Revuelto en tiempos de amar
Calle Rioja
Dos cuadros de Gustavo Bacarisas sobre las Cigarreras, un poema de Machado, dos bodas reales y un partido de tenis en el Alcázar.
CUANDO se enseña la ciudad, aprende más el que la enseña que su destinatario. Enseñándosela a mi madre, modesto pigmalión, he descubierto la potencia salvaje y virgen de esta ciudad cuando refulge interactiva. No dual, sino ella misma, que son dos, tres y lo que le echen en progresión geométrica.
La ciudad parecía vivir otra Expo. Colas en la Macarena que le daban la vuelta a la Basílica para la papeleta de sitio. Las colas del Alcázar y de la Giralda casi se fundían a espalda del Archivo de Indias. En el Alcázar coincidimos con Antonio Balón, arquitecto y conservador del palacio donde se celebraron los esponsorios de Carlos V con su prima Isabel de Portugal y de Elena de Borbón con Rafael Marichalar. Nos cuenta Balón que en el mes de enero se incrementaron las visitas en un treinta por ciento. Se ha desviado buena parte del turismo cultural que iba a Egipto o Túnez por la inestabilidad del norte de África. El cese del turismo político a Libia se nota menos. En el coqueto patio de la Alcubilla, una historia poco conocida. Se le llama también patio del tenis porque se supone que en ese espacio se construyó la primera pista de tenis que hubo en España. En el Alcázar, la residencia real en uso más antigua de Europa.
En esta fortaleza se constituyó el 21 de junio de 1982, en pleno Mundial de Fútbol, el Parlamento de Andalucía presidido por el notario Antonio Ojeda Escobar. 29 años después, las sesiones se celebran en la sede definitiva, el antiguo Hospital de las Cinco Llagas cuya historia sanitaria se muestra en una exposición delimitada entre la impresionante biblioteca de sus señorías y la cafetería donde tintinean las cucharillas del café vespertino.
Hay curiosos lazos en la efervescencia cultural de la ciudad. En la visita al Museo de Bellas Artes vimos el genio de Valdés Leal y de Zurbarán, la serie de carros de Domingo Martínez, un fresco taurino, el maestro yacente, obra de Villegas Cordero, o Gustavo Adolfo Bécquer retratado por su hermano Valeriano. No deja indiferente el realismo de las Cigarreras pintadas por Gustavo Bacarisas. Del mismo autor, gibraltareño de cuna, uno de los mejores ilustradores de las fiestas primaverales, puede verse su cuadro ¡Viva la República! de propiedad municipal en la exposición sobre los Machado en el centro cultural Santa Clara.
Las Sevillas de Machado, los sevillanos, su árbol genealógico, los hermanos de Antonio, no sólo Manuel, el más conocido, el sevillano de San Pedro Mártir, también el Machado dibujante, el que se fue a trabajar a los cafetales de Guatemala o el que estudió criminología y fue director de prisiones. Don Antonio era catedrático de Francés, idioma que le escribió su epitafio el 22 de febrero de 1939: Colliure. Su historia, dice en célebres versos, son casos "que recordar no quiero": esa sombra del comienzo del Quijote. Suena su poesía con la guía de Pablo del Barco y otra vez al otro lado de la ciudad, en el Alcázar, podía uno la noche del viernes escuchar los versos de Antonio Machado en la saeta de Manolo Loreto, que congregó a juglares de esta fe cantada a la intemperie en el Curso de Temas Sevillanos.
La visita coincidió con el cumpleaños de la hermana pequeña de mi madre, mi tía Encarni. Nació en marzo de 1952. Es el año en el que transcurre la acción de Amar en tiempos revueltos, con dirección de Antonio Onetti, que vimos en el teatro Lope de Vega la noche que la selección española volvió a Granada. La víspera recorrimos Matracanónigos, Entrecárceles, Álvarez Quintero (Juan Robles entre sus comensales), Francos y Cuna. Refrigerio en los Azahares, plaza de San Andrés. La especialidad de la casa. Revuelto en tiempos de amar. Se cambió la hora, no el sentido del tiempo.
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