el actor y dramaturgo Fernando Fernán-Gómez.

Falcó se aloja en el Andalucía Palace, nombre que la República le puso al hotel Alfonso XIII. El más caro de la ciudad, 120 pesetas la noche, porque con España todavía en plena guerra civil, en Sevilla no hay una sola habitación libre en el hotel “de Inglaterra” –Pérez-Reverte utiliza la inicial nomenclatura francesa–, en el Cristina ni el Biarritz.

Bulle de gente la calle Sierpes. Las razzias de Queipo de Llano en el barrio de Triana han rejuvenecido la legión de limpiabotas que menudean por el centro. El Círculo Mercantil es el lugar donde Falcó recibe el encargo del Almirante, un gallego de Betanzos, paisano del ferrolano que esos días está de visita en Sevilla.

El bar Tropical todavía existía en la Campana. En el Salón Imperial, doble sesión, Tango Bar, con Carlos Gardel, y Rumbo a El Cairo, con Miguel Ligero. Falcó y el Almrante piden dos copas de manzanilla de Sanlúcar en el Café de París, uno de los edificios que construyó Aníbal González que en esos meses cambió su nombre por el de Café Roma. El Andalucía Palace estaba lleno de oficiales de la Legión Cóndor y mandos de las tropas italianas.

Rafael de Cózar tiene calle en la novela de Pérez-Reverte y un parque en Bormujos, el pueblo donde murió intentado apagar el incendio de su biblioteca.

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