Puntadas con hilo

Más allá de la aritmética política

  • El PP se reestrena en la oposición con el reto de poner en más de un aprieto a un gobierno en minoría que confía en que, con la composición actual, las cuentas siempre le van a ser favorables

Beltrán Pérez. Beltrán Pérez.

Beltrán Pérez. / Antonio Pizarro

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Alberto Díaz, el concejal que cogió el testigo de Juan Ignacio Zoido cuando éste ascendió a ministro, se ha caracterizado durante estos últimos siete meses en los que ha asumido la portavocía del principal grupo de la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla por tener una actitud casi servil, podría decirse. El grupo mayoritario, pues cuenta con un concejal más que el PSOE que gobierna, ha estado prácticamente ausente en la vida política municipal, para ventaja del gobierno. Primero, por los efectos secundarios del enorme batacazo electoral que sufrió el ex alcalde y luego, o más bien como consecuencia de ello, por la distracción y los obstáculos que ha supuesto la brecha interna originada en el partido y que ha desencadenado en un agrio proceso donde se ha relevado a la dirección provincial. Todo está relacionado.

Y dos años después, cuando el entonces portavoz del PP quiso alzar la voz y ejercer su labor de oposición en el debate del estado de la ciudad, rozó el ridículo. Era previsible. La intención de Alberto Díaz seguro que fue buena, procedente, pero no resultó para nada acertada. Y sólo había que mirar las caras del resto de concejales populares para darse cuenta. Prácticamente salió del Salón Colón solo, sin el más mínimo aliento de su bancada. Es justo reconocer que el reto que asumió el concejal cuando tomó las riendas del grupo no era nada fácil; para nadie, tampoco para él, que había estado en una segunda fila, como jefe de gabinete de Zoido, y a quien no se le había reconocido nunca cualidades de político ni vida muy activa de partido. A pesar de su buen talante dialogante, que lo tiene, su papel hasta entonces había sido hosco para muchos fuera y dentro del PP. Y, aun así, en la última etapa ha cumplido con su función. El pasado lunes su misión era ésa: atacar con dureza al alcalde. Y lo hizo: alcalde “insolvente, incapaz, de bisutería, atractivo y fácil de comprar, pero cuando se rasca no hay nada de nada”. Así se despachó. El fallo fue luego tender la mano a quien no se la había pedido. Y menos blandiendo el programa electoral con el que fracasó Zoido en 2015. El mismo que en un visto y no visto desapareció del mapa, nunca más se supo de él, ni en versión papel ni en versión digital. Pues existía, pero en el debate del lunes, con un grupo renovado, sobraba. Dijo Espadas que antes muerto que gobernando con ese programa. Claro está. ¿Quién va a coger la mano a quien se la quiere cortar?

Alberto Díaz se equivó en la forma de alzar la voz en el debate del estado de la ciudad y rozó el ridículo

La estrategia tiene que ser otra. Y parece que Beltrán Pérez, el nuevo portavoz municipal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla, lo tiene claro. Aquel edil veinteañero especialista en golpes tobilleros, capacitado para ejercer de dóberman y denunciar escándalos como el de Mercasevilla no va a jugar ese papel agresivo. Eso tuvo su tiempo y su función y ahora dice estar preparado para ejercer una oposición madura y muy bien dirigida. [Por cierto, ahora que la Justicia ha absuelto a todos los acusados de fraude en la venta de suelos del mercado central, germen de toda la trama de presunta corrupción en la Junta de Andalucía, quizás Pérez debería medir más sus palabras y no decir que respeta el auto para luego añadir que en determinadas ocasiones, “la realidad es una y la realidad judicial es otra”. Hay otra realidad: que nadie puede ya resarcir a los acusados del daño personal (y político porque para algunos ha supuesto el final de su carrera) causado].

Pero volviendo a lo de antes, la realidad hoy es que el PP sabe que es la única alternativa de gobierno posible en la ciudad. O el PSOE o el PP, la aritmética política no da para más. Para que una moción de censura prosperase, tendría que apoyar al candidato popular alguno de los partidos de izquierda. Y parece poco probable. Por eso el alcalde respira tranquilo, a pesar de que la izquierda radical que lo aupó a la Alcaldía para gobernar en minoría le haya declarado la guerra. Espadas cree que los números no le van a fallar. Y que, cuanto más, tendrá que seguir, usando la expresión de Alberto Díaz, “bailando con lobos” en los dos años que le quedan. De ser así, serán dos años improductivos que tampoco le beneficiarán. Pero parece que la izquierda radical sólo amagó y que su estrategia no será la del bloqueo, al menos de momento. En el consejo de la Gerencia de Urbanismo de esta semana, los grupos recondujeron sus posiciones y facilitaron la aprobación de puntos que se habían enconado hace unas semanas.

Beltrán Pérez tiene las ideas claras, no ejercerá una oposición agresiva, pero sí marcará muy bien las líneas en los barrios,en los distritos, donde quiere desplegar la potente maquinaria de la que ya hizo gala el PP

La clave está más allá de esa pura aritmética política necesaria para coger el bastón de mando de la ciudad. El PP está decidido a cambiar el ritmo, dice Beltrán Pérez, que se compromete a hacer una oposición tenaz, constante, dura cuando proceda y colaboradora cuando sea necesario. Y no precisamente esta mano tendida llegará en el momento de aprobar unos presupuestos con marchamo socialista. Tal vez sí en el desbloqueo de asuntos enquistados que tampoco el PP supo o pudo sacar adelante. Dijo esta semana en el pleno extraordinadio Alberto Díaz, cuando aún era portavoz del PP, que Espadas “dibuja su realidad con números y letras y alejándose de esa otra que vive y respira y pone a cada uno en su sitio”. El PP ya ha recolocado a sus concejales. Beltrán Pérez asume el reto de dedicar el 50% de su esfuerzo a la vida institucional y el otro 50% a cuestiones orgánicas a sabiendas de que ambas van unidas y que el trabajo que necesita en esa calle que ha perdido en estos dos últimos años no es posible sin que todos remen en la misma dirección. El PP en 2011 contaba con una maquinaria potentísima desplegada en cada barrio. Ahí está la clave del éxito. Beltrán Pérez cambiará de marcha y luego al PSOE le costará ver por dónde va.

Pasado el ecuador, la batalla ya tiene que librarse en la calle y ahora toca agitar y sumar sin necesidad de alianzas: la izquierda radical tiene sus formas, el PP tiene las suyas , que buen rédito le dieron en su día. Donde algunos ven una normalidad digna de los gobiernos de mayoría absoluta, otros ven el cabreo sordo de mucha gente deseosa de que alguien lidere sus causas. Y por ahí sigue la partida en Sevilla.

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