El adoquín de Gerena le planta cara al alquitrán en Sevilla

Urbanismo

Las calles Santa Ángela de la Cruz y Castillo Lastrucci son un ejemplo de la apuesta por la piedra tradicional en el Casco Antiguo

El empleo de este material aporta una riqueza polícroma frente al monótono granito extremeño

La calle Santa Ángela se reabre a los peatones con la recuperación del adoquín

La Cuesta del Rosario, tras la reurbanización.
La Cuesta del Rosario, tras la reurbanización. / Ismael Rubio

Tras décadas de marea negra, las calles de Sevilla empiezan a recuperar su configuración más tradicional. El adoquín de Gerena vuelve a imponerse al alquitrán y a otros tipos de pavimento a los que los distintos gobiernos locales han recurrido, siguiendo la mayoría de las veces criterios económicos o nuevos conceptos urbanísticos. Lo cierto es que esta disparidad de argumentos ha provocado una falta de homogeneidad en los suelos hispalenses que queda muy lejos de la carga patrimonial que atesora la ciudad. Sin embargo, las últimas obras acometidas en las vías del Casco Antiguo comienzan a invertir esta tendencia con un resultado que, hasta ahora, devuelve el aspecto perdido.

Un centro urbano levantado por completo. Desde hace más de un año el Casco Antiguo se ha convertido en el escenario de numerosas obras, con las consiguientes molestias que estos trabajos provocan: cortes de tráfico, dificultad para el tránsito peatonal, suciedad y perjuicio en las ventas de comercios. Nada nuevo que no suponga la intervención en las vías de cualquier ciudad. Sin embargo, esta avalancha de reformas, además de incluir la sustitución de redes de abastecimiento, conlleva una notable mejora estética.

Dos ejemplos recientes los tenemos en el tramo de Santa Ángela de la Cruz, abierto esta semana a los peatones, y en Castillo Lastrucci. Ambos proyectos sirven de muestra del propósito de la Gerencia de Urbanismo durante el mandato de José Luis Sanz por otorgar un criterio homogéneo (que no idéntico) a las calles del Casco Antiguo, en consonancia con la estética que ha prevalecido en este distrito antes de que el alquitrán y el granito de Quitana de la Serena (Extremadura) se adueñaran de él en distintas intervenciones.

La Plaza de la Campana, con el adoquín de Gerena.
La Plaza de la Campana, con el adoquín de Gerena. / Ismael Rubio

La lucha por la recuperación del adoquín de Gerena viene de años atrás. Fue a finales de la década pasada cuando un grupo de arquitectos y urbanistas (entre ellos, Francisco Barrionuevo y Javier Queraltó) enviaron una carta al entonces alcalde de Sevilla, el socialista Juan Espadas, alertándole de la pérdida progresiva de identidad en las calles de la ciudad por el empleo de estos elementos. La misiva se redactó en una época en la que se acometían o estaban en proyecto reurbanizaciones de calado en vías estratégicas del Casco Antiguo, como San Luis o Mateos Gago. En ellas, el pavimento se había cubierto con el granito monocolor (gris) y uniforme procedente de Extremadura, lo que aportaba un aspecto muy distinto al que proporciona el polícromo e irregular material que procede de las canteras gerenenses.

A este propósito se sumó en 2020, en plena pandemia, el Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla (COAS), que publicó un manifiesto a favor de la piel histórica de Sevilla. Tal esfuerzo se vio refrendado meses después en el Pleno del Ayuntamiento, que aprobó -a propuesta del ya inexistente grupo municipal de Ciudadanos (Cs)- la inclusión del adoquín de Gerena en los planes especiales de protección del Casco Antiguo.

La calle Santa Ángela de la Cruz, con los adoquines dispuestos en forma de espina de pez.
La calle Santa Ángela de la Cruz, con los adoquines dispuestos en forma de espina de pez. / Ismael Rubio

El Ayuntamiento, hasta entonces, había puesto reparos a emplear este tipo de piedra al considerar que resultaba muy costosa su reutilización en calles completas. También se hablaba de cierta incompatibilidad con la accesibilidad universal, principio que rige en la urbanización de todas las calles. Un problema que se solventó en 2021 con la contratación de un servicio de relabrado, que permite reutilizar estas piedras (debido al cierre de muchas canteras en el municipio sevillano) y adaptarlas mediante aserrado y flameado a los principios de movilidad.

Muestra de este logro, como se ha mencionado, son las calles Santa Ángela de la Cruz y Dueñas, en las que el adoquín de Gerena se ha dispuesto en forma de espina de pez, lo que confiere a estas vías una especial belleza de la que han estado carentes durante años. Queda por concluir la confluencia de ambas en la intersección con Gerena, delante del Convento del Espíritu Santo. Está previsto que los trabajos acaben en vísperas de la Semana Santa.

Aspecto del tramo de la calle Teodosio en el que han concluido las obras.
Aspecto del tramo de la calle Teodosio en el que han concluido las obras. / Ismael Rubio

Otra muestra de este respeto por el adoquín histórico es la Plaza de la Campana, reabierta hace escasas semanas. O también la primera fase de la reforma de la cercana Méndez Núñez, donde dicho material se ha empleado en la calzada, como se ha hecho en la Cuesta del Rosario, en la que los adoquines, en estos días de lluvia, sacan a relucir toda la rica variedad de tonalidades frente. Esta diferencia resulta palpable en el Pasaje de Valvanera, en la zona norte del Casco Antiguo, en el que se han sustituido las losetas uniformes por la piedra llegada de Gerena.

Un adoquín en la calzada que se combina con piedras de color rosáceo en en el centro y con losetas de distinto tipo en las aceras. Así, en Adriano y Pastor y Landero, en el barrio del Arenal, se emplean de tipo hexagonal, mientras que en Méndez Núñez son cuadradas (algunas con el lema del Nodo). Una mezcla que enriquece el urbanismo callejero, que ha estado falto de un libro de estilo demasiados años (ahí están los polémicos resultados en la Alfalfa o la Plaza del Pan, y el más reciente de la calle Baños). Sevilla empieza a recuperar su piel.

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