Juan José Asenjo

"Tracemos una raya roja para evitar la politización de las hermandades"

  • El prelado hispalense considera que en el periodo preelectoral que se vive en esta cuaresma las cofradías se deben mantener al margen de la actividad política y no decantarse por ningún partido

El arzobispo encara su segunda Semana Santa en Sevilla con un mayor conocimiento del mundo cofradiero. Decretada la igualdad en todas las corporaciones, Asenjo anima a los cofrades y devotos a vivir la cuaresma como un tiempo de oración, penitencia y mortificación.

-La cuaresma se presenta como un periodo de reflexión de cara a la Semana Santa. ¿Sobre qué necesitan las hermandades reflexionar en este tiempo?

-La cuaresma es sobre todo un periodo de llamada a la conversión. El Papa, en la homilía de la misa de la imposición de la ceniza en la parroquia romana de Santa Sabina, decía que la sociedad tiene necesidad de volver a Dios. Para ello, es preciso que cada uno de nosotros individualmente emprendamos ese camino. Lo hacemos a través del silencio. Una necesidad vital para el hombre de hoy. Vivimos rodeados de ruido, de reclamos publicitarios, que muchas veces nos tienen enajenados, alienados. La cuaresma es tiempo de reflexión, de silencio y desierto para tomarnos la temperatura, para saber si estamos caminando como Dios quiere o estamos caminando en balde. Es tiempo también de penitencia y mortificación. De oración larga, serena. Una época muy apta para dos prácticas que no han perdido actualidad: el ayuno y la limosna. El ayuno aguza nuestra sensibilidad espiritual para escuchar la voz de Dios y nos pone en sintonía con tantos hermanos nuestros -un tercio de la humanidad- que pasa hambre y que nos permite, al mismo tiempo, destinar aquello que ahorramos con el ayuno a los más pobres que en este momento son legión. Esas personas esperan nuestra cercanía y solidaridad. Hay que salir a su encuentro. Eso es válido para los cofrades y los no cofrades.

-¿Qué es lo que más le ha agradado de las cofradías en el tiempo que lleva aquí?

-Me gusta todo lo bueno de las hermandades. Cuando cumplen con sus finalidades específicas marcadas por el código de Derecho Canónico y sus sagradas reglas, como llaman ellos. Me parece todo bien. Un grupo de personas que se reúne para rezar, para formarse, que de vez en cuando hacen un retiro espiritual y sirven a los pobres... me parece magnífico. Soy consciente de que el 80 o 90% de lo que hay en las hermandades es bueno. Hay sin embargo cosas que hay que mejorar o que purificar. Y en ello estamos. No estoy descontento de mi relación con las hermandades. Todo lo contrario. Creo que tengo buenos amigos en ellas y los voy entendiendo. Y ellos también van entendiendo mis mensajes.

-La próxima Semana Santa todas las cofradías llevarán nazarenas. ¿Le ha decepcionado en cierta forma tener que hacerlo mediante un decreto?

-Me hubiera gustado ciertamente que hubiera sido una decisión espontánea, puesto que había una invitación vehemente y firme del cardenal Amigo en 1997 y 2001. Como algunas hermandades se resistieron y cada año nos encontrábamos con las reclamaciones y recursos de algunas hermanas de estas corporaciones, a mí y a mis colaboradores nos ha parecido oportuno zanjar de una vez por todas este asunto.

-Se dice que la Hermandad del Santo Entierro de Dos Hermanas está dispuesta a recurrir.

-Me parecería mucho más coherente y cristiano y, desde luego más cofrade, que las hermandades obedecieran las Normas Diocesanas que no son caprichosas ni irracionales. Son algo razonable y además posible de llevar a cabo. También por parte del Santo Entierro de Dos Hermanas.

-¿Está siendo correcta la respuesta de las hermandades ente la crisis?

-Tengo la impresión que sí. Estoy contento de la respuesta de la Iglesia en general. Me siento orgulloso de la actitud de la Iglesia señalando las raíces éticas de la crisis, apuntando remedios para el futuro y saliendo al paso de la necesidad de tanta gente que está sufriendo sus consecuencias. Ahí están cáritas diocesana, cáritas parroquiales, nuestros religiosos que están haciendo un esfuerzo ingente por ayudar a los pobres; y también las hermandades están realizando un esfuerzo extraordinario. Algo que me llena de satisfacción. Les pido que mientras dure la crisis no bajen la guardia y sigan destinando una parte importante de sus recursos a esta necesidad.

-¿Considera que las subvenciones públicas a las cofradías pueden coartar su libertad?

-Las hermandades deberían funcionar sin ninguna hipoteca que merme su libertad, ya sea por parte de autoridades o de otros poderes. Si para ello hay que ser más pobres, habrá que serlo. De todas formas, no me parece mal que las hermandades reciban ayudas para restaurar sus sedes canónicas o incluso sus enseres. Son ciudadanos como los demás y cumplen una misión bien hermosa y tienen derecho como todo el mundo. Ahora bien, siempre que esto suponga una merma de la libertad nos lo tendríamos que pensar muy bien. Sería preferible ser más pobres pero más libres.

-Estamos en precampaña electoral. Los candidatos se apresuran a hacer propuestas en materia cofradiera, en lo que se ha denominado la búsqueda del voto morado. ¿Deberían las hermandades alejarse de la política?

-Pienso que sí. Las hermandades tienen una entraña esencialmente religiosa. La actividad política es muy noble y hay que agradecerle a quien tiene esa vocación de servicio al bien común su apuesta a favor de la sociedad, pero una cosa es la política y otra la vida de las hermandades. Tendríamos que trazar una raya roja de manera que nuestras hermandades no se politizaran y no se inclinaran por un partido u otro. Se deben mantener libres. Su misión es fundamentalmente religiosa. Aunque luego tienen otras connotaciones, como sociales y culturales, puesto que la estación de penitencia tiene unos valores en ese sentido innegables. Es algo de lo que no podemos prescindir, pero no es eso lo esencial.

-¿Se seguirán aprobando nuevas hermandades?

-Erigir por erigir no tiene sentido. Yo no me opongo a erigir nuevas hermandades siempre que haya una finalidad claramente religiosa y que ese grupo de personas se haya acreditado con el paso del tiempo en la figura de agrupación cofrade. A veces son 10, 15, o 20 años en los que un grupo de personas que quieren caminar hacia una hermandad van preparándose, van formándose, van empastándose entre ellas, van creciendo en cohesión interna y en la participación en los sacramentos y en la vida parroquial. Siempre que este camino se haga y haya garantías de que la institución que va a surgir sea seria, no tengo inconveniente en erigir nuevas hermandades siempre que tengan claro cuáles son sus fines. En cuanto a la venida de las hermandades de los barrios periféricos a la carrera oficial es un asunto en el que no debo entrar. Es competencia del Consejo. De todas formas, quiero decir a estas hermandades que el año pasado, que fue mi primera Semana Santa en Sevilla, procuré estar cerca de ellas y acudí a sus salidas. Me parecieron manifestaciones de piedad muy hondas y hermosas.

-¿Qué opina de la propuesta de concesión de la Medalla de la Ciudad a dos hermandades rocieras con apenas 25 años de antigüedad a escasas fechas de las elecciones?

-No conozco la noticia, por lo que tampoco me permito opinar. Sólo decir que cuanta mayor independencia haya por parte de las hermandades con los poderes públicos, sobre todo en esta coyuntura electoral, será mejor.

-¿En que estado se encuentra la escultura a Juan Pablo II?

-No soy parte inmediata en este asunto. Es una iniciativa de la llamada sociedad civil. El Arzobispado bendice la iniciativa. Juan Pablo II es una figura grandiosa en la historia de la Iglesia. No es el momento de señalar sus méritos, pero sí su vinculación con Sevilla. En 1982 en su viaje a España vino a beatificar a Santa Ángela. Y en 1993, volvió para presidir el Congreso Eucarístico Internacional. Todavía hay una vinculación más. El 4 de mayo de 2003 canonizó en la Plaza de Colón de Madrid a Santa Ángela de la Cruz. Me consta que Juan Pablo II amaba Sevilla. En muchas ocasiones recordaba y cantaba la sevillana del "no te vayas todavía". No me parece un despropósito, sino todo lo contrario, que Sevilla honre la memoria de este Papa grande levantando una estatua que además no cuesta nada a las arcas públicas. Apelo a la generosidad del consistorio sevillano para que se busque un lugar digno en la vía pública. La escultura del artista Miñarro es magnífica. No sólo no desmerece de la belleza urbana de Sevilla, sino que la engrandece. Creo que sería una medida muy aplaudida por los sevillanos. De todas formas, si las autoridades no accedieran a esto, que parece razonable, ofrezco emplazar la estatua dentro del perímetro de la Catedral.

-¿Se maneja alguna fecha para la intervención integral en Santa Catalina? ¿Hay avances en la búsqueda de financiación?

-Son malos momentos para pensar en grandes obras de recuperación de nuestro riquísimo patrimonio. Las intervenciones del Arzobispado con cargo a los presupuestos de 2011 están ya señaladas. No hay cantidad alguna para Santa Catalina este año. Espero que en 2012 el Arzobispado pueda poner una parte de sus propios recursos que sumaríamos a los del Ayuntamiento y la Consejería de Cultura. Dios quiera que 2012 sea un año decisivo para la recuperación integral de esta bellísima iglesia que es patrimonio de todos los sevillanos.

-¿Qué le parece al arzobispo la propuesta para colocar sillas fuera de la carrera oficial?

-El arzobispo se limita a ver las noticias y de esto no tiene nada que decir porque no es un tema que atañe a la fe o a la moral. Es una decisión opinable que a unos puede parecer bien y a otros mal. Yo me abstengo. Respeto las decisiones del Ayuntamiento y del Consejo de Cofradías.

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