Vecinos jóvenes y con estudios
Las residencias universitarias suponen una alternativa muy valorada de alojamiento para estudiantes
Silvia Espinosa lo tiene claro. Esta jerezana, estudiante de 3º de Psicología, compartió un piso durante su primer año de estancia en Sevilla. Los dos últimos los ha pasado en la residencia universitaria Ramón Carande, perteneciente a la Universidad de Sevilla. Las ventajas, asegura, "son todas. Es como estar en un piso sino que todos los vecinos tienen tu edad. Por un lado tienes gente que te hace compañía y luego en tu cuarto puedes tener intimidad cuando la necesitas".
Independencia y compañía pueden parecer conceptos antagónicos pero se combinan en residencias como la Ramón Carande o la Flora Tristán de la Universidad Pablo de Olavide. Ambas tienen un funcionamiento muy parecido: apartamentos en los que viven varios estudiantes (cada uno en su cuarto), unos servicios comunes y una total libertad a la hora de entrar y salir, lo que no significa que no deban respetar unas normas de convivencia.
"Yo aquí estoy muy bien", confiesa Florencio Iniesta Nowell, otro miembro de la nutrida representación jerezana (y gaditana en general) de la residencia Ramón Carande. "Estoy muy cómodo. Tanto, que no tengo ganas de irme". No le va a quedar más remedio, porque ya está en el último año de sus estudios, Podología, pero reconoce que está como en casa, y no sólo porque comparte apartamento con su hermano, además de otros dos estudiantes.
En el Ramón Carande, explica su director, Fernando Carmona, el 90% de los apartamentos son para cuatro personas, y el 10% para dos (en general, profesores). En total, algo menos de 400 plazas para las que todos los años, desde que se abrió en 2002, tienen lista de espera. "Este año, cerca de 600".
También la residencia Flora Tristán está casi al completo, apunta su director, Juan Blanco, a la espera de que lleguen los doctorandos, intercambios e investigadores. Hay distintos tipos de apartamentos entre las 112 viviendas, divididas en siete portales, que comparten dos residentes, cada uno con su dormitorio y cuarto de baño, con cocina, sala de estudio, salón-comedor y terraza.
Los precios en la Flora Tristán están en torno a los 190 euros por residente, mientras que en la Ramón Carande oscilan entre los 213,50 y los 259 (494,50 para los profesores). "Un informe de Eroski -afirma Fernando Carmona, director de la residencia de la Hispalense- "nos eligió como la que ofrecía mejor relación calidad-precio de España".
Para ello ofrecen también servicios como el gimnasio, la cafetería, la sala de estudios, la de informática (con seis ordenadores), o la de televisión, que aunque en realidad pocos la utilizan como tal -suelen traerse televisiones para sus apartamentos, que tienen antena- sí se convierte en punto de reunión imprescindible "para jugarnos nuestras partidas de play-station", comenta Florencio.
Aunque en la Ramón Carande hay pocas actividades organizadas, los estudiantes hacen muchas cosas juntos, "desde comer a salir -explica Silvia-. Hay veces que vamos grupos de treinta, y fiestas a las que hemos ido doscientos".
La ausencia de horarios de entrada y salida es una de las ventajas que Florencio ve respecto a los colegios mayores. "Tengo amigos que están allí y están siempre pendientes del reloj, porque tienen que volver a las once de la noche".
Otra diferencia, apunta Fernando Carmona, es que en los colegios mayores hay una mayor obligatoriedad de participar en las distintas actividades, "por ejemplo comen juntos, mientras que aquí pueden cocinar ellos mismos, o si cogen la comida de la cafetería, que es del restaurante universitario, la suben a sus apartamentos".
La residencia Flora Tristán se caracteriza, por su parte, por una mayor interculturalidad, al acoger un buen número de estudiantes de diversos continentes (África, Asia, Latinoamérica...). Ello se traduce también en una mayor actividad cultural, en la que los propios estudiantes ofrecen a veces conferencias, así como jornadas de convivencia en la que responsables de la residencia, estudiantes y profesores comen juntos, preparando ellos mismos las especialidades culinarias de sus respectivos países y regiones.
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