La Sevilla que viene

En busca de una ciudad sin #etiquetas

  • El reto de la capital es lograr mayor tasa de empleo y desarrollo, luchar contra la pobreza y abanderar el cambio hacia una Sevilla más sostenible, igualitaria y más inclusiva

Un músico callejero ameniza la tarde en la calle Sierpes. Un músico callejero ameniza la tarde en la calle Sierpes.

Un músico callejero ameniza la tarde en la calle Sierpes. / Ruesga Bono

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Sevilla es la mejor ciudad del mundo. Es una creencia popular muy extendida que suelen coger por bandera aquellos que, paradójicamente, son más reacios a los cambios en el sentido más puro de la transformación. Basta con mirar algunas estadísticas para comprobar que la afirmación se basa en un sentimiento loable pero que, en la mayoría de las ocasiones, sólo sirve para parar los relojes, detener el tiempo mientras la vida gira alrededor del ombligo de una capital que fue y debe aspirar a seguir siendo referente mundial. En los últimos 20 años Sevilla ha aprendido a levantarse, superar la crisis y reinventarse a partir de los rescoldos de la última gran transformación acometida en la ciudad, con motivo de la Expo del 92. En dos décadas la capital ha puesto en marcha el Metro, aunque no ha sabido o podido seguir ampliándolo; ha mejorado su puerto y las puertas de entrada a la ciudad; ha sentado las bases de una industria pujante como la aeronáutica; ha asistido al renacer de un parque tecnológico de envidia; ha multiplicado sus zonas verdes y de esparcimiento; ha abierto al peatón, con más o menos acierto, su centro; se ha asomado a la vanguardia desde el mirador de las setas; y puesto la alfombra roja, sin demasiada previsión, a millones de turistas que desbordan una ciudad que se debate entre sus eternas dualidades y busca el equilibrio en una fina cuerda donde se quiere dar cabida a la tradición y a la modernidad, sin demasiadas renuncias ni cesiones.

El sector público y el privado ya trabajan en un plan que se denomina la Sevilla compartida

No es fácil, pero tampoco imposible. Sevilla está colocada en la parrilla de salida. Sólo necesita un empuje para despegar y convertirse en el referente que fue en otras épocas. Y eso es lo que se persigue en los planes estratégicos que se trazan desde el ayuntamiento que, junto con la ciudadanía, deben ser los artífices del nuevo cambio, el avance que la capital demandará en las próximas dos décadas. Porque una de las claves está en la alianza de lo público con lo privado, un motor con la potencia que la urbe necesita. De hecho, la agenda de trabajo de la ciudad ya se titula como la "Sevilla compartida", un proyecto por el bien común que ya se baraja como hoja de ruta para los próximos años.

Panorámica del centro de la ciudad en una mañana de niebla. Panorámica del centro de la ciudad en una mañana de niebla.

Panorámica del centro de la ciudad en una mañana de niebla. / Antonio Pizarro.

El plan estratégico se fundamenta en seis objetivos: generar empleo y desarrollo económico, luchar contra la pobreza y las desigualdades, crear una ciudad sostenible, que mitiga y se adapta al cambio climático, desarrollar la gobernanza y la participación ciudadana, impulsar el ejercicio de los derechos ciudadanos y valores cívicos y promover la cultura, la creatividad y favorecer la diversidad en la ciudad. Hay que mirar al futuro sabiendo dónde se pisa en el presente. La situación actual que vive la ciudad no es tan desfavorable como el sentir cainita intenta mostrar. Hay una Sevilla instalada en la queja a la que todo movimiento, para bien o para mal, es motivo de crítica. Tal vez otra triunfalista. Y el sentido común está siempre en el término medio.

Sevilla se recupera de la crisis que ha trabado su mejora y eso se mide ya en millones

Lo cierto es que Sevilla se recupera económicamente después de unos años de crisis que han trabado su mejora. La coyuntura nacional económica, también más favorable, ha permitido iniciar este verano con una cifra de paro por debajo de los 70.000, una barrera psicológica que ha lastrado durante varios años las aspiraciones de la ciudad. Y hay una reactivación económica que se mide en millones. El pasado año 2018 se cerró en un volumen de inversiones en obras de 310 millones de euros en los últimos meses, el triple que en el año 2014. Es un nivel similar ya a 2009, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria. En el último mandato municipal se han movilizado inversiones privadas por un importe de más de 750 millones de euros. Y Sevilla ha sido noticia por la implantación de empresas vinculadas a la innovación, con el parque tecnológico de Cartuja como protagonista, y también en el Puerto y en el parque aeroespacial, Aerópolis. Más inversiones y mejor situación financiara de las arcas municipales, que empezaron a sanearse en 2011 y ahora han permitido reducir la deuda.

Una asignatura pendiente y que urge abordar es la situación de los barrios más deprimidos

La capital se ha estabilizado en los 700.000 habitantes y su expansión será metropolitana

Una prueba del impulso económico experimentado en los últimos años es el volumen de licencias concedidas y declaraciones responsables ante la Gerencia de Urbanismo de Sevilla. Entre 2016 y 2018 el presupuesto privado que se ha movilizado en la ciudad alcanza los 666.588.115 euros, equivalentes a 6.985 proyectos concretos ejecutados en la capital. Y tan importante como la inversión pública municipal ha sido el desbloqueo administrativo de proyectos enquistados desde hace muchos años, facilitando, así, la ejecución de los mismos por parte de la iniciativa privada. Es el caso de la Estación de Cádiz, el mercado de la Puerta de la Carne, los acuerdos para reordenar el Batán y levantar allí un complejo de ocio y comercio o la construcción de Palmas Altas. Y también de desbloqueos de proyectos inmobiliarios como el de la Hacienda del Rosario, Palmas Altas o varias promociones en suelos situados en la Carretera de Carmona y Miraflores. Un dato más: el número total de viviendas de nueva creación en la ciudad bajó hasta la reducida cifra de 169 en 2013 para alcanzar las 2.207 en 2018, en niveles ya próximos a los años previos a la crisis. Sevilla se ha dotado de un nuevo plan de la vivienda que la llevará a emprender este año la construcción de las primeras promociones de viviendas públicas para incrementar el parque público de Emvisesa, que a la vez refuerza su función social.

Sevilla crece y seguirá haciéndolo en los próximos 20 años en los que la denominada en otra época Gran Sevilla, la Sevilla metropolitana, será una realidad. Y su fortaleza estará en la alianza con los grandes municipios y la unión de sus industrias y sectores productivos.

El Giraldillo en una noche de eclipse lunar, uno de los iconos de la ciudad. El Giraldillo en una noche de eclipse lunar, uno de los iconos de la ciudad.

El Giraldillo en una noche de eclipse lunar, uno de los iconos de la ciudad. / Antonio Pizarro

Después de varios años de pérdidas, la población en la capital ha empezado a recuperarse y ya roza de nuevo los 700.000 habitantes. Y Sevilla se ofrece como una ciudad para invertir. En el mercado ha puesto una treintena de edificios en desuso para los que pretende captar inversiones al amparo, además, de su buen momento turístico y de la relevancia que le da un parque tecnológico que es referente fuera de España. En Cartuja se aglutinan 459 empresas que emplean directamente a 17.300 personas y facturan al año más de 2.200 millones de euros. Empresas y centros de investigación. Sevilla mira a Europa y Europa mira a Sevilla donde tendrá en breve una sede permanente el Joint Research Center, que ya opera en la Cartuja y que cuenta con una plantilla de casi 400 personas. Este organismo es el principal asesor científico y tecnológico de la CE (Comisión Europea), un centro de referencia que centra sus estudios en cuestiones como la competitividad industrial, la economía digital, la energía, el transporte y el cambio climático, la política fiscal, el capital humano y el empleo o el desarrollo regional.

Sevilla está desarrollando un eje tecnológico nuevo en San Jerónimo, con una incubadora de empresas que albergarán las antiguas naves de Renfe, además de residencias para investigadores, que se conectará con la Cartuja. Está apoyando a la Zona Franca y al Puerto en su proyecto de reindustrialización, tiene en marcha un exitoso plan para mejorar la conectividad del aeropuerto de San Pablo y ha convertido Fibes en un importante motor cultural y económico con 200 millones de euros de impacto al año.

En este último año, la capital ha conseguido más de cien millones de subvenciones europeas que le permitirán seguir innovando. Sevilla aspira a ser capital verde y a convertirse en referente de la economía circular. Hace dos años dio nombre a una declaración a la que se han sumado ya 220 entidades locales españolas que suman 13 millones de habitantes, en torno a la cuarta parte de la población del país.

La capacidad para innovar dará lugar a la creación de un nuevo eje tecnológico

Sevilla compite ya en otra liga en materias como turismo, pero también innovación, industria, sostenibilidad, vivienda, políticas sociales, cultura y deporte. Ésta es la cara. La cruz también está perfectamente identificada y se encuentra concentrada en los barrios más deprimidos de España, que tienen código postal de Sevilla. Transformar esta realidad cuanto antes es una auténtica emergencia social y un reto que la capital debería superar en la próxima década. Y que se debe completar con la ayuda a la población más joven y la vulnerable para acceder a derechos fundamentales como es el de la vivienda. En Sevilla faltan pisos protegidos en propiedad y alquiler. Los planes municipales contemplan ya la ejecución de un plan municipal de vivienda que contempla 3.500 pisos sociales y de arrendamientos asequibles.

No es la única asignatura pendiente. Sevilla también tiene un déficit importante de infraestructuras para la movilidad y su éxito en los próximos 20 años pasará, ineludiblemente, por ampliar el Metro y buscar soluciones a un casco histórico que es el mayor de Europa y sigue sin blindarse al transporte privado, mientras se pregonan políticas sostenibles. Los planes de la ciudad pasan también por desarrollar un nuevo modelo de movilidad y de consumo energético que permita reducir las emisiones y luchar contra el cambio climático.

También por construir una ciudad adaptada para las personas mayores, donde se fomente el envejecimiento activo y la lucha contra la soledad, una lacra de este tiempo. Sevilla se prepara para ser en las próximas dos décadas una ciudad de igualdad y de respeto a la diversidad. Y se quiere caracterizar por su lucha contra la violencia de género. Para ello pretende hacer de la igualdad una política transversal y presente en todas las áreas de gobierno en una ciudad que también quiere ser accesible, sin barreras arquitectónicas, y donde se facilite la integración laboral de las personas con diversidad funcional.

Una de las torres de la Plaza de España, uno de los principales monumentos de la ciudad, que vende su imagen de patrimonio. Una de las torres de la Plaza de España, uno de los principales monumentos de la ciudad, que vende su imagen de patrimonio.

Una de las torres de la Plaza de España, uno de los principales monumentos de la ciudad, que vende su imagen de patrimonio. / Juan Carlos Vázquez

El deporte se consolida como un elemento de integración y promoción de la salud y el gobierno local apostará también por mejorar las instalaciones públicas, tras el gran salto de calidad que se dio hace una década, y por incentivar la colaboración con los clubes y entidades de la ciudad, que se presentan como grandes embajadores de la marca Sevilla, priorizando también el deporte base. Una postura que también se debe seguir en el ámbito cultural, apoyando a emprendedores.

Sevilla, con acierto, está buscando la alianza con el sector privado para avanzar en varios frentes. Para desarrollar un nuevo modelo productivo que apueste por la innovación es clave combinar las fuerzas de lo público y lo privado. Una conjunción necesaria también para reclamar mayores inversiones e infraestructuras para la ciudad. Hace unas semanas se ha constituido precisamente en Sevilla una plataforma civil liderada por empresarios para exigir el cumplimiento de todas las promesas políticas que Sevilla espera para dar el salto en movilidad e industria deseado.

El liderazgo político es clave para abordar todos estos retos y hoy hay estabilidad para ello

En los últimos años las estrategias se encaminan a resituar a Sevilla en el mapa de España y del mundo. La política de promoción exterior y captación de eventos desarrollada por el gobierno municipal han permitido dar un paso importante y allanar un camino que se augura prometedor. Sevilla ya hace gala de su potencial turístico, un sector en el que debe afrontar una seria regulación, cuya ausencia está dando lugar a movimientos ciudadanos contrarios; también de su atractivo para la industria cultural, del cine fundamentalmente, y de la música, pues después de una auténtica ruleta de citas con el mundo del cine acogerá la gala de los premios MTV. Espectáculos muy mediáticos que han puesto el foco en una Sevilla que, sin ocultar su cara B de marginación y déficits varios, tiene también un rostro glamuroso y exportable al mundo.

Para lograr todos estos cometidos la ciudad necesita desprenderse de las etiquetas y también un liderazgo político claro. El resultado de las pasadas elecciones municipales, que dieron la mayoría al PSOE y permiten a Juan Espadas continuar con su proyecto, garantizan esa estabilidad política. El escenario, por tanto, es favorable en este sentido. Otra cuestión es cómo aborden desde el gobierno municipal el trabajo, algo que marcará el éxito de la estrategia para los próximos 20 años.

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